Opinión
22·03·2016

MÚSICA ELECTRÓNICA, SIEMPRE…

Texto: Luisjo (DJ Moss Club y locutor OM Radio)

Me gusta este circo plagado de personajes tan dispares, tan distintos los unos de los otros, frikis, grupis, forjadores de danzas, amantes del sonido, electrónicos sin remedio y elementos vocacionales a los que les apasiona ese groove machacón y lineal, me gustan las tribus urbanas, me gustan los funambulistas del ritmo, me gustan los bailes y las manos arriba, el jaleo, los silbidos y la psicodelia lumínica. Me gusta el volumen alto y la presión, los neófitos que se prueban por primera vez y la empatía que ejerce el público con el DJ. Me gusta ver cómo se desenvuelven los que vienen de lares musicales lejanos y se fusionan con los que se mueven como pez en el agua. Me gusta que la gente reconozca tracks y se aprendan los títulos, me gusta ver el club con las luces de limpieza encendidas y el suelo arrasado tras una batalla de bailes y saltos. Me gusta incluso esa toxicidad social que nos tiene como unos marginados díscolos e indómitos, nos da una falsa e inestable respetabilidad, temerosa de convertirse en real. Me gusta la palabra underground y la confusión de los no iniciados con los estilos y etiquetas.

Me gusta que un DJ tenga personalidad e hipnotice a una sala con sus manos y su concentración. Me gusta que los artistas tengan relación directa con el público que va a verlos, me gusta esa simbiosis, esa sinergia, esa magia invisible pero latente, intangible pero palpable, vital, llena de ritmos cardíacos unidos por un imbatible nexo llamado música.

Me gustan los artistas veteranos y los noveles como me encanta el público veterano y los imberbes que empiezan a volar solos en esa oscuridad solapada con leds, lásers y cabezas móviles. Me gustan las sonrisas en las discotecas porque brillan más que las diurnas, y aunque sean más alocadas, son más difíciles de fabricar tras un largo día, y lucen más. Me gustan los brindis en los que apenas oyes por qué se brinda, salud, y punto…. y a bailar. Me gustan los abrazos, los besos, los choques de manos y las muestras de cariño con una banda sonora llena de beats…

La música electrónica, para aquellos que la vivimos, la trabajamos, la entendemos, la respetamos y la valoramos, es una forma de vida. Muchos participan de ella, cada uno a su manera, y todos aportan, algunos en signo positivo y otros en negativo, y qué mas da, al final la música sale adelante porque ella es más importante que todo lo demás.

Y gracias a la participación de tanta gente se crea un movimiento, el cual tiene un alto componente cultural y social, una escena, una tradición, una cantera…. y un futuro. Se crean unos ideales y unos valores muy peculiares, algunos fugaces y temporales y otros que perdurarán hasta que lleguen a su ocaso. Puedo afirmar sin rubor que vivimos en una zona geográfica donde se han fabricado muchas historias especiales, con clubes, DJ’s, público, estilos y tendencias. Y no me refiero sólo a Murcia, la tierra donde trabajo, hablo también de provincias vecinas, y por ende, de toda España. Hay tradición electrónica, dato irrefutable.

Amantes de la música electrónica, para trabajar el presente y afrontar el futuro, debemos valorar el pasado, lejano o cercano, para que esta historia siga funcionando, con sus épocas de grandeza o sus épocas más confusas. Porque, qué carajo, nos gusta la música electrónica, y no queremos que muera nunca.

Pinchemos, bailemos y disfrutemos…

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