A fondo
16·11·2016

EL ARCHIVO DE GREG WILSON PARTE 2*

Para conocer el futuro, primero hay que saber el pasado…

Texto: Greg Wilson

Editado por: Josh Ray

Traducción: Eduardo Pérez Waasdorp


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SELLOS CLÁSICOS: STREET SOUNDS RECORDS

Durante los años 80, a Morgan Khan se le veía como a un ‘magnate de la música de baile’, un verdadero instigador que hizo más rica la cultura británica a través de sus esfuerzos sin cuartel, impulsados por “un ego que roza lo maníaco”, en palabras de Blues & Soul. Khan era (y sigue siendo) una fuerza de la naturaleza.

En verdad, con la filosofía de “una nación bajo un mismo ritmo”, el sello de Khan, Streetwave, que empezó a publicar discos en 1982, integró a muchos colectivos, juntando a blancos, negros y asiáticos, heteros y gays, bajo el emblema del gusto musical. Mi camino se cruzaría con el de Morgan de una forma increíble unos años más tarde, cuando me le acerqué con unas demos que había grabado con un par de músicos de Manchester. Esto resultaría en la publicación de la compilación ‘Street Sounds UK Electro’, en 1984.

Streetwave fue la inspiración de todo un grupo de sellos independientes británicos, que surgirían más adelante, esa misma década. Khan había empezado con un optimismo sin igual, intentando crear una dinastía en la música de baile, en la inverosímil localización del West Acton londinense. Su grito de guerra era: “Reino Unido lleva demasiado tiempo siendo un importador de música electrónica. Pasa de página, amigo, porque acabamos de empezar un nuevo capítulo”. Sin embargo, este ‘nuevo capítulo’, no acabaría resultando como Khan pensaba en un primer momento – el single de éxito que necesitaba para iniciar el fuego de la revolución no acababa de llegar. Pero fue gracias a sus álbumes (no singles) que finalmente dio con la gallina de los huevos de oro, consiguiendo la licencia de las importaciones más prestigiosas que los DJs usaban en el momento y poniéndolas en recopilatorios, de los cuales los más famosos fueron ‘Street Sounds’ y ‘Street Sounds Electro’. El golpe de genialidad de Khan fue hacer de la música electrónica más directa algo asequible, ofreciendo todo un LP por un poco más del precio de importar un 12’’.

La serie ‘Electro’ encajó a la perfección con la primera ola de breakdancers británicos, con los cassettes convirtiéndose en clásicos del Ghetto Blaster, a medida que los chicos empezaban a buscar material en las grandes superficies de todo el país, consiguiendo que lo surgido en el Bronx explotara en las calles de toda Gran Bretaña. ‘Street Sounds Electro’ también posee la distinción de ser la primera serie de mezclas de la historia de Reino Unido (la mayoría acreditados a Mastermind de Londres). El sello se marcaría unas nada desdeñables 57 entradas en el chart en poco más de cinco años (del 83 al 88), aunque esto no pudiera hacer nada por evitar la suspensión de pagos y la posterior quiebra del sello. En su tiempo, se dijo que esto fue el resultado de las pérdidas en las que incurrió Khan con su poco exitosa revista de música de club, Street Scene, que tan solo vivió durante seis meses. Y aun así, cuando todos pensaron que estaba acabado, Khan consiguió resurgir para despedir los 80, adquiriendo las licencias para publicar en Reino Unido los trabajos de los sellos más influyentes de la historia de la música house: DJ International y Trax.

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LUGARES CLÁSICOS: THE MUSIC BOX, CHICAGO

El legado y la historia del legendario The Music Box de Chicago se han visto oscurecidos, en más de una ocasión, por la alargada sombra que proyecta el lugar de nacimiento de la música house: The Warehouse. Y eso que ambos locales eran, en realidad, el mismo lugar (The Warehouse, del 77 al 83; y The Music Box, del 83 al 87). Todo ocurrió debido a que, en aquel momento, Frankie Knuckles rescindió su histórica relación con The Warehouse para abrir un club rival, The Power Plant, pavimentando así el camino para el surgimiento de una nueva fuerza en Chicaco: el DJ Ron Hardy.

Hardy, que anteriormente había ejercido de pincha, tanto en Chicago como en Los Ángeles, había declinado el ofrecimiento de hacerse cargo de The Warehouse, pero el cambio de nombre le terminó de convencer, ya que iba a empezar una aventura totalmente nueva. A medida que la polvareda levantada por este asunto se fue asentando, los viernes en el Power Plant de Knuckles y los sábados en el Music Box de Hardy se convirtieron en las fiestas semanales más importantes de la efervescente escena underground de la Ciudad del Viento.

Excéntrico y volátil, Hardy fue un auténtico renegado que rompía con los moldes de forma constante con su manipulación sonora experimental y a ratos errática, adoptando una perspectiva cercana al acid house en el proceso. Su época al frente de The Music Box inspiró a toda una generación de productores: Marshall Jefferson, Adonis, Larry Heard, Chip E y DJ Pierre incluidos. Lo que hizo de Ron Hardy un personaje tan imprescindible en la escena house de Chicago fue su perspectiva abierta y de hazlo-tú-mismo que aplicó a la hora de presentar la música en espacios de club. A Hardy se le conocería por probar tracks que le iban dando durante la noche sobre la marcha, sin importar quién pudiese habérselas subido a cabina. Algo, se dice, que Knuckles jamás hubiera soñado hacer.

Mientras que, en general, Knuckles pinchaba discos de un soul y disco más tradicional a un público predominantemente homosexual; Hardy, aunque mantenía el énfasis en la música negra, solía pinchar una selección más ecléctica a un público mixto. Introduciendo new wave, Italo-disco y hasta punk en ambientes acostumbrados al house y disco, el estilo intenso de Hardy inspiró a su público, joven y con ganas de conocimiento, metiéndolos en tal frenesí que se dice que la pista de baile a menudo “rogaba algo de clemencia”.

En 1987, la ciudad de Chicago aprobó una serie de leyes que forzaban a los after-hours a cerrar a la misma hora que los bares, lo que resultaría en el cierre definitivo de The Music Box. Como su coetáneo neoyorquino Larry Levan, Hardy murió en 1992, después de una larga lucha contra la adicción a la heroína, con 33 años. A diferencia de Levan, Hardy nunca llegó a cruzar el charco y actuar en Reino Unido, lo que llevó a describirle en las islas británicas como “el DJ más grande que nunca llegamos a ver”. Sin embargo, su legado perduró gracias a re-edits underground – cortes de carretes que solía pinchar en The Music Box, que acabaron siendo una tremenda inspiración para la siguiente generación de entusiastas del edit, entre los que se encuentran Theo Parrish y DJ Harvey. Durante la mitad de los 2000, una serie de edits de Hardy empezaron a aparecer en vinilo, aunque algunos eran auténticos y otros, tributos de DJs que imitaban su estilo.

Bien sea trabajando en la ecualización, tocando un tema hacia atrás, modificando el tempo o llevando a su audiencia a través de madrigueras y recovecos sonoros, en loops estilo moebius, Hardy fue un revolucionario. The Music Box le ofreció el espacio ideal para arriesgar, descargando su marca única de anarquía en la mezcla y enriqueciendo profundamente la ética musical del house – si el ying era The Warehouse, el yang lo representaba The Music Box.

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DJs CLÁSICOS: COLIN CURTIS

Con toda una serie de influyentes residencias durante los 70 y 80, Colin Curtis fue una figura central en el desarrollo de tres movimientos distintos (el Northern soul, el jazz-funk y el house).

No me viene a la mente ningún otro DJ capaz de imitar esa hazaña. Curtis es, quizá, el DJ más cercano que tiene Reino Unido – en términos de legado y respeto que se ganó de sus contemporáneos – al selector neoyorquino David Mancuso. De hecho, sigue pinchando en ciertos eventos soul en Reino Unido y es presentador de radio en la New Sunset Radio de Manchester.

Habiendo comenzado a finales de los 60, a principios de 1970 empezó a dejar su huella, formando parte del line-up del Golden Torch, que albergaba la fiesta más importante de Northern soul de la época, en su ciudad natal, Stoke-on-Trent. Cuando el Torch cerró en 1973, fue cuando empezó su legendaria sociedad de cinco años con Ian Levine en Blackpool Mecca, que siguió siendo un puerto esencial para el circuito de Northern, tras la apertura del Wigan Casino más tarde ese mismo año. Mucha gente iba al Mecca, que cerraba a las 2am, antes de ir al Casino, que abrió para sus primeras fiestas de toda la noche al mismo tiempo.

Fueron Levine y Curtis quienes provocaron el famoso cisma del Northern soul, pinchando temas contemporáneos de los 70, junto a rarezas de los 60. Muchos amantes del soul hubieran gozado viéndoles arder en la hoguera por semejante herejía, pero otros decidieron adoptar esta dirección progresiva.

Curtis, eventualmente, dejaría de lado la escena Northern, dejando de pinchar en la Mecca en el 78 para lanzar la fiesta más importante de jazz-funk en la región a finales de los 70, en el Rafters de Manchester, donde se marcaría otra memorable sociedad con el DJ John Grant. Durante los siguientes cinco años, sería un fijo de las fiestas más largas de jazz-funk, en el norte y las Midlands, siendo pionero del género, destapando cortes bastante raros de jazz con un entusiasmo similar al que exhibió cuando se dedicaba al Northern soul. No es sorpresa, pues, que Curtis sirviera de inspiración a numerosos entusiastas del jazz, entre ellos un tal Gilles Peterson durante los 80.

En 1983, Curtis encontró su hogar espiritual en el local Berlin de Manchester, en el que presentaría una sesión de mitad de semana junto a otro conocido aficionado del jazz, Hewan Clarke. La escena de jazz-baile floreció en un momento en el que el sonido de electro neoyorquino se había vuelto la fuerza musical dominante en la escena de los especialistas en música negra del norte y las Midlands – una perspectiva que, más tarde, adoptaría Curtis, junto a DJ Jonathan, en el Rock City de Nottingham.

Su última gran residencia fue en el Playpen de Manchester durante mediados de los 80, una vez más junto a Hewan Clarke. Incluyendo importaciones de los, por aquel entonces, nuevos sellos de Chicago, Trax y DJ International, ayudó a sentar las bases de la naciente escena de house británico desde sus raíces e influyó directamente en lo que ocurriría años más tarde en The Haçienda, que se acabaría convirtiendo en la catedral de los sonidos rave de la nueva era.

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DISCOS CLÁSICOS: ‘THE TEARS OF A CLOWN’ DE SMOKEY ROBINSON & THE MIRACLES

‘The Tears of a Clown’ es un titán entre titanes. Publicada originalmente en 1967 y con la ayuda en composición de un Stevie Wonder adolescente, se trata de una experiencia inolvidable una vez que la escuchas la primera vez. Con una letra inspirada en ‘Pagliacci’, una ópera de italiano Ruggero Leoncavallo de finales de 1800, es uno de los discos mejor conocidos de Motown – lo que viene siendo un clásico entre clásicos. Aun así, ni siquiera salió publicado como single en 1967, sino que era el closing track de un álbum llamado ‘Make It Happen’. The Miracles ya habían tenido 14 éxitos en los charts de EEUU a estas alturas, siendo el más grande el primero, ‘Shop Around’ de 1960, que llegó al #2, pero el sello se encontró con ‘The Tears Of A Clown’. Obviamente, al principio no lo vieron como un capaz de reportar grandes beneficios, aunque posteriormente se convirtiese en el éxito más grande del grupo, tres años más tarde. La clave de esto, sin embargo, no se encontraba en su casa, en EEUU, sino cruzando el Atlántico, e ilustra la forma en la que los DJs de club británicos llevan poniendo la música desde los 60, con una especial obsesión por el soul negro – con una oleada de hits a principios de la década, seguida por la irrupción de sellos como Tamla Motown, la plataforma británica para los distintos sellos propiedad de Berry Gordy (Motown, V.I.P, Soul, Gordy, Tamla, etc). Todo esto, redondeado por la tremendamente exitosa serie recopilatoria ‘Motown Chartbusters’, que salió en 1967.

Jugando contra este destino es que ‘The Tears Of A Clown’ fue elegida, por casualidad, por algún curioso DJ británico, que miraban más allá del lanzamiento de 7’’. En 1969, seguido a un cuarteto de éxitos británicos un poco más modestos, Tamla Motown finalmente puso a Smokey & The Miracles en el Top10 con un disco de cuatro años, ‘The Tracks Of My Tears’, pero del que no pudieron sacar rédito económico porque Robinson había decidido dejar el grupo, para concentrarse en su papel como vicepresidente de Motown, además de sacar adelante a su familia.

Su marcha detuvo la escalada, pero al año siguiente, el sello británico lanzó otro track del catálogo de la banda – un track relativamente oscuro que había encontrado el éxito en los clubes y que se llamaba ‘The Tears Of A Clown’. Siendo una jugada de inspiración, el single llegó a lo más alto de los charts británicos, impresionando a la matriz estadounidense, que decidió re-lanzar la canción en EEUU, después de actualizar el sonido con percusión y bajos re-grabados. Le daría al grupo su primer #1 en EEUU, lo que acabó con Robinson volviendo junto a The Miracles durante dos años más. ‘The Tears Of A Clown’ es ahora un reconocido clásico, conocido en todas partes – ¡aunque por poco no lo consigue!

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