Escrito por Luis Costa se pondrá a la venta el 14 de diciembre.

El movimiento musical que nació hace 30 años en Valencia y que evolucionó para unos, e involucionó para otros, en la famosa Ruta del Bakalao a comienzos de los 90 (y posterior muerte un lustro después) continúa siendo objeto de estudio y debate. La editorial Contra ha anunciado que el próximo 14 de diciembre se pondrá a la venta el libro ¡Bacalao! Historia Oral de la música de baile, 1980 – 1995 escrito por el periodista y Dj Luis Costa.

Tras un año y medio de trabajo, y tras de cientos de horas de entrevistas con los principales actores y protagonistas de la escena musical y empresarial, la obra aborda de manera exhaustiva, seria y rigurosa el panorama musical y de ocio nocturno valenciano del periodo que se extiende desde principios de los ochenta a mediados de los noventa. Este trabajo, primer libro de Costa, pretende dar cuenta por primera vez de la historia de nuestra cultura cuyo legado ha quedado desdibujado y deformado por lo que trascendió a través del eco distorsionado de los medios de comunicación.

Aquí dejamos su sinopsis.

“Tras la muerte de Franco, y en plena Transición, España vivió un periodo de esplendor cultural underground que, influido por la eclosión del punk británico, sentó las bases de una nueva escena artística, sobre todo musical, que, en Valencia, a partir de la iniciativa de unos pocos emprendedores y visionarios, fraguó el alumbramiento de algunas de las discotecas más innovadoras y avanzadas de Europa. Allí empezaron a operar los primeros DJ del país, mezclando los vinilos que importaban de Londres o que traían las intrépidas tiendas de discos que empezaron a proliferar en la ciudad. Nacía así una cultura de clubs cuyos bastiones fueron discotecas como Barraca, Chocolate, Espiral, Spook Factory, Puzzle, A.C.T.V o N.O.D.

Los primeros años de espíritu vanguardista y transgresor, y los pioneros conciertos que se organizaron en algunas de estas salas, desembocaron en la consolidación de un modelo de ocio nocturno que explotó el frenesí de una juventud que buscaba encontrar sus propios referentes y halló en el esparcimiento frenético de la noche una forma de liberación. Liberación que propiciaron las drogas —al principio la mescalina, y luego el éxtasis, la cocaína y el speed— que cientos de jóvenes consumían en las diferentes discotecas, algunas de las cuales abrían en horario de after hours, en un circuito que se podía prolongar ininterrumpidamente durante el fin de semana, y a veces más allá.

Pronto, el fenómeno se tornó masivo, y las fiestas de la llamada «Ruta del Bakalao» o «Ruta Destroy» se hicieron multitudinarias. Brotaron sellos discográficos y productoras que alimentaban la demanda musical de las salas, y los gigantescos parkings que se habilitaron para los coches que allí acudían acabaron por transformarse en prolongaciones de las fiestas que tenían lugar en el interior de los clubs.”