El festival Black is Back llena de funk y soul el Conde Duque.

Hace apenas unos años pocos conocían el nombre de Charles Bradley. Un personaje común, un pinche de cocina sin apenas estudios que pateó durante 40 años los suburbios neoyorquinos sacándose unos centavos imitando a James Brown en busca de una oportunidad.

Este pasado domingo 26 tuvimos la oportunidad de verle presentar su tercer álbum Changes (Daptone Records) en la antesala de lo que prometía ser un día especialmente caluroso, y con algún posible cambio de gobierno, para todos los que nos congregamos para escucharle en Madrid gracias a la gente de Black is Back Festival.

Tras un retraso de unos 10 minutos apareció. Lo hizo con esas facciones marcadas de persona a quien nadie le regaló nada pero de mirada dulce y penetrante. Su atuendo, presumiblemente cosido por él mismo, estaba plagado de tachuelas brillantes y era bastante entallado, un conjunto que le hacía parecer todo un ángel de ébano.

Nos empezamos a agitar con quizás su tema más conocido “The World (Is Going Up in Flames)” al que le sucedieron otros de su primer y segundo disco como “Why Is It So Hard?”, “No Time For Dreaming” o “Victim Of Love”.

Más tarde y tras un breve descanso donde la banda siguió tocando, Bradley apareció con una capa azul satinada cual divo de los sesenta empezando a meterse de lleno ya en su tercer álbum.

Un trabajo que si bien no tiene la frescura del primero si tiene un mensaje más fraternal, optimista y lleno de amor, como el tema que le da título “Changes”. Una canción con la que se le saltaron las lagrimas y que utilizó para pedir el fin de todas las guerras y la paz en el mundo.

Entrábamos ya en la recta final y aunque visiblemente cansado en una plaza donde aún con noche cerrada el calor se sentía muchísimo Charles se lanzó a interpretar a mi juicio el mejor tema de su tercer disco:“Ain””t It A Sin”. Todo un trallazo funk que retorció a propios y extraños haciendo saltar al gentío de manera incontrolable en lo que fue uno de los mejores momento de la noche. Finalmente, cerró una actuación memorable con el que está llamado a ser un clásico:“Change For The World”.

Tras terminar se abrazó con gran parte del público de la primera fila que abarrotaba Conde Duque en una noche calurosa con sabor a funk. Una noche en la que siempre quedará esa sensación utópica mediante la cual la música cambia y transforma la realidad social poco a poco, o donde al menos, la música da voz a la gente que realmente sabe de lo que habla. Gente de vida dura y voz áspera y rota como el maestro Charles Bradley.

Autor: Eduardo Rodríguez