A ojos de nuestro reportero, Gerardo Cartón.

DIA 1

La tormenta de polvo y paja que cubrió el recinto de Coachella el Viernes fue la perfecta metáfora de una viaje interestelar a través de la música en el primer día de la segunda semana del mejor festival del mundo con permiso de Glastonbury.

La mañana se vistió de gala con la intensa y emocionante actuación de la mexicana Carla Morrison. Le siguió la voz áspera y cálida de Mavis Staples, esta vez más góspel que soul, pero siempre incitando al baile. Después, cambio de tercio para seguir con los angelinos Health, a los que la deriva a una línea “más emo” no les ha sentado nada bien, aunque en concierto sigan siendo un vendaval.

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El primer grupo que caté en el escenario grande fueron Years & Years. Los británicos volvieron del revés a las casi 30.000 personas que había viéndoles en medio de una solana de 35 grados y un torbellino de gramíneas a 100 kms/h que casi nos convierte en muesli. Su cantante, Oily Alexander, es un pedazo de artista multidisciplinar que canta, baila y actúa como Gene Kelly en sus años mozos, así que no les pierdan de vista; son todo menos un “one-hit wonder”.

Llegadas las 18.00 hrs de la tarde, llegó la hora de la ELECTRÓNICA, esta vez en manos de los 2ManyDj´s, que después de haber pinchado cinco horas junto a James Murphy en la carpa Despacio, hicieron un intenso set de una hora en el Escenario Sahara en el que fueron de Moroder a Green Velvet pasando por Mr.Oizo, Cerrone y la mismísima Chaka Khan. Pero lo mejor de todo no fue la sesión, que la bordaron, sino que luego, en el backstage, me comentaron que se les jodió la entrada de cascos desde el minuto uno y pincharon todo el rato…¡sin auriculares! Los putos amos, una vez más.

Y tras esta primera vuelta a bordo del Enterprise Co-A-Chell-A, una parada estratégica para comer tacos de langosta de Baja California en la Zona VIP y a por la traca final.

La mejor trilogía que había visto en mis catorce años de asistencia al festival de Indio fue la de Kraftwerk, Portishead y Prince seguidos en el escenario principal en el año 2008 . La triste noticia de la muerte del genio de Minneapolis nos llevó a mí a a mi “Coachipandi” a rememorar ese gran concierto en el que el autor de Lovesexy abrió la noche diciendo:

“Coachella, we´re the COOLEST place in the world at this moment!”

En ese momento y en todos, Señor Símbolo. Y sobre todo,este año, en el que la segunda mejor trilogía de mi vida “coachellística” se me apareció cuál Santísima Trinidad del Neo-Pop.

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Para empezar, M-83, con un set tan psicodélico como progresivo en el que lo onírico y lo terrenal se mezclaron a través de las maravillosas voces de su líder, Anthony Gonzalez, y la nueva teclista / vocalista, Kaela Sinclair.

Las espectaculares visuales, repetidas y loopeadas una y otra vez en la recién estrenada súper pantalla de tres cuerpos del Escenario Coachella, fueron tan brillantes como la música de los franceses. Pop Goes Art!

Le siguió Sufjan Stevens, el artista contemporáneo que más y mejor ha sabido renovar la música popular durante la última década, y cuya puesta en escena es una mezcla explosiva entre el Mago de Oz, Barrio Sésamo y una fiesta de las Costus en Malasaña en el año ´79. Sencillamente, IM-PRE-SIO-NAN-TE. Pop Goes to Space!

Y para acabar, el MAESTRO, el ÚNICO, el INCOMPARABLE, James Murphy aka LCD Soundsystem aka “La Máquina de Baile Más Destructiva del Siglo XXI”. Dos horas de concierto con versiones infinitas de absolutamente TODOS sus hits y un par de temas nuevos que anteceden lo que seguramente será otra obra maestra a cargo de los neoyorkinos a punto de salir del horno. Con todo lo que odio los revivals, ayer el pasado me conquistó en forma de futuro, porque LCD Soundsystem, siempre sonarán más allá del tiempo.

Pop Goes Dance !

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DIA 2

Después de un sorprendente primer día, la jornada del Sábado se presentaba pelín desangelada, por lo menos en lo que al día se refiere. Este cartel de Coachella ha sido, sin duda, uno de los más flojos de los últimos años, pero, ni cortos ni perezosos, nos plantamos en la carpa Yuma a las dos de la tarde refugiándonos de la solana de treinta y cinco grados que cae inapelable sobre los pocos atrevidos que osan atravesar el recinto de punta a punta a esas horas.

The Black Madonna y el aire acondicionado de la “disco” nos acogen amablemente y comenzamos el día con hi-energy neoyorkina mezclada con tintes de acid-house mancuniano. Una vez desayunados, nos dirigimos a la carpa Despacio, en dónde Stephan y David, aka “Los 2ManyDj´s”, nos reciben encantados de ver caras conocidas en medio del desierto antes de comenzar a pinchar otras cinco horas del tirón, tal y como iban a hacer cada uno de los tres días de festival.

Después de comentarme que se han comprado todos los vinilos de Prince que había en la tienda de discos del recinto para rendir merecido homenaje al compositor de “1999”, su cómplice de cabina James Murphy, me confiesa entre bambalinas que la razón principal de la vuelta de LCD Soundsystem a los escenarios se debe a que tiene más de trescientas canciones compuestas después de su separación hace un lustro y gran parte de esa música tiene que ver la luz. El disco se editará entre Septiembre y Octubre, así que permanezcan atentos, ya que puede ser perfectamente el mejor disco de la corta pero intensa historia del combo neoyorkino.

Pero volvamos al festival y dejemos de pajarear en el backstage. A las cuatro y media volvemos a la Yuma para ver como Matthew Dear sigue siendo un artista único y especial que, a través del mejor deep-house del planeta, hace que la oscuridad de la carpa se torne en luminosidad con solo cuatro golpes de bombo.

La gente baila desaforada mientras nosotros salimos a la interperie en busca del sol anunciado por el productor norteamericano y nos hacemos un menú degustación de los que solo Chez Coachella es capaz de ofrecer.

Atentos a la carta:

Lush nos retrotraen a los primeros noventa y nos hacen llorar cuando suena “Ladykiller”. Deerhunter nos hacen dar un salto hasta finales de dicha década y nos recuerdan a los primeros Yo La Tengo. Chvurches y Aluna George nos acercan a la segunda década del siglo XXI con su exquisito pop de temporada y Courtney Bartnett y SZA nos propulsan al presente a través del rock clásico y del r&b de nueva hornada.

Estos conciertos, por separado, no serían en absoluto destacables, pero el conjunto los hace especiales. Y es en estas “distancias” donde Coachella es imbatible, puesto que se puede ir de escenario a escenario en cuestión de minutos y hacer posible este pica-pica surreal a través de la música y el tiempo.

Hoy, a diferencia del Viernes, no corre el viento, así que el calor se empieza a hacer un pelín insoportable, pero cuando cae la tarde, la tripleta de oro del escenario principal se abre bajo nuestros pies.

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Con el Número Uno, Disclosure, que hacen el mejor directo que les he visto hasta la fecha en un festival. Sacan a cinco cantantes invitados/as, entre ellos/as a la mismísima Aluna George, y cuentan con unas visuales de excepción. Su giro al r&b no les ha sentado nada mal y salen triunfantes del envite.

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Con el Número Dos, Ice Cube, ganador de la noche por goleada, puesto que reúne a todos los componentes de N.W.A., a excepción, lógicamente, del difunto Eazy E, y convierte el escenario principal en un black hell que va desde ”Boyz in The Hood” A ”Straight Outta Compton” pasando por homenajes a Parliament, Prince y todo el West-Coast rap de los últimos veinte años. Para acabar, actuación estelar de Kendrick Lamar, que se hace dos temas con I.C. y nos deja boquiabiertos y ojipláticos.

Y con el Número Tres, la decepción del festival, véase, Guns´n´Roses.

Y no os creáis que fue por Axel Rose, que a pesar de cantar sentado debido a un accidente en la pierna, nos deleitó con el chorro de voz que se gastaba en sus tiempos mozos. Ni tampoco por el resto de la banda, que lo hizo casi a la perfección en lo que a técnica y garra se refiere. Los Guns´n´Roses, sencillamente, han envejecido fatal, y su música es fruto de una época muy concreta en la que los excesos del rock y sus peores clichés no chirriaban tanto como ahora.

– No se pueden hacer esos punteos interminables capaz de dormir a un murciélago, Sr. Slash.

– No se pueden sacar a tres chonis de barra americana a bailar detrás del grupo como si estuvieran en un video porno-cutre de taller de lavado de carretera comarcal.

– No se puede salir en un trono vikingo con mástiles de guitarra a los lados como si fuera usted el Rey de los Elfos, Mr.Axel.

– No se pueden hacer versiones de “The Seeker” de The Who o de “New Rose” de The Damned en plan grupo patillero de bar de camioneros, que es lo que al final acaban pareciendo estos cuatro jinetes del apocalipsis del “sleazy-rock”, un género que, a día de hoy, no tiene ningún sentido, ni siquiera en forma de comeback.

Aguantamos una hora, y aún nos fuimos con buen sabor de boca, ya que, como he dicho antes, el grupo estaba en forma y sonaba que atronaba. Pero al sexto punteo interminable de Slash y al octavo caderazo de choni-dancer de Texas, acabamos todos bailando la pedazo de sesión con la que Nina Krawitz cerró la carpa Yuma.

Techno musculado y musculoso a 150 bpm´s mezclado con la maestría de la rusa y con los mejores graves del mundo a modo de 5.1, que nos hizo volver “volando” al hotel sin pasar por casilla de salida.

“Knock, knock, knocking on HELL´S door…”

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DIA 3

El último día en Coachella suele ser el mejor. El hecho de que el festival acabe, lo hace especial, y aunque el cabeza de cartel suela ser normalmente el más flojo de los tres, siempre suelen programar cosas raras, atrevidas y originales en este, El Día del Señor.

El principio no pudo ser mejor. Young Fathers, grupo de Ninja Tune que ganó el prestigioso Mercury Prize el año pasado, a las 13.50 de la mañana descargando su mezcla brutal de música industrial y hip-hop a 35 grados a la sombra.

Siguiéndole a la zaga, Hudson Mohawke en la carpa Mojave a las 16.30. Esta vez, él solo haciéndose un “live electrónico” de los que marcan época en la historia del festival.

Y para rematar la tripleta electrónica de la mañana, la japonesa TOKiMONSTA, bestia parda de los platos que deconstruyó todos los hits de temporada del mainstream pasándolos por su minipimer personal a la sombra de la carpa Sahara, única vez que catamos este escenario en todo el festival, salvo excepción del concierto de Underworld.

¿A qué parece el Sónar?

Pues no, queridos lectores. Estamos hablando de CO-A-CHE-LLA.

La primera parte de esta tercera crónica va dedicada a todos esos mentecatos que escriben sobre este festival sin haber ido una sola vez en su vida y que van diciendo por ahí que es un “festi para pijos al que solo van las estrellas de Hollywood a lucir el palmito”. Además de la tripleta estelar de primera hora de la mañana de Domingo antes comentada, me gustaría darles a esos pazguatos un par de apuntes:

  • De las cosas se escribe cuando se asiste a ellas, no por ciencia infusa.

  • En Coachella han tocado, entre otros, Aphex Twin, Throbbing Gristle, The Residents, Devo o The Swans, y no había ni un puto pijo en mil metros a la redonda.

Y después de colleja bien dada a los amargados profesionales de nuestro país, sigamos pasándonoslo como Las Grecas en el mejor festival del Planeta Tierra.

“Viva la muerte. Vivan los finales.”– Sufjan Stevens en Coachella 2016.

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Abrieron la última tarde los Crystal Fighters, cuyos hits electro-hippies venían al pelo en la verde campiña formada por los cuatro campos de polo que conforman el recinto del festival. Después, Matt & Kim y 1975 tuvieron a la chavalada congregada en torno al escenario grande tocando un POP con mayúsculas idóneo para ese grande finale antes de los cabezas de cartel “oficiales”.

Major Lazer, con un show más propio de carnaval que de festival, calentaron la noche con un estruendo un poco más amable que el causado por Diplo junto a Skrillex la noche anterior en forma de Jack U.

SIA se convirtió en la reina absoluta del festival haciendo una performance en la que supuestas estrellas de Hollywood invitadas para la ocasión, véase Paul Danno, Kristen Wiig, Tig Notaroy Maddie Ziegler, aparecían sobre el escenario imitando los video-clips que se proyectaban sobre la triple pantalla del susodicho.

¿ Eran ellos realmente o se trataba de actores contratados para suplantarlos ?

No hay ninguna declaración oficial que confirme una cosa ni que desmienta la otra, así que, tres hurras como siete castillos para la compositora de “Titanium” por dejarnos con la duda y celebrar la eterna duda existencial entre realidad y ficción.

Y Calvin Harris…¿Qué decir de Calvin Harris? Pues que con su espectáculo ramplón y chichinabesco hace grande a las demás bestias de la EDM, véase Guetta, Tiesto o Avicii.

En doce años de asistencia a este GRAN festival, no he visto un cierre tan patético como el que el autor de “Where have you been” y “We found love” nos hizo sufrir el Domingo por la noche.

Bueno, les hizo sufrir a los que allí se quedaron, porque nosotros, en cuanto escuchamos el tercer chupinazo a lo San Fermines, la cuarta tamborada navarrica y el quinto bocinazo de fiesta mayor de pueblo menor, nos piramos al backstage de Despacio a seguir departiendo con “Los 2many”, James Murphy, Beach House, los Crystal Fighters y…

Hasta aquí puedo leer; lo que pasa en Coachella, se queda en Coachella. Larga vida a este FESTIVAL.

Texto: Gerardo Cartón

Fotografía: Marla Milana