Aimara para el mundo

Autor: Eduardo Pérez Waasdorp
Fotos: Julia Grossi & Boychild

Elysia Crampton es una de las artistas más rompedoras y vanguardistas del panorama electrónico experimental. Esta aimara nativo-americana se encuentra en una constante búsqueda sonora de sus raíces, con trabajos como ‘Demon City’ o ‘American Drift’ – sus largos – tremendamente aclamados por crítica y público. Siendo una reconocida activista transgénero y queer, Elysia se encuentra en una constante búsqueda de la justicia – como ella misma nos lo cuenta – que le hace tener una perspectiva única ante la vida y ante las concepciones sociales estándares. Hablamos con ella antes de su paso por nuestro país este verano, en el marco de Sónar Festival, para hablar de su música y de sus motivaciones. ¡Música, maestra!

¡Hola, Elysia! ¡Es un verdadero placer tenerte en nuestras páginas! ¿Cómo ha ido todo desde el lanzamiento de tu último disco, ‘Demon City’, el año pasado?

Las cosas van bien. Publicaré una especie de proyecto artístico con The Vinyl Factory, esta primavera, en 12’’. Actualmente, estoy trabajando en mi segundo lanzamiento con Break World, que espero esté listo para publicar en otoño. Estoy bastante emocionada por ese, porque es propio.

Fue muy aclamado tanto por el público como por la prensa especializada, igual que tu anterior ‘American Drift’… Entendemos que ‘Demon City’ se inspira en la lucha de la heroína indígena boliviana Bartolina Sisa, que vivió en los 1700. ¿De dónde salen tus influencias?

Tomo mis influencias de mi experiencia, como la mayoría de artistas – a pesar de que me etiquetan como música, no necesariamente obtengo mi inspiración de fuentes musicales, por lo que muchas veces mis influencias vienen de fuera del ámbito musical. Digo esto teniendo en cuenta que la música y el sonido no son objetos discretos que puedan aislarse, en cambio esas cosas están interconectadas a la ecología, a la tierra, a la corporeidad y al tiempo.

Al entender la historia de mi familia, el legado de mis ancestros, que están físicamente representados en mí, creo que la música es la forma que tengo de seguir en comunión o diálogo con esos antepasados quienes, por supuesto, también son humanos.

También se te considera una de las principales activistas del colectivo queer y LGTBI+ en la escena electrónica. Al ser transgénero, ¿cuáles han sido las principales dificultades que has encontrado en la industria?

Mucha de la violencia a la que me enfrento viene motivada por pura ignorancia. Para muchos, en una sociedad colonial, el cuerpo trans viene de sufrir por ser una razón de burla, considerándolo un payaso, un antisocial, no merecedor de dignidad. A menudo, el acto de otorgar esa dignidad a un cuerpo como el mío es territorio inexplorado para muchas personas cisgénero. Pero yo perdono.

Mi transexualidad es inseparable de mi herencia nativo-americana. Pienso que hay más violencia cuando la gente inconscientemente asume esa brecha. Esa historia de ser degradada por tener un cuerpo queer está ligado al genocidio de mis ancestros como nativo-americanos, como aimara. Hago un esfuerzo por unir esas historias, por darlas a conocer y tejerlas siempre que surgen esos temas. Aunque encontrar las palabras correctas puede ser difícil.

Con la victoria de Trump en EEUU, ¿crees que habrá un retroceso en los avances experimentados en derechos LGTBI+ e igualdad de género en tu país?

Bueno, lo que pasa es que cuerpos como el mío están, de muchas formas, fuera del ámbito del movimiento LGTB mainstream en EEUU. Esos movimientos fallan a la hora de reconocer nuestras historias y nuestros legados con toda la lucha anti-colonial, por no decir nuestras contribuciones. Entiendo que apelar a las leyes es necesario para nuestra supervivencia diaria, pero soy alguien que lucha por la justicia, no solo por derechos, y odio ver a la gente concentrarse solo en uno, excluyendo proyectos más importantes. Mi objetivo es la liberación y no una pequeña reforma legislativa.

Otro problema que tiene tomarse nuestra lucha como una cuestión de derechos es que refuerza la colonización del tiempo, donde nuestras vidas, nuestras historias, se ven impuestas y editadas a imagen del actual modelo de progreso. El tiempo parece una línea y hay un pasado estático – que siempre está detrás de nosotros, remoto y sin cambios – con un montón de ignorantes, por una parte; y por la otra, el futuro – que siempre parece estar delante de nosotros (a pesar de que ninguno podemos verlo). Ahí yace ese supuesto avance evolucionario de la sociedad, del organismo, de lo privilegiado, siempre avanzando hacia la luz y lejos de la oscuridad.

Pero creo que podemos aprender mucho de la oscuridad, así como del pensamiento irracional. Algunas veces la luz nos ciega. Algunas veces uno tiene que pensar con el chuyma – así llamamos al área de los pulmones y el corazón – que nos conecta con nuestro paisaje. Desde la perspectiva aimara, nuestro futuro es algo que está detrás de nosotros. El pasado lo relacionamos con lo que vemos y es parte del aquí y ahora, está interanimado y vivo, no es algo remoto y muerto.

Tu trabajo es realmente impresionante… todos los samples y sonidos que usas son una mezcla de instrumentos indígenas y tribales, voces de otras dimensiones, combinadas con un uso magistral de sintetizadores y otras máquinas. ¿Cómo es tu proceso de producción cuando estás en el estudio?

Eso cambia a menudo. Normalmente voy sobre la marcha hasta que cambia alguna cosa, incluso si lo que ocurre no parece una solución en el momento. De hecho, creo que muchos de los cambios ocurren después de que todo está acabado y publicado. Como he dicho, creo que componer y escuchar música son formas de comunicación ancestral, en el sentido más dis-antropocéntrico. No puedo predecir cuándo va a ocurrir ese diálogo, simplemente tengo que seguir escuchando lo mejor que pueda.

Muchos describen tu trabajo como electrónica experimental con influencias latinas, folclore indígena y toques avant garde… ¿Cómo te describirías a ti misma?

Para mí eso realmente no importa, siempre y cuando mi identidad aimara no quede descartada en el proceso, que ha sido un poco la tendencia en el pasado. No tenemos una palabra exacta para referirnos a formar parte de aimara, por lo que es un concepto confuso, uno que me he dado cuenta que, algunas veces, queda homogeneizado en cierto tipo de multiculturalismo, cuando la gente escucha todos los elementos aparentemente dispares en la música. El multiculturalismo no es mi proyecto. Parte de mi trabajo es la supervivencia del devenir aimara, revelando la imaginería aimara como algo contemporáneo y en evolución, en lugar de que nos definan por nuestros supuestos orígenes, de manos de arqueólogos o folcloristas que intentan revivir el mito del “originario”.

La realidad transgénero, tristemente, es una de las menos conocidas dentro del activismo LGTBI+. En tu opinión, ¿qué pasos son necesarios para avanzar y garantizar los derechos de todas las personas, sin importar su género, orientación sexual, identidad sexual, raza o credo?

De nuevo, no me gusta encasillar las cosas en términos de derechos – estoy aquí por la justicia. La colonización internalizada debe enfrentarse y desmantelarse. Es un trabajo en proceso que no puede ser completado con un mero gesto, como apelar a la lógica colonialista o a la reforma legal. La idea de que la modernidad es un concepto colonial sigue siendo difícil de asumir para gente no nativa. Otro problema, como he dicho, es el refuerzo de las concepciones lineales de lo que llamamos espacio y tiempo.

En España enfrentamos un tremendo problema con la violencia de género, en especial hacia las mujeres y el colectivo LGTBI+. ¿Es la educación, desde edades tempranas, la única forma de afrontar este problema? ¿Qué otras medidas serían necesarias?

La educación solo llega hasta cierto punto. La educación no necesariamente incentiva a la persona o le da una razón para ser amable – incluso discutir sobre ética es difícil, ya que ese tema normalmente está atado a un peligroso sistema de valores binario.

Por ejemplo, mientras más entidad gano en este mundo, más acceso tengo a documentos y libros, y más tiempo paso con los archivos – que es algo que me encanta. Sin embargo, algunas veces, después de leer un libro sobre – digamos – descolonización, me siento re-colonizada (y agotada) solo por el propio formato del argumento: el privilegio de la racionalidad, del texto sobre otros métodos de comunicación, el refuerzo del tiempo como algo linear, etcétera. Estar en contacto con mi familia me ayuda en esos momentos. A menudo, como personas queer, nos vemos forzados a recrear a nuestras propias familias por seguridad, por conexión.

Este año, vendrás a España para el Sónar Festival en Barcelona. ¿Qué nos puedes contar de tu actuación?

¡Mi actuación es un desastre porque yo soy un desastre! La historia va, a grandes rasgos, sobre un cometa que se enamora de la tierra – tomé prestado gran parte de la imaginería de Edgar Allan Poe y del libro Pez De Oro de Churata.

Toco música original mezclada con directos de edits y cosas tradicionales. Siento que sigo creciendo como artista, sigo aprendiendo – y eso lo hace difícil, a veces, y emocionante, otras.

No es tu primera vez en nuestro país… ¿Cómo han sido tus experiencias anteriores?

Ya toqué en España en otro festival el año pasado. Vine a vuestro país de pequeña, pero olvidé gran parte de mi experiencia. Ver el Palacio Nacional de Barcelona el año pasado fue algo intenso y emocional.

¡Gracias por tu tiempo, Elysia!

¡A vosotros!

*Extraido de DJ Mag Es 077