Estuvimos en el aniversario de Family Club y aquí te lo contamos.

La alarma de tu móvil suena, tras diez minutos con los que el modo snooze te obsequia, saltas finalmente de la cama. Con los párpados aún adheridos arrojas café sobre tu cabeza cual muñeco de Playmobil. Es el momento de correr hacia tu más que preciado puesto de trabajo, pero te sorprende un pequeño respiro: hoy se alinearon los planetas y gozas de un asiento libre en el vagón. Miras al vacío sin ser muy consciente de que alguien en tu mismo estado fue musa de quien inventó el verbo empanar. Te asalta el recuerdo de aquel día en el que un puñado de humanos que aseguraban ser tus amigos te agasajaban con cánticos espanto-tradicionales. Al fin caes en la cuenta de que esa imagen que tanto te hace sonreír corresponde a la celebración de tu vigésimo cumpleaños. Apuesto a que retienes unos cuantos hermosos y pícaros retazos de tal noche, de hecho eras el jodido rey, pero ahora, años después, te deshaces en reconocer que quizá pecabas entonces de cierta inexperiencia.

Y es al hablar de lo que yo con cariño llamo “Ausencia de inexperiencia” cuando me atacan las ganas de garabatear sobre la de sobra conocida Family Club. ¿A caso alguien puede presumir de cumplir 20 años con tal veteranía y en un estado de forma tan brutal?

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Creí saber lo que me esperaba ya de camino a Sonseca, guardaba reminiscencias del interior de la sala e incluso recordé el no acordarme de cosas que allí viví en mi par de visitas anteriores hace ya varios años. Al llegar comprobé que, en efecto, todo seguía en su sitio y que su magníficamente estudiado sound system debía haberse re-estudiado otras mil veces durante mi ausencia porque sólo puedo describirlo como un sonido colosal. Oda a las bajas frecuencias tanto en la Free Room como en la Open Lounge, siendo ésta última en la que primero recalé escuchando a un Alejandro Fernandez que hasta entonces desconocía y que dejó un gran sabor de boca calentando a los allí presentes con sonidos Tech House marca de la casa. Acto seguido y como continuación en la también bautizada como Reverse Stage se forjó la unión entre dos sospechosos habituales del género: Karretero b2b Gonçalo, los cuales continuaron disparando grooves algo más cerca del Techno y ayudaron enormemente a calentar articulaciones frente al inminente comienzo de Uner y de la también llamada Familyclub Area. Reconocer debo que ardía de ganas de postrar mis suelas en ésta última y así hice no sin antes comprobar que el artista catalán sigue demostrando su capacidad de adentrar al público en su microclima de melodías y beats un tanto profundos. Embaucador y penetrante son mis dos adjetivos escogidos para definir su set.

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Una vez en la ya mencionada sala principal plasmé toda mi atención en el set de Ø [phase] lamentándome en parte por no haber podido presenciar si Dykkon continúa siendo orgullo de todos los madrileños en lo que a Techno se refiere, aunque de esto no me cabe duda. Volviendo a referirme a las dos horas del británico a los platos, puedo asegurar que fue un placer ilimitado reencontrarme con un Techno de tan pura cepa. Contundente y atmosférico escojo como vocablos para describir su set y su inteligencia a la hora de enganchar a la pista. ¡Póngase padre en situación si le cuento que tras él se avecinaba el mismísimo Ben Sims! Bueno quizá exagere con tal exclamación, bien sabido es que sus actuaciones en España son más que un clásico, pero ahí mi respeto tanto para éste como para el otro lobo feroz que a su vez desplegaba su ya conocido arte en la Open Lounge. Hablamos del irlandés Gavin Lynch, el cual responde a un nombre tan cinematográfico como Matador. Enorme. No especificaré mas por temor a que nos tomen por parientes.

Como me temía no conseguí apaciguar mi deseo por disfrutar de nuevo con lo que para un servidor significa el auténtico sonido Family Club, y ese no es otro que el proveniente de los cerebros de sus durante tantos años residentes Luis MF, Raúl Parra y Ramiro López, éste último ocupando su antiguo puesto para tan señalada ocasión. Aquí una larga y severa ovación para el producto de la tierra.

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Por supuesto, si has leído toda la parafernalia anterior habrás adivinado que guardaría un párrafo para hablar de quien cerró el evento. Quizá éste no es lugar para contar que durante un largo rato no pude parar de agitar el brazo a nudillo cerrado mientras gracias a tan genial ecualización podían escucharse con claridad exclamaciones provenientes de los demás seres allí presentes, onomatopeyas tales como: Toma, Si, Woo, Huh y de nuevo Toma. Actuación épica del gran Ben Klock y un gran acierto bajo mi sincera opinión el contar con la depurada técnica, destreza y experiencia del alemán.

¡Larga vida a Family Club! He dicho.

Firmado: Javier Álvarez