Autor: Ben Murphy

Traducción: Eduardo Pérez Waasdorp

Fotos: Bela Zecker, Dan Medhurst & Liam Macrae

Estamos en el medio de otro revival del funk. Desde los sonidos ampliamente accesibles de Kaytranada, Childish Gambino y Anderson .Paak, que cruzan funk clásico con r&b/soul, house y hip-hop, a los atrevidos y especiales ruidos de Wayne Snow, Max Graef y Thundercat, los cortes crudos de bajo que se originaron en la música de James Brown y George Clinton simplemente no quieren pasar de moda. Ahora, con mega estrellas del pop como Jamiroquai y Bruno Mars adoptándolo – sin olvidarnos de la reciente firma del líder de Parliament/Funkadelic con el vanguardista sello de Flying Lotus, Brainfeeder – analizamos el nuevo futuro del funk…

A finales del año pasado, el amo y señor del funk, George Clinton, soltó en Twitter que había firmado un nuevo acuerdo discográfico. No es que sea nada inusual, pensareis, pero el jefe de Parliament/Funkadelic, responsable de algunos de los temas más inmortales de la historia – clásicos que incluyen ‘One Nation Under A Groove’, ‘Flashlight’ y ‘Mothership Connection’ – había firmado el acuerdo con Brainfeeder, de Flying Lotus. El hecho de que ahora esté a bordo del sello rey del beat psicodélico californiano dice mucho sobre lo popular que ha vuelto a ser el funk.

Estamos profundamente inmersos en un nuevo resurgir del funk, que va más allá de varios estilos de música electrónica y se adentra en el pop mainstream y el r&b. Childish Gabino – el actor, rapero y cantante también conocido como Donald Glover – publicó recientemente su álbum ‘Awaken My Love!’, siendo toda una sensación. Gambino consiguió aprovecharse de la instrumentación en directo del funk clásico de los 70 y las líneas de bajo obesas y sintetizadas para conseguir un resultado que, sin lugar a dudas, podría pasar por el trabajo de Sly Stone o Bootsy Collins.

Solange (la hermana de Beyoncé) también ha adoptado un sonido similar, más soulful y orgánico con toques modernos y electrónicos, en su disco ‘A Seat At The Table’. Mark Ronson llegó al top de los charts con ‘Uptown Funk’ y el cantante de ese tema, Bruno Mars, volvió recientemente con ‘24K Magic’, una mezcla total de funk ochentero. No es coincidencia, pues, que Jamiroquai haya elegido este momento para volver después de años desaparecido. Thundercat, por su parte, un virtuoso bajista y frecuente colaborador de Flying Lotus, fue responsable, en parte, del aire a funk en directo del mega hit de Kendrick Lamar, ‘To Pimp A Butterfly’, que abandonó el sonido limpio del trap de su predecesor, cambiándolo por algo más granuloso y más sofisticado musicalmente hablando. El propio Thundercat está bajo los focos ahora gracias a la publicación de su nuevo álbum ‘Drunk’, con el single ‘Show You The Way’ – con la colaboración de los héroes del pop de los 80, Michael McDonald y Kenny Loggins – siendo un corte funk suavizado con miles de reproducciones en la radio. Es algo que, hace tan solo unos años, sería totalmente inconcebible.

EL JUEGO DE PODER

No es que le funk se fuese a ninguna parte – simplemente ha vuelto a la palestra, de una forma que está cambiando el sonido de la música popular moderna. “Parte de la música que se está llevando tantas reproducciones por parte del público hace cinco años no se hubiera comido un rosco”, dice el DJ y jefe de sello Gilles Peterson, cuyo programa de radio de los sábados por la tarde en BBC 6Music presenta una buena dosis de funk, así como jazz, house, electrónica y muchos otros estilos. “Ciertamente, ha habido un increíble cambio hacia una perspectiva más abierta de mente hacia lo que pongo en clubes y en la radio”.

Uno de los últimos en firmar con el sello Brownswood de Gilles, Yussef Kamaal, ha demostrado como el funk está empezando a traspasar e influir en todo tipo de músicas en estos momentos. Compuesto por Yussef Dayes (antiguo batería del grupo de afrobeat United Vibrations) y Kamaal Williams (anteriormente conocido como Henry Wu, el productor detrás de las publicaciones de Rhythm Selection y 22a) el dúo propone un sonido en directo influenciado por el jazz y varios estilos de música de baile londinense, como los broken beats y el drum & bass. Aunque el funk es la columna vertebral de su álbum ‘Black Focus’. ‘Lowrider’ es totalmente guitarra funk y un bajo fluido y oleoso, con pads jazzy sintetizados, reminiscencia de Roy Ayers. Su increíble actuación en directo les ha visto ganar fans por doquier, aunque el jazz-funk no haya sido tan popular durante estos últimos años. “Creo que se debe al hecho de que la gente está volviendo a disfrutar del arte y saber hacer de los músicos en directo de nuevo”, reconoce Gilles Peterson. “Eso es algo que no te puedes descargar”.

El Reino Unido se ha visto inundado con artistas y sellos cercanos al funk. El sello 22a se ha creado una singular identidad con su roster bien cosido de artistas. Mo Kolours, Reginald Omas Mamode IV, Tenderlonius y otros tienen un sonido distintivo y lo-fi, mezclando samples e instrumentos en directo en forma de una rica mezcla de hip-hop, house y funk. Mientras, el sello de Peckam, Rhythm Section, propiedad de Bradley Zero, presenta a artistas como Dan Kye y Duke Hugh, que mezclan broken beats, hip-hop, house, jazz y funk de una forma fresca. Five Easy Pieces, otro sello de Londres, ha publicado discos de Royalty, un grupo de funk ochentero, y muchos otros con un sonido sin ataduras. Fuera de la capital, en Bristol, DJ Die y Dismantle como Diemantle han incorporado el funk a sus híbridos de bass music. Su track, ‘My Thing (Sex Machine)’ corta los stabs de bocinas percusivas y los legendarios vocales del mismísimo James Brown. En lugar de solo samplear la percusión, interpretan una parte diferente del legado de Brown, añadiéndolo a su percusión y sub-bajos grime para dar como resultado una interpretación fresca del funk.

LOS ORÍGENES DEL FUNK

El funk es uno de los géneros fundacionales de la música de baile, inventado por músicos negros en EEUU. Originado por James Brown y el líder de su banda, Pee Wee Ellis, con el tema ‘Cold Sweat’ de 1967, el track, con su línea de bajo en loop, corpulentas bocinas, gruñidos funk y la primera instancia de breaks de percusión (una oportunidad para el batería Clyde Stubblefield para demostrar su increíble estilo poli-rítmico) sentaron las bases de un estilo de música que ha evolucionado en una gran variedad de formas con el paso de los años. Aun así, la esencia básica del funk – ese énfasis en el primer beat del bar (el downbeat) y la primera nota de la línea de bajo que se repite en el mismo lugar – sigue viva en la mayor parte de las mutaciones del género. En los 70, George Clinton añadió líneas de bajo de sintetizador y una mitología cósmica, psicodélica y afrofuturista a la mezcla, con una saludable dosis de humor, mientras que Isaac Hayes, Barry White y Roy Ayers añadieron, cada uno por su parte, una suntuosa calidad sinfónica al funk, trayendo arreglos de cuerdas, cambios de acordes con toques jazzy y una orquestación exuberante. Más tarde, el disco emergió de las crisálidas funk, como una criatura diferente, aunque reteniendo muchas características del sonido. Chic, de Nile Rodgers, fue la banda que hizo de puente efectivo entre esos géneros y varias de sus canciones, como ‘Chic Cheer’, son funk en estado puro y sin contemplaciones.

El boogie y el electro salieron de él, trayendo más sintetizadores y drum machines a la fórmula. El funk se encuentra en muchas muestras de house y algunas de techno, y sigue siendo una fuente de sampleo clave en el hip-hop. En EEUU, el país que le vio nacer, ha estado viviendo un gran renacimiento en la Costa Oeste. El músico de Los Ángeles Dâm-Funk es un evangelista del género, con su noche Funkmosphere siendo un gran éxito en su ciudad y sus discos para el sello Stones Throw, tanto solo como acompañado de Snoop Dogg, ofrece una mirada actualizada sobre el estilo, llena de sintetizadores y beats crujientes. Otro artista de Stones Throw, Mndsgn, es un devoto del boogie moderno, con una perspectiva groovy y psicodélica del funk ochentero de Cameo, Kleer o The Time, como pudimos escuchar en su disco de 2016, ‘Body Wash’. El angelino Moon B hace beats lo-fi analógicos con inclinaciones de bajo soulful y pads de jazz, mientras que Flying Lotus ha coqueteado frecuentemente con el estilo, bien sea en solitario o junto a Thundercat, otro ingrediente a añadir a sus cocteles triposos. Mientras, en otros lugares de EEUU, Jay Daniel de Detroit dejó de lado el techno y house que había estado haciendo y grabó un álbum, ‘Broken Knowz’, lleno de su propia percusión en directo y alusiones al funk.

LET IT SNOW

El funk es un aspecto vital de la música del berlinés Max Graef, bien sea en sus grabaciones para Ninja Tune junto a su compañero explorador del funk, Glenn Astro, o como parte de la Max Graef Band (ahora conocida como TORBEN UNIT). Aunque sus primeras publicaciones tendían hacia el house y al hip-hop contundente, con su banda en directo, en el álbum ‘Dog’, se embarcó en una misión funkarra en vivo, con grooves de bajo sinuosos y acordes de jazz exuberantes. En su debut en Ninja Tune, ‘The Yard Work Simulator’, la electrónica y los beats 4/4 están ahí, pero casados con la música en directo, dándole al disco un aire cálido y desenfadado. El amor de Graef por el funk sale de su mentalidad digger. Para él, el funk puede ser cualquier cosa, desde bandas sonoras electrónicas al jazz cósmico.

“Creo que lo que mola del funk es el espectro que puede abarcar. Una banda sonora de John Carpenter o un tema de Sun Ra pueden ser tan funky como algo que hayan hecho The Meters o James Brown. O por lo menos para mí es así. El funk significa muchas cosas diferentes”.

Para Graef, tocar en directo no es ninguna ventaja en la música; la cuestión trata más sobre lo que creas, que la forma en que lo crees. Es tan solo otro método que puede llevar a diferentes resultados. “Creo que depende de tu visión y habilidades. Mientras haya vida en el track, no importa si uno usa instrumentación programada o en directo. Si tocas un instrumento en directo, ninguna nota va a sonar exactamente igual, que es algo que me gusta en un tema, pero es algo que también puedes programar. Creo que el proceso es la única diferencia. Grabar en directo con una banda tiene, claro, una dinámica diferente y es otro mundo a la hora de hacer música, en lugar de sentarte delante de máquinas en el estudio. Sin embargo, ambas pueden ser geniales”.

Graef presta su experiencia de producción al álbum debut de otro amante del funk, Wayne Snow, un cantante y productor nigeriano que vive en Berlín que ha causado bastante revuelo con su primer 12’’ para el sello danés, Tartelet. ‘Freedom TV’ tiene los temas de soul brillante de Wayne adornando beats hip-hop ricos en detalles abstractos y también cortes totalmente funk, como los que vemos en ‘Nothing Wrong’ y ‘Red Runner’.

“El funk es, para mí, como una plataforma de experimentación”, dice Wayne. “Te permite probar todo tipo de sonidos y ritmos, y jugar con ellos. Realmente veo el funk como un patio de juegos para hacer travesuras con música soul”.

Habiendo descubierto los sonidos funky siendo adolescente gracias a Prince, a Wayne le gusta que el género esté viviendo un resurgir. “Estoy contento de que esté volviendo a ocurrir. Es como una ola, viene y va, pero no creo que el funk muera nunca”.

Uniéndose a Max Graef en la producción del disco están los napolitanos berlineses Nu Guinea, que llevan su propio blog dedicado al funk en todas sus formas, halfwayritmo.com. Como otro productor germano, IMYRMiND, y el músico holandés Jameszoo, representan una nueva interpretación europea del funk, combinándolo con sonidos abstractos, jazz y electrónica para llegar a ese nuevo resultado. Más cercanas a la música house, pero cargadas con sabor a electro-funk ochentero, las producciones de Gary Gritness de la ciudad de Nancy, en Francia, están avivadas por su estilo imposible y preciso de bajo sintetizado y teclado a lo Herbie Hancock.

SABORES NU-FUNK

Es, en última instancia, la nueva generación hip-hop la que ha disparado el resurgir del funk. Lo que empezó Outkast, lo ha revivido Kendrick Lamar. Vagando por los confines de los beats sin aire del trap o los mismos viejos samples, los artistas están siguiendo el liderazgo de Childish Gambino y encontrando formas de doblar los sonidos funk en sus canciones. Kaytranada ha encontrado el punto intermedio entre el house y el hip-hop y lo ha llenado de funk, con un creciente número de artistas jugando con el sonido, incluyendo a la creciente estrella Anderson .Paak, cuyo álbum, ‘Malibu’ y su colaboración con el productor Knxwledge, ‘Yes Lawd’, presentan ambos altas dosis de funk.

“Todos estos nuevos artistas, incluso gente como The Internet (afiliados al grupo Odd-Future), han estado creando música para una nueva generación”, dice Gilles Peterson. “Tuve a Noname, una raper de Chicago, actuando hace poco. Había traído a un batería brillante y a un pianista excepcional. Era hip-hop, y para una audiencia bastante joven. Todos conocían las letras y todo, pero la música iba más allá del hip-hop. Ella usaba el funk y no era tan fácil como tener a un DJ detrás, pinchando”.

Con George Clinton de vuelta con las producciones freaky de Flying Lotus, Thundercat haciendo lo propio y a las superestrellas pop explotando las bondades del funk, sumados a un ejército de productores de house, hip-hop y electro estudiando las formas, el funk está destinado a reinar este 2017. E incluso si pierde su atractivo, otra explosión de funk estará a la vuelta de la esquina.

“Ahora mismo la gente es mucho más sofisticada en cuanto a su gusto por la música”, concluye Gilles. “Alguien podría estar escuchando el nuevo disco de Leon Vynehall y encantarle, y bailarlo en el Hidden de Manchester, y al minuto siguiente querrán echarle un ojo a lo nuevo de Childish Gambino. Tan solo pienso que las reglas han cambiado. La gente ahora está mucho más abierta y eso es genial para la música”.

* Extraído de Dj Mag Es 079