Jaye Ward, Honey Dijon, JD Samson, Mandidextrous y DJ Sprinkles hablan sobre la identidad de género, los espacios seguros, el privilegio y el poder de internet…

Autor: Joe Roberts
Traducción: Marina Casas Herce
Fotos: Jef Mcmahan, Comatonse Recordings

“Lo transexual está de moda ahora mismo” se ríe la DJ Jaye Ward que vive en Hackney, cuyo linaje de música trance post-Baleárica, electrónica extraña y house dub conecta la escena de clubes de la capital con sus raíces de finales de los 80, cuando empezó a pinchar en fiestas como Club Dog y Tonka, hasta su línea actual de fiestas underground.

Alrededor del cuello lleva una cadena con la palabra house, la música que dice le salvó la vida. A pesar de un corto periodo en el que tomaba hormonas cuando era adolescente, Jaye estaba casada y tenía dos hijos hasta hace siete años. Pasó gran parte de los 90 pinchando, promocionando eventos y trabajando en varias tiendas de discos y distribuidoras, teniendo un aspecto – nos cuenta con humor condescendiente – más parecido al arquetipo de “enano barbudo amante del disco de la calle Berwick”. Entonces, incapaz de seguir con la farsa, decidió “dejar de gastar dinero en mixers rotary y empecé a comprar hormonas”. Habiendo apoyado a Octo Octa en la celebración de su fiesta el Día Internacional de la Comunidad Transgénero, el 31 de marzo en la Dalston Superstore de East London, se siente confundida al encontrarse el foco de los transgénero, que van de la transición de figuras públicas como Chelsea Manning, al periodismo de campaña de Paris Lees.

“Es extraño” refleja Jaye. “He estado poniendo temas durante unos 30 años y ahora de repente me contratan porque mis conexiones se han topado con cosas queer y trans”.

LUGARES SEGUROS

Los transexuales son parte fundamental de la música electrónica desde el principio. Se ha vuelto a hacer especial hincapié en que los clubs sean “espacios seguros” para ayudar a proteger del acoso a las minorías y, mientras los DJs de house de Chicago se mudaban a Nueva York – según señala Honey Dijon –, los clubs fueron entonces unos de los pocos lugares protegidos para reunirse. “Se trataba de tener espacios seguros para que los gays y transgénero pudieran sear quienes son”, nos contó por teléfono después de haber pinchado la noche anterior en el Mona de París. “[El house] fue una forma de arte creada por la gente de color así que si quieres meterte en ello, el género, la raza y la orientación sexual tienen su papel. Los clubs eran lugares para que la gente encontrase su comunidad y descubriesen quienes son sin ser juzgados, ridiculizados o perseguidos”.

JD Samson, otra productora y DJ que vive en Nueva York, se considera a sí misma “transgénero por definición, porque no formo parte del sistema binario de la expresión de género”, a la vez que se identifica como mujer y lesbiana. Como parte del grupo Le Tigre cuyo tema ‘Deceptacon’ remezcló LCD Soundsystem, buscó crear un espacio de apoyo para que bailasen activistas queer y feministas.

“De la misma manera, me sentía segura en las fiestas de música house en los 90 en Nueva York” comenta. Es este legado el que ha continuado Pat, la fiesta que organiza JD; un evento gratuito para dar a conocer la falta de medios económicos de algunos entre la diversa multitud y en la que, según afirma, se destaca a artistas que forman parte de diversas minorías: gente de color, mujeres y trans. Al mismo tiempo, señala que algunos transexuales están peor representados que otros. “De verdad creo que las DJs lesbianas y los chicos trans tienen menos prensa dentro de la escena y no sé por qué”, admite, y añade que la atención tan extensa que The Black Madonna está dando a estas cuestiones es un estandarte para la igualdad y un paso en la dirección correcta.

El NYC Downlow de Glastonbury es otro paraíso para los LGTB que ha abierto las puertas de la identidad de género hacia una narrativa más mainstream, consiguiendo columnas en periódicos nacionales y revistas de música como la nuestra.

RETANDO AL SISTEMA

La escena del acid techno de Londres queda muy lejos, aunque aportase un entorno influyente para Mandidextrous, DJ, productora y fundadora de Amen4Tekno. Construido sobre una fusión de jungle y techno, los primeros en contactar con ella fueron productores como Dan Fix y Ryan Wreck Up y este verano ha llevado su distintivo sonido jungletek – igual de popular entre los que escuchan techno y d&b – a festivales como Glastonbury y Boomtown. Antes de la transición, pinchaba d&b más tradicional en un entorno orientado a hombres con muy pocas DJs.

“Si no hubiese dejado la escuela y no hubiese estado yendo a raves todos los fines de semana, si me hubiera quedado e ido al bar con mis amigos… creo que hubiera sido muy diferente”, nos cuenta desde Bristol, su hogar adoptivo, alabando el apoyo de Chris Liberator y Rowland The Bastard, dos de los padrinos del acid techno que la inspiraron y le dieron coraje para publicar sus experiencias en las redes sociales.

“Durante la transición fue guay estar en ambientes abiertos y liberales en relación a cómo ven a los demás y por su enfoque sobre la vida”, explica, contándonos que, en Buckinghamshire, su ciudad natal, experimentó violencia durante el proceso; algo que no pasaba cuando veía a las mismas personas en fiestas. “Me pareció muy inspirador. Podía ser yo misma”.

En febrero, el MoMa de Nueva York organizó una serie de eventos llamados ‘Between 0 and 1: Remixing Gender, Technology and Music’ que se centraban en los tópicos de las “identidades no conformes con los géneros y la música electrónica”. Como parte de ello, Terre Thaemlitz, también conocida como DJ Sprinkles, puso temas de su álbum de 2012 ‘Soulnessless’ (al que pronto seguirá ‘Deproduction’, un trabajo conceptual similar). Sus propias experiencias eran contrarias a cualquier ideal utópico de los clubs como espacios para escapar de las censuras culturales y económicas.

Para empezar, dice que no hay ningún club que le haya influido tanto como Sally’s II, el club en el que era residente, que define como un “entorno lleno de retos”, al ser un bar de trabajadores sexuales transexuales afroamericanos y latinos cuya clientela eran varones no-homosexuales de distintas razas y clase económica”, un lado alternativo del que poco se cuenta en la narrativa de la vida nocturna neoyorquina.

PREDISPOSICIÓN CONDICIONADA

Y luego está la realidad de ser contratada para pinchar delante de un público varón, blanco y heterosexual. “Incluso los signos amistosos (chocar los puños) son desde mi punto de vista, inseparables de otras experiencias relacionadas con las agresiones heterosexuales y los puñetazos reales de tíos blancos heterosexuales. Me hacen sentir incómoda y se lo he comentado a la prensa en numerosas ocasiones; aun así, sucede cada puta vez que voy a pinchar y la gente se cabrea si no les chocas”.

Su solución – dice – es envolver el puño con la otra mano, apaciguando el gesto sin hacer recíproca la violencia que implica.

El cambiar los pronombres, ‘él’ y ‘ella’, a menudo en la misma frase y el actuar como drag masculina y femenina son otras herramientas para llamar la atención sobre las predisposiciones condicionadas de la mayoría de la gente. “Tiendo a hablar y actuar de la misma manera sin importar el género que aparento, a pesar de que las reacciones son totalmente diferentes” dice. “Nada de esto es divertido o cómodo para mí”.

La alternativa propuesta por Terre para el Día Internacional de la Comunidad Transgénero – que a su vez contrasta con el Día Internacional de la Memoria Transgénero (20 de noviembre), evento en memoria de aquellos que murieron debido a la transfobia – es que se le pida a todo el mundo, sin importar el día y de forma aleatoria, que se travista en su día a día normal de una forma no festiva o colectiva. “Creo que este tipo de experiencia es una de las pocas formas en las que la mayor parte de la gente que afirma que las cuestiones de género o transexuales no tienen nada que ver con ellos empiecen a comprender cómo las cuestiones de género afectan a todo el mundo y también para concienciar de la vergüenza y el acoso infringido a otros, al igual que signifique un despertar en cuanto a los privilegios y predisposiciones en las prácticas del día a día de cada uno”.

Es este acoso compartido el que hace que Honey Dijon vea las cuestiones trans ligadas a las de Black Lives Matter, los derechos de las mujeres y el abuso a inmigrantes. “Nunca quise que se me encasillase por nada: ni por negra, ni por trans, ni por mujer. Todo es parte de una persona completa. Estas cosas dictan mi experiencia y cómo navego por el mundo; pero considero que estas conversaciones son más para otros que para mí”.

Por fin, sintiendo que tiene “algo que decir”, este otoño se espera el lanzamiento del álbum debut de Honey en Classic y además incluye a artistas como Sam Sparro, Joi Cradwell, Matrixxman y muchos más.

Para aquellos que buscan experiencias comunes y consejos, internet ha dotado a las minorías de una voz fuera de lo mainstream, según Honey, creando comunidades globales con más poder político y conocimiento que en el pasado. Jaye Ward está de acuerdo y bromea con que Tumblr la hizo trans. “Ahora estamos más pendientes del contenido”, añade con la afirmación de que la música es más interesante para la mayoría, especialmente los jóvenes, que lo que haya entre las piernas.

“Todos son muy frikis, quieren sabe qué estás pinchando ya seas gay, hetero, trans, pansexual, queer o lo que sea. Si eres una mierda, eres una mierda. Si eres aburrido, eres aburrido. No importa cuál sea la apariencia”.

SENTIRSE MEJOR

Poco después de convertirse en transgénero, Octo Octa, de Brooklyn, lanzó ‘Where Are We Going’ en Honey Soundsystem, un álbum house/techno en el que predomina el piano clásico y en el que abraza su verdadera identidad por primera vez en público. Abierta a hablar sobre su travesía como DJ trans, nos sentamos y la conocemos por Skype…

Autor: Sirin Kale

Antes de hablar por Skype una tarde de febrero, seguimos a Octo Octa (nombre real: Maya Bouldry-Morrison) por Instagram. En una foto, Bouldy-Morrison posa con su conejo mascota. En otra lleva un vestido con su animal favorito estampado y mira tímidamente al techo. En todas las fotos irradia felicidad y seguridad, pero no siempre fue así para esta DJ de house y productora de Brooklyn.

“No necesito codificar o esconder lo que sentía antes” explica Bouldry-Morrison. Hablamos sobre su álbum de 2013, ‘Between Two Selves’, que tuvo buenas críticas. Posteriormente, Bouldry-Morrison apareció como transgénero y empezó a vivir como una mujer. A pesar de que ‘Between Two Selves’ daba pistas sobre su proceso de transición, nunca fue explícito. “‘Between Two Selves’ era un mensaje en clave de que estaba saliendo del armario” explica. “Pero creo que por entonces tenía mucho miedo. Originalmente quería llamarlo ‘Trans’ pero no estaba preparada”.

Ahora, Bouldry-Morrison está lista. Y ha vuelto con ‘Where Are We Going’, un nuevo álbum lleno con su firma de house clásico en el que predomina el piano, suena novedoso y de alguna manera, familiar. En el tema homólogo ‘Where Are We Going? Pt. 2’, Bouldry-Morrison repite la línea “do you feel better?” (¿te sientes mejor?) como si fuera un mantra. Le preguntamos si se siente mejor ahora que vive con su verdadera identidad de género. “Me siento mucho más eufórica que antes” responde. “Me siento más libre y abierta. Pero para mí, la pregunta ‘do you feel better?’ no es personal, sino que va de las preguntas espeluznantes que están sin responder sobre qué nos deparará el futuro ahora que Trump ha sido elegido”.

El día antes de que hablásemos, el presidente Trump revocó las protecciones de la era de Obama sobre los baños transgénero en un duro golpe para la comunidad transgénero estadounidense. Para un artista con conciencia política como Bouldry-Morrison es difícil no sentirse disgustada. “Siento como si hubieran timado a una tonelada de gente” afirma, describiendo a los votantes de Trump. Durante el transcurso de la conversación de más de una hora y en la que tratamos diversos temas, debatimos algunos tópicos: el esnobismo europeo en la música dance, los sets de Boiler Room y la película de culto Paris Is Burning. DJ Mag está al tanto, explicamos a Bouldry-Morrison, de que la estamos situando en una narrativa trans de la que no quiere formar parte. Para muchos artistas trans, su identidad de género es irrelevante en la música, de la misma manera que muchas DJs se ofenden al ser preguntadas constantemente sobre el sexismo en la industria. “Ahora mismo, me da igual hablar sobre ser trans” responde, citando el álbum ‘Midtown 120 Blues’ de DJ Sprinkles como una gran inspiración para comentarlo en público. “Fue el primer álbum que identifiqué con una narrativa explícita sobre lo trans. Buscaba esas narrativas sin descanso por entonces. Cuando las tuve, me pude ver y oír en ellas”.

Ahora siente la responsabilidad de crear nuevas narrativas trans e impulsar la visibilidad trans dentro de la comunidad de la música electrónica.

Bouldry-Morrison siempre ha tenido algo de artista marginal: totalmente autodidacta, trabajó durante años en una cafetería en Nueva York mientras enviaba maquetas a cualquier sello que las cogiera. El éxito le llegó con el sello 100% Silk, pero Bouldry-Morrison se topó con muchos detractores por el camino: algunos veían 100% Silk como un sello amateur, no de música house propiamente dicha. Le preguntamos sobre las reacciones en contra. “Creo que hay mucha gente que quieren ser los únicos”, responde, “y que se sienten frustrados cuando una estética DiY aparece en su espacio. Querían poder y pensaron que su gusto era el mejor”.

Sobre ‘Where Are We Going’ (ya a la venta en Honey Soundsystem), le contamos a Bouldry-Morrison que DJ Mag sintió, de manera positiva, como que ya había escuchado el álbum antes. (Continúa con su sonido distintivo de temas de house un poco tristes con unos arreglos de piano preciosos). ¿Consideró experimentar con un nuevo sonido? “¡Creo que es lo único que siempre me dicen!” se ríe. “A veces es frustrante pero hace que mi cerebro se sienta bien”.

Su fórmula es el trabajo: la han contratado para pinchar en los festivales Field Maneuvers y Movement este año. Le preguntamos sobre los retos de pinchar delante de multitudes tan grandes pues parece del tipo de artistas que preferirían lugares más pequeños e íntimos. “Pinché en el Sónar una vez y aquello era un lugar tan grande que fue súper divertido, pero solo miré al frente una vez durante mi actuación porque estaba acojonada. ¿Una sala con 200 personas? Es lo mejor”, explica.

Y ¿qué pasa con sus historias de terror sobre ser DJ? Después de todo, las reacciones en contra sobre la comercialización de la música electrónica underground, particularmente en EE.UU. en donde la influencia del EDM se siente cada vez más, ha provocado que muchos artistas destacables condenen el estado actual de la escena. “Tenía a un tío inclinado sobre la cabina gritándome si le podía prestar un cargador de móvil”, se ríe.

Ahora, Bouldry-Morrison está consiguiendo el aspecto cruzado que eludió por un tiempo. Le preguntamos sobre sus compañeros de sello en 100% Silk, que se vieron inmersos en el trágico incendio de la fábrica Oakland. Al igual que ella, estaban usando la escena DiY para abrirse paso en el panorama competitivo de la música electrónica y pagaron por el chanchullo, trágicamente, con sus vidas.

Chelsea [Faith Dolan, conocida como Cherushii, que murió en el incendio] había pinchado conmigo unas cuantas veces y mi amigo Joel era cabeza de cartel” dice Bouldry-Morrison, ensombreciéndose. “Estuve mandando mensajes para saber qué pasó aquella noche y fue terrible”.

Para ella, el incendio de Oakland fue una consecuencia trágica de la carencia crónica de espacios artísticos asequibles en EE.UU. “Había mucha gente en ese cartel que no iba a vender muchas entradas en un club de la ciudad” explica. “Pero si actúan ocho personas y solo dos han sacado disco y todos son locales, ¿qué pones? Necesitamos más fondos para los espacios DiY y poder acomodar fiestas para 60 personas en contraposición a necesitar 500 personas en la fiesta”.

A pesar de la tragedia, Bouldry-Morrison es optimista con el futuro. “Pinché en Dinamarca hace tiempo, con DJ Sprinkles, y ambas tuvimos entrevistas después con grupos de niños en esa conferencia de música. Y yo estaba pensando ‘esto es genial, es maravilloso’”.

Así que, ¿qué pasa con el futuro de la escena? “¿Hacia dónde se dirige en términos generales? No sé si es por las fiestas en las que he pinchado últimamente pero he visto muchísima gente bailando”.

Y con esto y un bizcocho, nos despedimos, pero esperamos ver más de Octo Octa en los próximos años.

* Extraído de Dj Mag Es 082