Techno desde el espíritu

Autor: Eduardo Pérez Waasdorp

Fotos: Ibai Salazar

La escena de techno nacional está más viva que nunca. El talento y creatividad de productores de toda la geografía está nutriendo un catálogo musical que da auténtico vértigo ahora mismo y está posicionando a nuestros artistas a un nivel envidiable a nivel internacional. Tal es el caso de la pareja de productores que os traemos a continuación: J.C. & Kastil.

Madrileño uno, vitoriano el otro, ambos con fuertes carreras en solitario, el destino hizo que se conocieran hace más de 10 años y que en 2015 se juntaran para su primer trabajo en uno de los sellos con más enjundia de la electrónica nacional: A Harmless Deed. Este año J.C. & Kastil se han juntado para presentar un largo como pocos se han visto este año, titulado ‘No Spiritual Surrender’, que ha visto la luz en el sello Cabrera, de J.C., el pasado 27 de octubre, y que ha tenido una premier exclusiva en el festival Mugako, del que J.C. es organizador. Sentamos a los dos genios para que nos cuenten los entresijos de este trabajo, cómo es su relación y cuál es la salud de sus respectivos proyectos. ¡Música, maestros!

 

¡Muy buenas, chicos! ¡Un placer teneros en la revista! ¿Cómo os va el año? 

Kastil: Pues la verdad que muy bien, este año he tenido el placer de tocar el live y pinchar en sitios increíbles, y estoy con mucha energía, muy ocupado con varios proyectos nuevos y con un montón de trabajo pendiente por delante.

J.C.: Yo estoy igual, intentando buscar tiempo para estar en el estudio para darle vida a varios proyectos que tengo en mente, pero que, entre el festival y los viajes, ¡me está costando mucho! Ha sido un año de muchos cambios y mucho trabajo, y viajes, así que todavía estoy intentando encontrar el balance.

Os traemos a la revista, entre otras cosas, por el reciente estreno de vuestro álbum – ‘No Spiritual Surrender’. Vuestra historia se remonta a 2015, al EP que editasteis en A Harmless Deed… ¿cómo os conocisteis? ¿Cuándo y cómo os disteis cuenta de que podíais colaborar?

Kastil: Nos conocimos hace muchos años, cuando Kasper venia mucho por el norte, alrededor de 2005, a pinchar con Papol, a la Jam de Bergara y a la 360 de Mondra. La verdad que en ese punto era una relación de amistad que fue creciendo, y que aún no tenía mucho que ver con la producción, pero con el paso de los años, fuimos estrechando lazos y hablando sobre colaborar y juntarnos en el estudio para trabajar en cosas nuevas, y todo ha ido fluyendo solo hasta el día de hoy.

J.C.: (Risas) Si, totalmente. Yo he visto como ese estudio de Mario ha ido creciendo y cambiando a lo largo de los años. Ahora puedo decir que creo que es uno de los sitios en los que más a gusto hago música del mundo, en todos los sentidos. Al principio nos juntábamos y tardábamos muchísimo en sacar algo, ahora todo va solo. En un fin de semana podemos grabar muchísimo material, después lo dejamos madurar y nos quedamos con lo que más nos gusta.

Cada uno tiene carreras en solitario… ¿Cómo os habéis coordinado para la creación de este disco?

Kastil: Poco después del EP en AHD, pensamos que sería buena idea el trabajar en un largo, para dar rienda suelta a nuestra creatividad y poder expresarnos con diferentes matices a nuestro trabajo habitual en EPs más orientados a la pista de baile, algo que el álbum te permite hacer de una manera más conceptual y abierta, y nos sentimos con ganas e ideas suficientes para llevarlo a cabo, y la verdad que todo funcionó rápido y con mucho sentido.

¿Cómo describiríais el proceso creativo que ha tenido detrás este ‘No Spiritual Surrender?

Kastil: Aquí hay varios factores que para mí han sido clave: la creación de los temas siempre surge desde cero, pero con una idea sobre la que primero conversamos. Luego cada uno aporta su punto en el estudio, unas veces uno se encarga de los drums y el otro de sintes, samples o ambientes, y otras veces surge al revés, y precisamente esto es lo que nos hace avanzar muy cómodos en el proceso. Pero sin duda el factor clave para mi es que quizás yo soy más metódico y conservador a la hora de llevar a cabo los arreglos, o en la propia composición, y José es todo lo contrario, él es mucho más loco e impulsivo, y justo eso es lo que hace que encajemos y nos complementemos tan bien en el proceso creativo.

J.C.: Totalmente de acuerdo. Creo que nos combinamos perfectamente en ese sentido. Para mí es muy difícil encontrar a alguien con el que esté tan compenetrado en el estudio, pero cuando sucede, para mi es magia pura, porque puedo explotar mi potencial al máximo y disfruto muchísimo del proceso creativo.

¿Quién ha hecho qué en el estudio?

Kastil: La verdad que es un trabajo de dos, como decía antes ambos aportamos nuestro lado en todos los temas, quizás en alguno se nota algo más de influencia de uno o de otro, pero al crearlos desde cero y sin ningún rol asignado a cada uno, es por lo que surgen temas tan diversos y especiales.

J.C.: Claro, además Mario controla toda la parte técnica perfectamente. Yo con los modulares soy totalmente nulo, me gustan los sintes de toda la vida, sin tener que estar enchufando y cambiando cables todo el rato, pero en ese estudio hay veces que sacas unos sonidos que me quedo atónito y yo creo que han sido muy importantes en la creación del álbum.

Además, el disco se divide en dos partes, una de las cuales pudo ser escuchada en el festival Mugako… ¿A qué se debe esta estrategia de release?

Kastil: José me planteó la idea de trabajar en algunos tracks más este verano, y se le ocurrió la idea de hacer algo especial para Mugako, ya que coincidía en fechas con el lanzamiento del álbum, y planteamos el tema de hacer tracks más especiales pero que mantuviesen la esencia del álbum, de hecho algunos podríamos decir que son “reducciones” de los originales, algo un poco más complejo y conceptual que lo que serían unos “remixes”, y que encajaba perfectamente con la idea principal y el sonido que buscábamos para esta segunda parte del álbum.

J.C.: Si, y además me parecía un regalo bonito para nuestra pequeña gran familia de Mugako. Ya que ni hacemos camisetas, ni pegatinas, poder ofrecer algo que para mí es más especial, y que creo que la gente lo recordará con más cariño, que al final es lo que intentamos hacer con el festival.

En la primera parte oímos un techno profundo, con una dura percusión y sintetizadores que parecen vivos… vemos – o, mejor dicho, oímos – tendencias como los modulares o los sonidos lo-fi… ¿Cómo encontráis el equilibrio?

Kastil: Dudo que en este álbum haya ningún equilibrio, ni en sonidos, ni en técnicas. Creo que el caos es lo que balancea el resultado final de este álbum.

J.C.: No puedo estar más de acuerdo. Al final cuando trabajas con otra persona en el estudio es complicado encontrar el equilibrio necesario para sacar un curro como este. Cada uno tiene sus gustos y sus influencias, y aquí nadie se baja de la burra (risas). Entonces el caos siempre es la mejor solución. Aun así, sí que creo que en ambas partes hay una “coherencia” sonora, o al menos yo lo siento así.

Lo preguntamos porque, justamente, dos cosas de las que se está abusando mucho en la escena techno son los modulares – haciendo el sonido casi prototípico, aunque no es vuestro caso – y los sonidos lo-fi, que inundan producciones de todo tipo, sobre todo en la escena house… Vosotros, ¿qué opináis? ¿Cuál es vuestra perspectiva?

Kastil: Dudo que la herramienta pueda ser la culpable de que el sonido sea prototípico, ya que el sonido extraído de un modular, un portátil con Ableton, una guitarra o incluso una batería acústica, es prácticamente infinito. Respecto a los sonidos lo-fi en la escena house, me parece más una moda temporal, algo que pasa en la música electrónica continuamente.

J.C.: Tampoco estoy de acuerdo, y no creo que la gente abuse mucho de los modulares, porque tampoco creo que haya tantos productores que puedan permitírselos, en el mundo del techno, al menos. Lo que sí es cierto, es que hay un exceso de música que suena exactamente igual, y con eso no digo que yo, o nosotros, sonemos muy diferente, pero sí que estoy seguro de que es un problema que tiene la escena ahora mismo y que seguramente tenga consecuencias negativas para el género al largo plazo. Pero eso siempre va a ser un problema de falta de creatividad, no de las herramientas en sí.

Hay artistas con los que hemos hablado que nos han contado que esa búsqueda de sonidos lo-fi, samples, etc. viene motivada como contrapunto a la claridad casi artificial del sonido digital. ¿Estáis de acuerdo? ¿No hay nada de digital en vuestro disco?

Kastil: Nunca he sido muy amigo de los sonidos muy muy limpios, en general me gustan más las texturas y los sonidos con cierta garra o carácter. En nuestro álbum hay mucho de digital y mucho de analógico, algunos sintes los hemos grabado directamente de un iPad, y otros de un sistema modular analógico, pero me sorprendería ver quien es capaz de adivinar la fuente después de un procesamiento posterior con efectos. Para ser más preciso sobre este tema, uno de los drones con más carácter y que más me gusta de este álbum, ha salido de la app Animoog de iPad, procesada por un pedal de distorsión casero, y me suena tan potente y orgánico como un Synthi AKS o un Verbos.

J.C.: Hoy en día hacer distinción entre una cosa y otra no tiene sentido. Todo está en las personas, y en cómo trabajan su sonido. Hay mil herramientas digitales que te hacen sonar exactamente como tú quieras, y la diferencia no la nota absolutamente nadie. Al final es en el proceso de los sonidos donde cada uno le aplica su personalidad. ¿Es más fácil hacerlo con sintes? Por supuesto, pero conozco mucha gente que suena muy rudo y no ha tocado un sinte en la vida.

La parte dos se concentra casi totalmente en sonidos ambientales, con melodías atmosféricas y distantes, casi espaciales y sin apenas percusión, como en ‘Sorgin Dantza’ o ‘Makakuha Nagsugod’. ¿Qué os inspiró para hacer estos temas?

 Kastil: Creo que la parte dos es la que da más rienda suelta a la creatividad sin barreras, estos temas de los que hablas son fruto de la experimentación y libertad creativa que aporta el uso de modulares. ¿Inspiraciones? Quizás una mezcla de viajes y vivencias personales en nuestra cabeza.

J.C.: Particularmente ‘Sorgin Dantza’ es muy especial para mí. Justo estoy en el proceso de mudarme de Euskadi a Madrid y, aunque todavía no lo he llevado a cabo, ya tengo mucha morriña, y este verano, el día antes de fiestas de Gasteiz, pasé por la Plaza Nueva, en el centro de la ciudad y había como 200 personas ensayando un Aurresku. Había de gente de todas las edades, todos bailando sin música, y era tan bonito verlo, que en mi cabeza quise poner una banda sonora a ese momento y creo que este tema lo refleja perfectamente. Es una mezcla de melancolía y agradecimiento por todo lo que me ha aportado a nivel personal el País Vasco. Mucha tristeza por irme, pero a la vez sabiendo seguro que voy a volver, y que formo parte de ello, da igual donde esté.

J.C. viene de Madrid, Kastil de Vitoria… ¿Cómo veis la escena en España? ¿Vamos por mejor camino?

Kastil: Me cuesta hablar sobre una “escena” de club, ya que no creo que la tengamos en España. Lo que si tenemos es un montón de gente increíble, haciendo eventos con mucha pasión y dedicación, que me aportan mil veces más que festivales de renombre de afluencia masiva de este país. Sobre la “escena” de productores y DJs, tenemos a muchísimos artistas con un nivel impresionante, más de lo que a veces somos capaces de valorar, por desgracia.

J.C.: Yo pienso que las nuevas generaciones de españoles no están interesadas en absoluto por la música electrónica, y lo entiendo, porque buscan movidas nuevas en las que se sienten mucho más identificados. En la música son todo ciclos, y ese es mi mayor reto ahora mismo, como hacer que esta nueva generación se sienta atraída por esto que, a nosotros, en los 90, nos parecía el futuro. Por supuesto, en las grandes capitales hay eventos de techno o house, pero solo hablamos de Madrid y Barcelona. En el resto de España es muy complicado. Incluso áreas como Bilbao, Valencia o Sevilla que tienen una población de sobra para poder armar un club, con una programación de electrónica seria todos los fines de semana, y no existe. Por supuesto hay iniciativas increíbles como Paraleloan o Lanna, en el norte, pero son clubs de menos de 500 personas… Como he dicho antes, todo son ciclos, y creo que la historia se puede volver a escribir, por eso me mudo a Madrid, para trabajar desde el centro y porque ahora sí que veo una luz al final del camino.

J.C. eres una de las mentes detrás del festival Mugako… ¿Cómo valorarías su crecimiento durante estos últimos años?

J.C.: ¡Muy positivamente! Creo que cada año lo hacemos mejor, y que la gente cada vez se va más contenta, que al final es lo más importante. Al final hemos generado una especie de familia, que es de lo que estoy más orgulloso, de gente que le gusta la música electrónica, en su total sentido de la palabra. Es una mezcla de nerds del género con peña que está abierta a escuchar prácticamente cualquier cosa y ese era nuestro objetivo. El ambiente es genial y toda la gente que trabaja o colabora hace que sea una experiencia muy bonita para mí. Además, el hacerlo con amigos, Pablo e Iker, y de la manera que lo llevamos a cabo, a veces es una movida, porque cada uno estamos a nuestras vidas, que ya son complicadas de por sí, pero creo que después hacemos un equipo de trabajo muy bueno. Guille y Antton se involucraron el año pasado y la verdad que han sido de mucha ayuda. Yo creo que esta edición ha sido la mejor hasta el momento, y eso para mí es un símbolo de crecimiento, de que cada vez estamos más seguros de cómo hacer las cosas y que eso se refleje en el proyecto. También hay que agradecer al museo Artium y a toda su plantilla por cedernos los espacios y colaborar con nosotros de esa forma, ya que sería prácticamente imposible sin él. Es un gusto currar así, y de verdad espero que podamos seguir haciéndolo por muchos años.

Cada uno tiene sus propias plataformas, Cabrera y AHD por un lado y Soul Notes por otro. ¿Cómo es la salud de vuestros sellos?

Kastil: La salud de Soul Notes es mejor de lo que nunca imaginé, se vende muy bien tanto en vinilo como en digital, pero está más enfocado a la parte house y disco, y la verdad es que ahora lo tengo un poco más parado en lo que a nuevos lanzamientos se refiere. Actualmente estoy mucho más centrado y poniendo todo mi esfuerzo en Stale, el subsello dedicado a sonidos más techno y experimentales, que está muy activo y creciendo muy rápido también. Mi política con ambos sellos ha sido la de publicar siempre los trabajos de grandes amigos y gente muy cercana de confianza, y estoy muy contento porque este año la familia crece. Aparte de mis producciones y de artistas principales del sello como Irazu, I-Real o Deapmash, se incorporan nuevos talentos con material muy interesante que desvelaremos en breve. En general estoy encantado con ambas plataformas.

J.C.: ¡Todo bien también! Cabrera está más enfocado hacia el techno, mis producciones y de algunos amigos que también colaboran, como Mario, Hector y Andrés, y la verdad quiero que siga exactamente igual. AHD lo llevo con Damian Schwartz, y aunque este último año hemos estado poco prolíficos con las referencias, mi plan es darle duro de cara a 2018.

Sois productores súper prolíficos, publicando discos cada año con excelentes críticas y acogida del público… ¿es más difícil inspirarse y sacar trabajos techno que de otros géneros?

Kastil: Personalmente el techno me da más margen creativo, ya que es más abstracto y no autoimpone barreras de composición como el house o el disco. Me cuesta mucho más ser creativo o dar con ideas nuevas con el house, pero a su vez me resulta mucho más fácil crearlo y esto hace que a veces me resulte más aburrido en el estudio, ya que no me deja tanto margen para experimentar, quizás por esto lo tengo un poco más parado. Es lo que hablaba de los modulares y la experimentación, cuando hago ambient o música experimental me siento totalmente libre, y con el techno tengo una pequeña sensación de este tipo también, en cambio con el house me siento mucho más atado creativamente.

J.C.: Mi único problema es el tiempo. La verdad que los problemas de inspiración los tengo cuando estoy trabajando a saco, pero en los últimos meses no he sido casi capaz de poder sentarme solo en el estudio más de tres días seguidos, y es algo que añoro mucho. Ahora entre noviembre y diciembre me he dejado un poco de hueco y le voy a dar fuego. Tengo muchísimas ideas en la cabeza que tienen que coger forma.

De hacer raves en el túnel de la M30 a Berlín hay un largo camino… ¿Qué ha sido lo más complicado?

J.C.: Creo que lo complicado de la música es mantenerse y poder vivir de ella durante mucho tiempo. Llevo ya muchos años en esto y he visto a mucha gente subir y a mucha otra desaparecer, lo importante es seguir vivo, y hacer las cosas honestamente. Se nota mucho cuando la historia no es de verdad, al menos para los que nos dedicamos a esto. El público es otra historia, pero al final es la industria la que maneja todo, y creo que ser fiel a lo que de verdad crees o sientes es el reto de todos los artistas. No todo el mundo puede permitírselo, y sinceramente yo me considero un afortunado por poder hacerlo.

Por tu parte Kastil, nos han chivado que serás tú quien ponga remix techno para lo próximo de Reykjavik606… ¿Cómo surge esta colaboración? ¿Os conocíais de la escena de Euskadi?

Kastil: Nos conocemos de hace tiempo por el enganche a los cables y los sintes que ambos compartimos (risas). Pero fue Aitor, El_Txef_A, quien me contactó para dar el toque techno a su próximo lanzamiento. La verdad que ha sido un gran placer trabajar para estos grandes.

Finalmente, chicos, ¿qué os espera el resto del año? ¿Qué nos podéis contar?

Kastil: Mi próximo EP en Stale sale en noviembre, otro para Cabrera en enero, varios mixes programados, mucho trabajo de estudio y colaboraciones… Y varios eventos con grandes nombres que aún no podemos anunciar.

J.C.: Ya lo he dicho, ¡espero poder encerrarme en el estudio y grabar otro álbum antes de mudarme a Madrid!

¡Gracias por vuestro tiempo, chicos!

J.C. & Kastil: ¡A vosotros!

* Extraído de Dj Mag Es 082