Cuando parece que todo en la vida, pero sobre todo el periodismo, se somete a las redes sociales y no al revés

Autor: Eva F. Cortés

Foto: Extraída de elmundodeguidolf.com

Abro Facebook y me encuentro un post de un medio de comunicación especializado que cuelga un vídeo de un after de Solomun de no sé cuando, el lugar intuyo que es Ibiza o similar, parece un vídeo casero y el copy dice algo así como: ‘Para empezar el martes!’. Llega el miércoles, abro esta red otra vez, veo un vídeo de hace 10 años, un mañaneo de Sven Väth en una casa de la Isla Blanca, el texto reza algo así como ‘Si saben como me pongo para qué me invitan’… Y así a lo largo del día. Y eso sí, muchos likes, más de 100. Sencillo, fácil, divertido y barato, sobre todo barato.

Empiezo a observar que muchos perfiles de Facebook de páginas que -supuestamente- informan sobre música electrónica y se denominan medios, se dedican sin reparo a descargar vídeos de Youtube de usuarios anónimos e, incluso, a descargar clips directamente de los perfiles de artistas para después subirlo a sus propias redes sin pedir permiso, sin nombrar la fuente, sin remitir dato alguno… Como si fuera un contenido creado por ellos mismos con un copy ocurrente. Entiendo que se están apropiando de contenido ajeno con un claro objetivo: mejorar su rendimiento y alcance en esta red social, lo que todavía me parece más grave.

Parece que, en una nueva vuelta de tuerca, los inspirados ejecutivos de Facebook han decidido que las páginas públicas de contenidos impactarán a más usuarios cuanto más contenido suban directamente a la plataforma – olvida ya eso de los links a tu página, ellos quieren que todo se suba y se consuma dentro de su red social, sin que se les escape ni un usuario-. Y ante este nuevo algoritmo, estas supuestas páginas de música electrónica deciden pillar vídeos de dónde sea, sin escrúpulos, y subirlos como si fueran producciones propias. Y no pasa nada. La ética, los principios, el amor al contenido y también la ortografía quedan pisoteadas ante la jugosa posibilidad de obtener más de 100 likes.

Recuerdo cuando aparecieron las redes en nuestro país. Primero Facebook, luego el boom de Twitter, aquella nacional llamada Tuenti, el intento fallido de Google + y, mucho más tarde, Instagram, Snapchat y seguro que me dejo algunas. Recuerdo especialmente (por trabajar en uno de ellos) cuando los medios empezaron a usarlas. Cuando Facebook –ahora Facebook El Gigante, por entonces “algo que conectaba a la gente y tal”- se sentaba con las grandes empresas de medios para contarles en qué consistía su herramienta y cómo podían abrirse una página pública para ayudar a la promoción de contenidos de su web.

No hace tanto de esto, hace más bien poco, sería 2008 o 2009… Entonces, se empezaron a utilizar las redes como herramientas que conectaban al medio directamente con el lector y además, oye, promocionabas los contenidos de tu web con copies ocurrentes, contestabas cosas divertidas a los usuarios y jugabas con algo más que el SEO o el SEM a la hora de recibir visitas. Fácil, gratis y beneficioso. Demasiado bonito para ser verdad.

Todos (usuarios, medios, marcas) empezamos a utilizar estas herramientas, a ser los primeros en apuntarnos a sus avances, mejoras… hasta el día en que poco a poco de manera sutil empezaron los algoritmos, la segmentación de audiencias, la reducción del alcance de los posts y un sinfín de variables que han conseguido que el community manager de una empresa o de un medio no sea ya nunca más un tipo de Letras Puras, si no, uno de ciencias y números.

Los medios y en concreto los periodistas deberían cuidar el contenido. Se puede ser divertido, irónico, cutre, hacer memes y todo lo que se te ocurra siempre que lo hagas bien y lo crees tú mismo. Robar es muy feo, incluso en las redes sociales.

*Eva F. Cortés es periodista y ha trabajado y colaborado en medios de comunicación como Antena 3, Hearst, Progresa, El País o MTV desde el año 2005.

* Extraido de Dj Mag Es 080