Hablamos con Mara Aznar, Psicóloga general sanitaria experta en predicción del comportamiento y personalidad para que nos cuente cómo y por qué afecta la electrónica a nuestro cerebro.

Autor: Mara Aznar Briones

Todos, ya sea en una cita o en una descripción de nosotros mismos, nos declaramos amantes de la música a la primera de cambio; y esto tiene una razón de ser y un sentido, este sentido, al menos es objetivo. Existe un común denominador común en todo ser viviente: el factor “PLACER”. De ello se encarga la dopamina y otros químicos -como no podía ser de otra manera-. Estos se liberan en nuestro cerebro mientras escuchamos música, ayudando al cuerpo y al cerebro a equilibrarse y relajarse, provocando una sensación de bienestar generalizada similar a lo que ocurre cuando consumimos drogas, o cuando nos enamoramos. En esas ocasiones nos quedamos enganchados a la necesidad de tener esa recompensa continuamente…

Pues bien, igual que no nos enamoramos de cualquiera o no todas las drogas nos sientan igual de bien, con la música ocurre lo mismo: tenemos nuestros filtros de selección a la hora de elegir un estilo musical y la electrónica es un género exigente para mentes inquietas. Esto es un HECHO.

En este artículo, trataré de explicar por qué los que preferimos la música electrónica exigimos más a la vida ya que vamos más allá a todos los niveles, somos más disfrutones y, lo más importante, tenemos cerebros más complejos.

La música nos define, es una clara señal de identidad, por eso es un factor que muchos consideramos fundamental a la hora de relacionarnos con según qué personas quiénes pueden ganar o perder puntos según sus gustos musicales, incluso antes de empezar a hablar, y es que la música según los estudios es un gran mecanismo de lenguaje.

Según Levitin (Psicólogo Cognitivo y Neurólogo americano-canadiense) el gusto musical se empieza a definir a los 10 años. Es un momento en el que coincide con la máxima creación de neuroconexiones y aún no se ha iniciado lo que podríamos denominar la “criba selectiva”, que empezaría alrededor de los 14 años. Desde entonces, aunque existan variaciones en el gusto musical, por regla general nos posicionamos y seguimos una misma línea en cuanto a nuestras preferencias. Esta línea es estable en el tiempo al igual que nuestra personalidad. La nutrimos de experiencias vividas y de las personas que nos rodean, por eso se convierte en un medio para la diversión y actúa como acompañante y como medio evocador de recuerdos o sensaciones vividas.

La música que más nos interesa juega con las predicciones de nuestro cerebro y de cómo se crean expectativas. Y al igual que en el ligoteo entre dos personas, aquello de una de “cal y otra de arena”, en términos neuronales hablamos de satisfacción y quebrantamiento de nuestras expectativas…que viene a ser lo mismo. Es crucial que exista este equilibrio para que nos guste cierto estilo de música, ya que una composición que rebasa nuestros esquemas cognitivos, hasta el punto  de no entenderla, automáticamente deja de gustarnos.

Los compositores utilizan efectos como la cadencia rota o giros melódicos inesperados con la intención de truncar las expectativas de los oyentes, lo cual, según ha constatado Levitin, activa nuestros mecanismos cerebrales de placer y de recompensa mucho más que la música que resulta predecible. Por eso la música electrónica exige más al artista, que tiene que conseguir emplazarnos a un estado que nos proporcione las suficientes recompensas para seguir disfrutando, de lo contrario lo consideraríamos música trivial y predecible, llevándonos directamente al displacer.

Lo cual no quiere decir que no podamos bailar y disfrutar de la canción del verano trivial y predecible donde las haya, pero eso está justificado porque si en algún momento habéis bajado la guardia y de manera puntual habéis liberado un poco de dopamina en un garito de playa, o bien, cuando lo hagáis este verano, asociaréis la música a un recuerdo/vivencia positiva y la dopamina se liberará igual que un mes antes en el Sónar gozando del show de  Daphni y Hunee, por ejemplo. Esto no significa que vuestro cerebro sea menos complejo, si te gusta la música electrónica, tu cerebro (más complejo) y tu apertura a la experiencia (rasgo de personalidad característico de personas que prefieren la música electrónica) se impondrá a la trivialidad a la que nos tienen acostumbrados.

Para aquellos que quieran saber más, No dejéis de leer el libro de D.J levitin “ Brain on music” ya que esta es solo una opinión libre muy libre sobre las investigaciones que se han realizado hasta la fecha sobre lo que ocurre en nuestro cerebro cuando escuchamos música y por qué preferimos un tipo de música u otro. Independientemente de lo que digan los estudios, considero que la música electrónica engloba muchos subtipos de personalidad y de diferentes ambientes dentro de un mismo género que es tan amplio y complejo como nuestros propios cerebros inconformistas por naturaleza. Nos sabe a poco lo que nos ponen una y otra vez en la radio por sistema.

No concebimos salir a un sitio donde pongan la misma música cada fin de semana porque nos sentimos atraídos por nuevas experiencias que nos lleven al siguiente nivel así es y así será siempre, ahora al menos sabéis que el responsable es vuestro cerebro complejo en búsqueda de placer. ..

* El libro ‘Deja de intentar cambiar’ de Mara Aznar y Rodrigo Martínez de Ubago ya está a la venta a través de Kolima Books en las plataformas habituales

* Extraido de Dj Mag Es 077