La sinfonía ‘Melafonie’ de Emika se deleita en lo clásico, pero abraza abiertamente sus raíces de producción techno. Hablamos con ella para descubrir más…

Texto: Mick Wilson
Traducción: Eduardo Pérez Waasdorp

Ha habido bastantes colaboraciones creativas en la escena electrónica entre artistas y orquestas recientemente. Max Richter, Kate Simko y la London Electronic Orchestra, Pete Tong y la Heritage Orchestra y Marc Romboy y la Orquesta Filarmónica de Dortmund, todos han roto las fronteras de la música de baile, a nivel de producción y ejecución. Aunque el intento de Emika, una productora y DJ de techno que vive en Berlín, de romper las barreras ha tomado una perspectiva totalmente diferente a esta creciente fusión.

En 2015 ya presentamos a Emika en la sección DJMag Tech, cuando se embarcaba en los primeros pasos de su proyecto clásico con la Orquesta Metropolitana de Praga. Ahora que su nuevo proyecto, ‘Melafonie’, está completo pensamos que sería un momento ideal para revisitar las aventuras neo-clásicas de la artista.

Este auténtico experimento de creación musical ha visto a Emika tomando una nueva ruta, usando los talentos vocales de la increíble soprano Michaela Srumova para crear su propia composición orquestal. Se trata de una colaboración cruzada usando técnicas de producción más acordes con la producción de música electrónica convencional. Aunque el resultado es más consonante con el género clásico, separándose de las reglas tradicionales de la composición. Emika recuerda las técnicas con las que hizo los arreglos a la orquesta: “Quería tener los instrumentos de bajo en el medio, en el centro y en el fondo de la pieza, con la soprano estando dentro del sonido y en el centro. Dividí los violines – a la izquierda y derecha – lo que creó una división estéreo que sería común en la producción electrónica, pero es un sonido diferente a lo que escucharías si la orquesta se grabase de una forma tradicional. Quería que los violines sonasen como un Jupiter 8 y que se moviesen a lo largo del campo estéreo de izquierda a derecha, siendo el resultado que todo sonase como un pad reluciente en lugar de violines.

“El sonido fue amplio con 16 violines en un lado y 16 en el otro, sonaba tremendo. Así es como los mezclaría si estuviera mezclando un tema electrónico. Con la música clásica la sección de bajo normalmente se encuentra a la derecha y no me gusta el plan tradicional. Sin embargo, la orquestra fue genial y muchas veces tuvieron la paciencia de estar ahí sentados durante más de media hora con un montón de cosas poco convencionales ocurriendo a su alrededor. La ubicación de cada uno fue deliberadamente planeada de tal forma que a la hora de hacer la mezcla no tuviera que cambiar las cosas demasiado en la post-producción. Ya había pensado en dónde quería que los músicos y el sonido estuviesen ubicados en el campo sonoro. Había muchas cosas complejas ocurriendo a nivel sonoro, lo que era complicado, y los músicos tenían que adaptarse a la forma en la que había planificado todo, en lugar de hacer lo que normalmente hacían”.
Emika tuvo la intención de usar la tecnología de producción de música moderna a la vez que se mantenía lo más fiel posible a la sensibilidad clásica. Sin embargo, encontró problemas. “Había cosas que fui descubriendo a medida que grababa que no serían un problema en la producción electrónica. Tenía notas realmente largas que añadían enteros a la tremenda armonía y disonancia que ocurrían a la vez, en este enorme muro sonoro, pero pronto me di cuenta que los músicos tenían que respirar, y que había huecos entre algunas de las frases. No podías decirles que no respirasen, pero estas cosas no son un problema cuando se programa música electrónica, así que tuvimos que buscarle una solución. Hay pros y contras al trabajar con una perspectiva moderna, algo que no había calculado. No había pensado para nada que los instrumentos de viento necesitaban respirar, o que los violinistas no podían sostener las notas de forma indefinida, pero al final lo solucionamos, lo que amplió mi pensamiento inicial de cómo debía ser el sonido.

“Todo se reducía a trabajar con la orquesta, haciendo que todos se acostumbrasen. Fue tremendo y teníamos una disposición poco convencional, así que fue difícil para algunos de los músicos ver al director. Decidimos que la orquesta tocaría ante un track de referencia, además de tener al director a la vez. Los músicos fueron impresionantes. Su nivel de concentración fue increíble – podían estar tocando durante casi dos horas antes de tener que descansar, de hecho, mientras más estrés y concentración se necesitaba antes de los descansos, el rendimiento era mucho más alto.
“El equipo que junté – el director, el ingeniero – trabajó perfectamente en este proyecto. El ingeniero podía leer la música además de hacer la ingeniería de la grabación, por lo que si había algún problema en cuanto al proceso podíamos resolverlo realmente rápido. Una vez más, por suerte para mí, tuve el tiempo de concentrarme en la música. Fue un proceso duro, ya que por momentos tenía que ponerme en plan productora, por lo que era imposible para mí asimilar lo que estaba pasando con la música, pero ahora que lo escucho siento la tremenda energía en términos de cómo estaba tocado. Fue un proceso realmente técnico”.

El resultado es esta impresionante pieza musical que es mucho más que solo electrónica o música clásica. “Conseguimos un sonido increíble usando varias técnicas de grabación. En algunos momentos podías oír todo el ambiente de la sala, luego en otros el sonido intenso de cada músico individual, o de todos en conjunto, y con otras tomas podías oír las atmosferas y las respiraciones y las pequeñas sutilezas. Revisando las tomas, realmente necesité volver a mi propio estudio a hacer la mezcla, ya que era muy necesario que todo sonase como mi propio disco y no solo yo grabando una orquesta”.

  • emika-official.bandcamp.com

*Entrevista extraida de Dj Mag Es 075