Tensión en Mutek.

La tensión puede ser un estado anímico de excitación, impaciencia, esfuerzo o exaltación producido por determinadas circunstancias o actividades. Eso es exactamente lo que ha generado MUTEK ES; una placentera tensión que invadirá nuestros recuerdos para siempre. Este fenómeno se pudo observar en el rostro de casi 7000 asistentes a la sexta edición del MUTEK ES del 4 al 7 de marzo en Barcelona.

Miércoles, Jueves y Viernes

Como si formara parte de la organización, el miércoles sobre las cinco de la tarde, una espectacular tormenta eléctrica de rayos truenos y diluvios daba los últimos coletazos del invierno sobre Barcelona y descampaba dejando una preciosa cubierta rojiza y tensa calma sobre Ciutat Vella; ¡el festival había comenzado! Uno tras otro, de miércoles a sábado, se fueron sucediendo los diferentes eventos en ocho localizaciones especialmente escogidas por sus características. Estos emplazamientos albergarían los live shows, conciertos, sesiones, espectáculos audiovisuales, instalaciones A/V, mappings, estrenos exclusivos, talleres y conferencias de más de una treintena de artistas nacionales e internacionales, con el denominador común de ser innovadores tecnológicos. Desde un antiguo convento a los genuinos templos de la electrónica catalana, pasando por una fábrica de cerveza, un teatro, un museo, incluso l´Institut Français.

Aquí recae gran parte de la magia que se genera a lo largo del MUTEK ES., en la elección de los espacios y su acondicionamiento. La abovedada sala noble del Convent Sant Agusti, mágica por la atmósfera de intimidad que crea entre el público y el artista, las fachadas de l´Institut Français y la antigua fábrica de Estrella, -que nos hacen pensar que estamos llegando a la rave en la que nunca estaremos-, la reconfiguración de los espacios en los clubs con pequeños cambios y grandes resultados… Todo acondicionado con los mejores sistemas de sonido, como el sonido cuadrafónico que incorporaron al ultramoderno Teatro Barts. En definitiva, la combinación de la selección y acondicionamiento del espacio, con el ingenio de los artistas para sacarle el máximo partido, hacen que cada momento en el MUTEK ES sea único e irrepetible.

El festival se componía principalmente de seis programas, diferenciados por su contenido: DEMO, DIGI, PLAY, NOCTURNE, A/VISIONS Y EXPERIENCE. Los tres primeros gratuitos. Entre ellos existe una fuerza que les impide separarse, esa es la verdadera tensión de MUTEK ES.

DEMO Y DIGI

Los programas DEMO y DIGI están orientados a crear un entorno de descubrimiento, experimentación e intercambio de conocimiento entre los asistentes. Artistas de la talla de Scott Monteitth (DEADBEAT), NONOTAK, HERMAN KOLGEN y colectivos como el de ANTIVJ dejarían parte de sus técnicas de producción y directo al desnudo por medio de workshops y charlas. Sebastian Seifert (MICROFELL), presentó una aplicación para crear música desde dispositivos móviles. La proximidad y sencillez con la que se dinamizaban las sesiones hacía sentir a los asistentes parte del engranaje de MUTEK ES.

PLAY

Play es la apuesta por el directo, por el riesgo, por los artistas emergentes locales y propuestas de artistas extranjeros. EQUIPPO presentó su último álbum y su puesta en escena junto con visuales. Pedro Pina y Álvaro García (LOPPKIO), improvisaron sobre texturas sonoras agresivas y sonidos retorcidos creando una atmósfera de techno industrial, mientras GNOMALAB generaba visuales minimalistas en consonancia. El conjunto incitaba a una hipnosis colectiva de expectación que rompería en un caluroso aplauso tras un pequeño fallo técnico fruto del sofisticado directo en el que transcurría la escena. La sonrisa que se dibujaba en sus caras al finalizar el espectáculo señalaba que había sido un éxito.

En el PLAY2, presentado por Movistar Livesoundtracks, especialistas de música para cine debatieron precisamente de cómo influye la música sobre la imagen y cómo el sonido contribuye a fijar recuerdos visuales que forman parte de nuestro imaginario colectivo.

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Sábado (Por Gerardo Cartón)

Elegí la jornada del Sábado de MUTEK porque lo mejor de los festivales siempre suele acontecer el último día. Era la primera vez que visitaba este evento nacido en Quebec hace más de diez años, y la verdad es que no me defraudó en absoluto, sino todo lo contrario.

Harto de ver como la falta de imaginación y El Día de La Marmota se apodera de los carteles de muchos de los festivales patrios, se agradece que haya promotores que apuesten por la diferencia, el riesgo y la vanguardia más exquisita, y MUTEK cumple con todos estos requisitos y más. Un festival que, además, cuenta siempre con un 70% de talento local y en el que el 20% de dichos artistas se programan en sus filiales de México y Canadá. A ver si aprenden los de la Marca España.

Pero MUTEK no es sólo un festival de música, sino que también incorpora las nuevas tecnologías y la experimentación audiovisual. Charlas, presentaciones, instalaciones…¿ Alguien da más por tan poco dinero ? La mayoría de las actuaciones de MUTEK son gratuitas, y los espacios elegidos, perfectos para estos menesteres. Pedazo de MUTEK, sí señor.

El día empezó en la Antigua Fábrica de Estrella Damm, en dónde mi socio y fundador de Playmoss, Aleix Fernández, y un servidor, presentamos nuestra aplicación ante un grupo de casi cien personas, para sorpresa nuestra, ya que un Sábado a las 16.00 hrs no es precisamente la hora punta de asistencia a un festival urbano. El público del MUTEK sabe a lo que va y está ávido de descubrir nuevas propuestas relacionadas con la electrónica y el arte digital, así que mi estreno en el festival no pudo tener un mejor comienzo. Y ya dice el refrán que todo lo que bien empieza, bien acaba, así que subíos a la montaña rusa de Gerardo Cartón y visitad las diez etapas de las que constó…

UN DÍA CUALQUIERA EN EL MUTEK

Después de nuestra presentación, le llegó el turno al plato fuerte de la tarde. Herman Kolgen, artista canadiense multimedia, nos deleitó explicándonos algunas de sus creaciones en las que el agua fue la principal protagonista. Imágenes grabadas dentro y fuera del liquido elemento, símiles entre las células de la sangre corriendo por las venas a modo de corrientes acuosas, y construcciones futuristas que interpretan el sonido del viento convirtiéndolo en dulces melodías con sabor a spaghetti-western. Sin duda, una artista original e innovador, con ligeros tintes de carga política y social a imagen y semejanza de la Bauhaus o de la Factory de Warhol.

Clausurando las charlas que antecedían a los shows audiovisuales, aparecieron dos miembros fundadores del colectivo Anti-VJ, los creadores de mapping más vanguardista y sofisticado del momento. Parece mentira que con el talento y la creatividad que tiene este laboratorio multimedia, la pareja en cuestión diera una conferencia que aburrió a propios y a extraños y cuyas diapositivas eran tan tediosas como el “no-discurso” con el que casi nos duermen a los allí presentes. Las instalaciones que presentaron, cuyos escenarios habían sido el Centro Pompidou de Metz, un jardín del centro de Tokyo y un edificio en Corea del Sur, eran de lo más ramplón que ha hecho este colectivo artístico, así que esto sólo se puede entender desde la desidia con la que se enfrentaron a los allí presentes.

“Esto es lo que pasa cuando no te preparas una ponencia”, me decía mi socio Aleix, fan de los ínclitos y visiblemente decepcionado. A lo que yo le contesté, “esto es lo que te pasa cuando tienes menos sangre que un sifilítico”, como era el caso de nuestros dos interlocutores, que estaban pensando más en el partido del Barça de esa tarde, que en “iluminar” al personal con sus creaciones más originales y rupturistas.

Pero bueno, el día daba para mucho, e inmediatamente después de la siesta…Perdón, de la charla de los Anti-Vj´s, nos bajamos al la sala principal de este espacio de excepción, en donde vimos a Reikjavik 606 hacer un sobrio y elegante set de techno ambiental y paisajístico detrás de una pantalla en la que aparecía proyectada una casa abandonada rodeada de campos de lavanda y madreselva. Estética gótica y ochentera para una propuesta musical rabiosamente actual que invita al viaje mental y onírico a través de los sentidos del oído y de la vista.

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Y después de compartir ese mágico momento con la promotora y fotógrafa Raquel Calvo, y unos viejos amigos de TVE-Catalunya, todo el equipo de Playmoss nos fuimos raudos al Teatre Barts, puesto que la actuación principal del día se daba cita en el Parallel a cargo de Robert Henke. Pero antes, una mención especial a sus teloneros, los canadienses Maotik & Metametrik, que hicieron un set de electrónica minimalista con toques de puro bass, e imágenes hechas con Gráfica Autogenerativa. Para los profanos en estas lides, decir que esta tecnología se basa en parámetros musicales que hacen variar la imagen haciendo un análisis frecuencial en tiempo real, y mapeando a través de dicha gráfica. Espacios geométricos bruscamente interrumpidos por imágenes expandidas ( extensiones ) que nos hicieron sentir una vez más “la incomodez del buen ruido”. Sin llegar a incordiar tanto como Aphex Twin o Merbow, pero tampoco quedándose en la placidez de Boards Of Canada o Plaid, esta pareja sorprendió por su talento y versatilidad. Bendito removimiento de tripas a 90 bpm´s que nos dejó entre sedados y revueltos antes del plato principal del Sábado, Mr. Robert Henke. Con permiso de Pantha Du Prince, por supuesto.

El ex líder de Monolake lo petó, no hay mucho más que decir. Con un láser de última tecnología y un hardware fabricado por el mismo para “joder” dicho láser en el sentido más sexual del término, este ingeniero del techno alemán nos dejó a todos boquiabiertos con una de las mejores comuniones entre imagen y sonido que jamás haya presenciado. El 3-D de Kraftwerk se queda en un asunto pleistocénico comparado con estas visuales de círculos, rayas y cuadrados infinitos que se van deformando al ritmo de un sonido más espectacular si cabe y que no recomendaría ni a epilépticos ni a fans de Brahms. Estruendo apocalíptico a través de secuencias y patrones diseñadas durante los últimos seis años por este panzer de lo audiovisual. Para quitarse el sombrero, mear y no echar gota, y estar durante la hora siguiente en un estado semi-lisérgico que nos vino muy bien para entrar “entonados” al Apolo.

¡Qué!¿ Aún no están cansados ? Pues vengan conmigo a la última parte de este vertiginoso rollercoaster…

Entrar en el Apolo es como entrar en La Casa de Los Sueños. Nunca sabes con lo que te vas a encontrar y siempre es sorprendente. Esta vez, según nos abrimos paso entre la multitud para encarar el frontal de la sala principal, vimos una especie de kashba hecha con telas blancas dispuestas en forma de cubo transparente en medio del escenario y una suerte de banderolas del mismo color a ambos lados del susodicho en dónde se proyectaban imágenes abstractas deudoras de la escena industrial de Sheffield y Leeds. Detrás de la parafernalia, Shelby Grey disparaba secuencias que remitían a los primeros Underworld y melodías que nos recordaban por momentos a Orbital y en otros a LFO. Las proyecciones se fueron volviendo cada vez más psicodélicas, y el sonido noventero actualizado de los barceloneses, dejó paso a sus colegas Der Panther.

“Estos si que molan, tío”, le decía un apolero a otro. Dos pavos metidos dentro de la kashba de marras, uno disparando ritmos y secuencias, y el otro con la guitarra flipándolo él solo como solían hacer Frank Zappa , Snakefinger o Robert Quine. Psicodelia futurista y electrofolk alucinado para una juventud que no conoce a ninguno de los anteriores y que ni falta que les hace. “Dig The New Breed”, que decía mi amigo Paul Weller. Desde estas líneas propongo a esta genial pareja que se vayan una semana al campo con Za ! y una bolsa llena de trufa blanca de Vic, y que se hagan el mejor disco de vanguardia catalana desde Sisa y Pau Riba. Ahí queda eso…

Y como yo no soy de quedarme quieto mucho rato, antes de que empiece Pantha Du Prince me bajo a La 2 a ver a mi admirado Jasper Dählback, esta vez actuando con el sobrenombre de The Persuader, ya que hace un Live electrónico en vez de un Dj set. Con una simple controladora, y metiendo y sacando efectos y percusiones a unos endiablados 120 bp´s con sensación térmica de 180, el austriaco se hizo un set de Acid-Techno que hubiera hecho las delicias de mi querido y añorado Aleix Vergés, que incluyó una canción de Mr. Dählback en su tercer recopilatorio “Popotronic 3. El Problema”, editado por PIAS en 2005, y que fue el canto final de ese cisne negro y desgarbado de nombre artístico Sideral, y que hizo su primera comunión en la cabina del antiguo Nitsa.

Dios le guarde en su gloria.

“La noche se acaba y yo solo quiero bailar…”, cantaba el dúo angelino Los Súper Elegantes hace ya casi una década. Y con esa sensación, la de haber vivido diez días, más que diez horas, encaré el tramo final de la jornada de clausura del MUTEK. Volví a la parte de arriba de la sala un minuto antes de que Pantha Du Prince empezará a jugar al Exin-Castillos, al Tente y al Lego, construyendo esa amalgama de minimal-house, illbient, tech-house y fino ruidismo, que le sitúa como una especie de nuevo Herbert con un pelín de más mala leche que el británico. Al final de la sesión se acomodó un poco de más en loops demasiado lineales, pero esa última media hora no empaña una primera hora y media que nos trasladó a uno de los escenarios grandes del Sónar de Noche. La pista de baile se ensanchó, los sentidos se potenciaron, y la sensación de estar “flotando en el espacio” fue haciéndose cada vez más real. Y no, no había consumido ninguna sustancia estupefaciente, pues la música de Pantha Du Prince es la mejor droga que existe actualmente con permiso del fútbol y de Gran Hermano Vip. Un truhán y un señor, este sueco singular. No os lo perdáis por nada del mundo la próxima vez que actúe cerca de dónde estéis.

Y como decía George Harrison, “all things must past”, así que con Veronica Vasicka -primera vez que una mujer cerraba el festival- y un bizcocho, hoy no voy a dejar que se me hagan las ocho…

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El Apolo siempre ha sido la sala del mundo mundial que me ha obsequiado con los mejores afters del planeta a la salida de sus puertas. O pajareos, como los llaman mis amics catalás. Así que esta vez decidí irme una hora antes de que acabara su sesión esta neoyorkina de armas tomar, responsable de la serie The Minimal Wave Tapes. Techno machacón con fundamento, hipnótico y revitalizador, que estuvo a punto de hacerme volver a caer en la empalmada de rigor ( mortis ), pero que gracias a Dios supe evitar muy sabiamente. Debe ser que estoy madurando.

Un broche de oro a una jornada de MUTEK que no tuvo nada que envidiar a otras de Sónar o Lev que todavía resuenan en mi usada y gastada memoria.

Con el buen sabor de boca que dejó el gran cierre de esta edición a todos los presentes, algunos ya estamos expectantes de cómo será la séptima edición del MUTEK ES, un festival que acostumbra a ir un paso más allá todos los años.

Por nuestra parte solo nos queda decir: Larga vida al MUTEK. Larga vida al FUTURO.

Texto: Antxon Smith y Gerardo Cartón