Experiencias sónicas en petit comité.

Texto: Gerardo Cartón

Fotos: Mutek ES

Escribo estas líneas mientras escucho una antigua sesión de Aphex Twin grabada para las Peel Sessions en las navidades de 1992. Recientemente desenterrada por el famoso productor de XL, Paul Woodford, me proporciona el perfecto “ruido de fondo” para escribir sobre mi experiencia en el Mutek, el único festival español que, junto al LEV, explora lo más destacado de la creación digital contemporánea, tanto en audio como en video.

Cuando le preguntas a un fan de la música electrónica por el Mutek, lo primero que te va a decir es, “mola bastante; es como el Sónar al principio”. Y eso no significa que el Sónar ya no mole, ni mucho menos, pero cierto es que su masificación hace difícil el vivir experiencias sónicas en petit comité, tal y como acontece en el Mutek y como solíamos disfrutar en el CCCB y en la Mar Bella hace la friolera de veinte años.

MIERCOLES / JUEVES – 2/3 DE MARZO:

La programación de este festival se sucede de miércoles a sábado, y empieza a desarrollarse en espacios pequeños y tan singulares como el Convent Sant Agustí, el Institut Français o la Universidad Pompeu Fabra de la Ciudad Condal. Aquí se ofrecen charlas técnicas sobre producción audiovisual y se dan cita las propuestas más arriesgadas de toda la programación.

Los directos de Franck Vigroux & Kurt D´Haeseleer metiendo la mayor cantidad de graves posibles por segundo y la jam-session electrónica de Bugge Wesselhoft, Dan Berglund y Henrick Schwarz, actualizando el típico trío de jazz de toda la vida sobre las acertadas bases de este último, constituyeron el aperitivo perfecto a los exquisitos platos que se iban a cocinar el fin de semana en Barcelona.

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VIERNES, 4 DE MARZO:

La antigua Fábrica de Estrella Damm es, sin duda, mi espacio favorito de todo el festival. Sobre todo este año, en el que pusieron un escenario al aire libre en la zona del parking a modo de rave urbana y en dónde se pudieron ver los mejores directos de todo el Mutek.

Pole & MFO y The Orb sorprendieron a propios y a extraños “acelerando” sus respectivas propuestas de dub y ambient y “subiéndolas” a las categorías de Metal Dance e Ibiza Grooves.

El productor alemán, creador de la mítica trilogía ”1”, ”2” y ”3”, y su nuevo compañero de juegos, metieron bases industriales deceleradas que hicieron de perfecto colchón a las secuencias de bajos por las que Stefan Betke se hizo famoso a finales de los 90´s. “Menos reggae y más techno”, para que nos entendamos, pero sin por ello perder la esencia primigenia de los toasters jamaicanos de los cuales se confesó deudor en la entrevista/conferencia que ofreció al día siguiente.

Los británicos, sin embargo, mandaron el downtempo a tomar viento, no se sabe si por el espacio a modo de warehouse al aire libre en dónde se encontraban, que les hizo retroceder a sus primeros tiempos como Dj´s, o por su residencia en Ibiza el verano pasado. No sólo aceleraron los ritmos acercándolos al mejor house de la isla, sino que llegaron a meter samples de Kraftwerk, Duran Duran e incluso…¡The Prodigy!

Mi buen amigo Manu González de Blisstopic me llegó a decir: “A estos les ha subido la pasti del ´91”. Y Half Nelson, de Mondo Sonoro, apostilló: “Oficio y dignidad, Cartón. Oficio, y dignidad”.

En medio de todo esto pudimos ver como el californiano Deadbeat hacía una sesión de puro Detroit con un ordenador, un chaos-pad y una controladora en la Sala de Máquinas, como la guapísima Kara-Lis Coverdale nos hablaba de su colaboración con Tim Hecker en la Zona de Conferencias, y como el norteamericano Shigeto se llevaba el gato al agua en lo que se refiere a nuevos ritmos y texturas a los que sumó unas visuales de excepción en el escenario exterior.

Y por la noche, como siempre, al Apolo.

El plato fuerte de la primera clubbers-nite era, Henrik Schwarz y Gerd Janson en la Sala 1, y Dj Fra y The Suicide of Western Culture en La 2. Los dos primeros tuvieron a todo el mundo bailando y sudando como si no hubiera mañana de 03.00 a 06.00 y los dos últimos alternaron las secuencias psicodélicas y ambientales cercanas a la indietrónica del histórico residente del Apolo con el terrorismo industrial de los dos tíos más macarras del extrarradio barcelonés.

Este ying/yang de la electrónica patria se llevó finalmente el gato al agua, y tengo que deciros que estuve mucho más tiempo escuchando a los artistas locales que a los alemanes. Con orgullo y satisfacción, como el Rey.

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SÁBADO, 5 DE MARZO:

El último día del festival, absolutamente derengado tras tres jornadas de non-stop, no me preguntéis cómo ni por qué, me presenté en la masterclass de Ableton que daban en la Sala Brassatge a las 16.30 hrs, y, lo que es más curioso, me enteré de todas las especificaciones técnicas que allí se mostraron.

De ahí, rápido a la Fábrica de Estrella Damm de nuevo para asistir a la entrevista con Pole en la sala de conferencias en dónde “die deustche freünd” estuvo sembradísimo soltando perlas de este calibre: “The whole world is influential” o “Mastering has given me artistic freedom”

Y en el escenario de afuera, el gran triunfador de este Mutek, aka Ricardo Villalobos aka Vilod feat. Claudio Puntin. Reformulando el ambient, actualizando el minimal-house, y acabando con un techno tan suave como denso que nos tuvo a los allí presentes hipnotizados las casi dos horas que duró el show.

Ni “pillaglobos” ni hostias en vinagre. El chileno ha vuelto por sus fueros desde el más puro underground, el que le vio nacer, demostrando a todo el mundo que es uno de los grandes talentos de la electrónica experimental de los últimos tiempos.

En la Sala de Máquinas, esta vez pudimos ver brillar a Kara-Lis Coverdale en todo su esplendor con la propuesta más ambiental, misteriosa y cautivadora de todo el festival, y flipamos con Vaghe Stelle, sin duda alguna mi DESCUBRIMIENTO con mayúsculas de este Mutek. El Niño de Elche es uno de sus mayores fans, así que con eso ya os lo he dicho todo.

Y llegó la última noche, la del baile final, que decía el “Simón del Desierto” de Buñuel…-

El plato fuerte lo conformaban Atom & Tobias, así que esta vez decidí perderme por las calles de Barcelona antes de su sesión, y citarme con DJ Yoda, que la noche anterior había actuado en el Razzmatazz, pinchar un rato junto a mi amigo y compañero DJ Käfer en el Sidecar, e ir de bar en bar de la calle Joaquín Costa justo a tiempo para entrar en el Apolo cuando sonaba el primer bit de los alemanes.

El Mutek ES se acaba y yo solo quiero bailar. El Mutek ha durado una eternidad y ojalá durara más. El Mutek, el mejor festival de principios de año, una vez más, me ha regalado una edición para enmarcar.

Fins l´any que ve, amics.