Bailes, drogas… y rock & roll.

Entrevistamos al prestigioso y célebre periodista inglés Simon Reynolds con motivo de la publicación de una estupenda versión ampliada y en castellano de su ya famosísimo ‘Energy Flash’ (Contra, 2014) y después de haberlo destripado, literalmente. Sí, leyéndolo casi me coloco; también he bailado -transportándome en el tiempo- entre sus renglones y me he levantado con resacón. Sin duda es una obra, maestra o no, que todos debemos de lucir ya en esa biblioteca doméstica que tenemos hasta arriba… de viejos vinilos. Ah, esta entrevista –dado su metraje, fondo y potencia- se recomienda leerla sereno…avisados quedáis.

Texto: Fernando Fuentes

Aló Simon, para empezar la pregunta del millón de dólares: ¿Se puede entender la música electrónica sin las drogas? ¿Y se la puede amar y disfrutar al 100% limpio de polvo y pastilla?

Conozco gente que ha sido fanática del techno desde hace mucho y jamás ha probado una pastilla. Y hay ejemplos de productores que han hecho música muy psicodélica y ravera y nunca han tomado las drogas que encontramos en estos sitios. Gente como 4Hero o Josh Wink. Habiendo dicho eso, la mayor parte del público que hay en raves y clubes, o bien van puestos o, en algún momento de su vida, han tomado éxtasis, etc. y por lo tanto pueden “entender el ambiente”, hasta si no van puestos en esa ocasión en particular. Se iniciaron con las sensaciones que te da el éxtasis y saben lo que se supone que les está haciendo la música a sus cuerpos y también como deben reaccionar a sus estructuras: las subidas, bajadas y los clímax.

¿Y si extrapolamos esto mismo al rock, qué sucede?

No creo que el rock esté tan asociado y emparentado con las drogas, a pesar de que en algunos momentos de la historia se ha consumido, especialmente, algún tipo de sustancia. Fueron las anfetaminas con el rock de los sesenta y, luego, especialmente con depresores del sistema nervioso como los barbitúricos y metacualonas a principios de los setenta con el rock depresivo y pesado de Black Sabbath y tantos otros. La cocaína vino con el rock suave y el sonido de Los Ángeles a finales de los setenta. Y así, sucesivamente… Supuestamente, mucha gente durante la época grunge de Seattle tomaba MDMA, así que pudo haber afectado a esa energía borrosa y oceánica que tenía el estilo.

¿Entonces podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la música electrónica es un fenómeno cultural impulsado por las drogas –como algo inherente a ellas- y sin las mismas no se puede entender su génesis, emergencia y consolidación?

La evolución de la música electrónica de baile (Electronic Dance Music) ciertamente hubiera sido diferente sin el éxtasis. Tanto el tipo de comportamiento, como la energía colectiva que se desarrollaron, y la evolución propia del sonido fueron condicionados por lo que supuso el consumo masivo de éxtasis. Los productores adoptaron ciertos sonidos, texturas, riffs, motivos estructurales (como las subidas, los clímax) y los intensificaron porque habiendo sido ravers, que estaban a pie de pista bajo el mismo efecto del éxtasis, sabían mejor cómo interactuaba la música en el cuerpo estando bajo la influencia del MDMA. Entonces, a medida que el consumo de drogas se fue yendo de manos (lo que quedo retratado en muchos de los malos viajes de algunas personas,  paranoias, etc.), la música techno se volvió más oscura y rara y más retorcida. Además, el uso del éxtasis y las anfetaminas en dosis cada vez mayores hizo que la música se acelerara más y más, lo que desembocó en la creación del jungle, el gabber y el hard-trance. En la última década, han surgido varios sonidos que se han visto influidos por el incremento en el uso de la ketamina también.

Y si hablamos en términos más generales, ¿podemos concluir que la droga ha determinado el desarrollo musical de toda la cultura?

Sí. No en exclusiva, porque la música también se ha visto afectada por los cambios en la tecnología, la influencia de estilos externos, como el hip-hop y el R&B y otros factores. Pero las drogas son un componente determinante.

Por cierto Simon, ¿no pensaste en ningún momento que tu libro podría haber sido denunciado por apología de las drogas por alguna asociación conservadora, reaccionaria y mojigata?

Tengo mucho cuidado en recalcar las desventajas del consumo de drogas, los riesgos tanto para la salud física como para la estabilidad mental. Creo que es un libro equilibrado y muy concienzudo en el sentido de que no hace apología, ni tampoco es alarmista. Pero es cierto que pinto la cultura y la música como algo muy emocionante y dado que las drogas juegan un papel fundamental en la creación misma de la música y la cultura, puede llegar a decirse que es un libro seductor.

¿Es más flipante y adictiva la música excitante –sea rock o electrónica- que las propias drogas?

Bueno, soy de la opinión de que la música se mantiene gracias a sus propios méritos, por lo impresionante que es. Yo la escucho todo el tiempo – lo viejo de los noventa, que una vez me hizo bailar, a la vez que cosas más recientes que escucho en mi casa – y me emociona. También pienso que una parte es bastante radical o cuanto menos rara, siendo música. Es como lo que ocurre con el dub reggae – me empezó a gustar mucho antes de que empezara a fumar porros. Cuando empecé a fumar, la entendí mucho más, la sentía con más intensidad, pero tampoco tanto. La idea básica – reggae psicodélico, espacial que se había convertido en gaseoso y espectral – ya la había captado, disfrutado y ya pensaba que era una pasada y que era radical. Ahora bien, la música dub reggae probablemente ni existiría si los productores que la idearon a principios de los 70 no hubieran estado increíblemente fumados y tampoco hubieran perseverado si no hubiera tenido la increíble acogida que tuvo con su audiencia, la mayor parte de la cual también iba bastante fumada. Así que el dub reggae tiene una relación muy estrecha con la marihuana, pero ésta no es necesaria para el disfrute del estilo musical y su significado, como música y expresión cultural, no puede reducirse sólo al cannabis.

RAVE

¿Y de dónde sale la palabra “rave”? ¿Es anterior a la electrónica, verdad?

Tiene toda una historia en el Reino Unido, que se remonta a la psicodelia y al rock de los sesenta (“She is a raver”, con Pink Floyd haciendo una All Night Rave) pasando por el boom de jazz de los cincuenta, cuando la gente solía ir a fiestas de jazz llamadas raves y hablaban de ser ravers. Quizá va todavía más atrás en la historia británica, ya que “rave” en inglés significa “estar entusiasmado”, pero también tiene connotación de locura, como cuando decimos en inglés ‘raving mad’ (NT: literalmente, locura delirante). Estoy trabajando en un libro sobre el glam y el glitter rock y la palabra “rave” era ya por entonces, un término en uso. Slade, cuando hablaban de su escalada al estrellato, dijeron que todo el mundo estaba aburrido y cansado de ese rock de álbum con el que te tenías que sentar en círculo para escucharlo. Y dijeron: “Los chavales tan solo quieren irse de rave” – y lo consiguieron con la música bailable, energética e impetuosa de bandas como Slade. También es una palabra en la cultura jamaicana, cuyo significado es irse de fiesta y dejarse llevar durante el fin de semana. Hay una canción, de los Wailers creo, ‘Want Fi Goh Rave’ (Linton Kwesi Jhonson), creo.

¿Cuándo alguien lee que para ti el hardcore es música modernista y avantgarde entiendes que se puede echar a las manos a la cabeza? ¿Cómo puedes fundamentar, brevemente, que también puede ser un estilo extraño, abstracto y futurista?

Desde el principio, siempre fue obvio para mis oídos que la música hardcore ravera más temprana – esa que salió de Bélgica, el breakbeat primigenio del Reino Unido, y todo eso – era música radical y, en muchas ocasiones, mucho más radical que las supuestas direcciones “musicales” en el techno, house y la llamada Intelligent Dance Music (IDM). Y creo que ese punto de vista está ampliamente aceptado ahora. Me refiero, el breakbeat hardcore de rave se convirtió en el jungle y el drum & bass y, a partir de 1994, la mayor parte de la gente se refería a ella como la música más innovadora de los 90. O por lo menos la aceptaban como tan válida como el techno de Detroit o Aphex Twin. De hecho, gente como Aphex Twin y otros artistas más reconocidamente experimentales copiaban ideas del jungle en 1995. Pero hasta la música más antigua de Aphex es hardcore, básicamente – es techno industrial caustico, agudo y bruto. Del mismo modo, Autechre empezó por entonces a hacer canciones hardcore.

Así que lo que una vez fue un argumento disidente y subversivo por mi parte en 1992-93 se ha convertido ahora, virtualmente, en un consenso, la verdad aceptada. En 1992-93 la mayor parte de los críticos, entendidos y conocedores de la materia argumentaron que el trance era lo innovador y lo que había que hacer, tratando al hardcore y al jungle del principio como ‘no música’. Ahora, difícilmente alguien diría algo como eso. El gabber sigue sin considerarse como música o se le toma como “sub-música”. Pero creo que alguien como Marc Acardipane (The Mover, Mescalinum United, etc.) es tan creativo o más que Underground Resistance, haciendo, de hecho, algo muy similar – techno duro, oscuro y temperamental.

¿Son el rock y el soul lo más parecido al techno y al rave? ¿Mucho más incluso que el jazz y la música clásica?

El techno y el estilo rave se interconectan con muchas otras tradiciones musicales. Hay dance electrónico con sabor a jazz, hay influencias de todo tipo de música negra, desde soul y R&B a disco, góspel, reggae, funk… Hay techno que tiene la rimbombancia y grandiosidad de la música clásica. Hay un cruce entre techno y música industrial. Pero para mí, ciertamente la proximidad entre el rock y el techno es un punto clave – no en la forma que se hace la música, claro, sino en el sentimiento, la energía, la golpeante intensidad. Es una mezcla de euforia y agresividad. Brinda algunas de las funciones del rock duro, el heavy metal o el punk – liberación de energía negativa. La rabia y la frustración convertidas en euforia y celebración. Música con la que enloquecer.

Pongámonos un poco solemnes: ¿Cuánto tiempo crees que deberá de pasar para que la música electrónica sea tratada con seriedad y respeto por la sociedad y la cultura en general?

Ya se le tiene respeto, ¿no? Quizá todavía queden algunos compadres viejos que piensan que solo el rock es válido y, de hecho, siguen creyendo que la música electrónica es “música sin alma y emocionalmente fría, creada por máquinas”. Pero creo que la mayor parte de la gente de menos de 50 habrá tenido algún tipo de contacto directo, como experiencias personales, con las raves o la música de club, o cosas pop parecidas que deben muchísimo a la cultura de club, como New Order, Pet Shop Boys, Madonna o Lady Gaga.

Seguramente el fin justifica los medios y en ambos casos –rock y electrónica-  se trata de música para que la gente joven enloquezca, o se lo pase bien, o se libere un rato… ¿es su punto en común más ancestral, mágico y evidente?

Sí. Parte de la música electrónica de baile es simplemente la continuación de las cosas que son pre-electrónicas y se remontan a la historia antigua: las modas de jazz y swing de la época anterior a la Segunda Guerra Mundial, los bailes folklóricos y la rebeldía carnavalesca de la Edad Media, incluso hasta los ritos en honor a Dionisos de la antigua Grecia. Y mucho antes, espero.

¿Y le puede gustar a alguien Black Sabbath y Autechre y no estar como un cencerro? ¿O eso depende del tipo de drogas que tome cuando los escucha?

Sí. Me atraen ambos. Más a Black Sabbath que a Autechre, aunque pienso que también hicieron grandes cosas. Para mí, la energía en Black Sabbath es muy similar a la energía que encontramos en ‘Energy Flash’ de Joey Beltram; a todo el genial techno belga de principios de los 90; a lo primero de Underground Resistance; al trabajo de Mover y a otras personas del sello de Frankfurt, PCP; a mucho del gabber y a lo que yo llamo “gloomcore”. Es música que augura desastre, pesada y fuerte, y a menudo tiene una sensación extraña de ser rápida y lenta a la vez. Y presenta una visión fría y oscura de la realidad.

Tú que la conoces casi todas, o todas, ¿cuál es la sustancia que nos recomiendas a la hora de enfrentarnos a las más de 600 páginas de “Energy Flash”?

¡Espero que la intoxicación por prosa y los eventos históricos tan interesantes que describo sean suficientemente estimulantes para que viajéis a lo largo de este larguísimo libro que he escrito!

OBRA MAESTRA

¿Y qué piensas, como autor, cuando califican este libro de obra maestra?

Bueno, obviamente es muy halagador. Cuando veo las primeras partes del libro, tiendo a fijarme en las cosas que hubiera hecho de forma diferente si lo estuviera escribiendo hoy. Hubiera hecho más entrevistas, hubiera trabajado en los elementos teóricos de una forma más suave, hubiera hecho un equilibrio de ideas mejor y hubiera concretado más mis impresiones sensoriales (tanto las mías, como las de los testigos). Pero es lo que es. Creo que lo que hace que las primeras dos terceras partes del libro – el libro original publicado en 1998 – sigan vigentes es la gran pasión, emoción e implicación personal que siento por esta cultura y la música. Mucho lo tomo de la labor periodística que llevé a cabo entre 1991 y 1997, por lo que tiene esa inmediatez y urgencia de alguien que reporta en el lugar de los hechos y que sigue la dirección de los sonidos que evolucionan en tiempo real. Soy alguien que intenta evangelizar en nombre de esta música y convencer a la gente que no es parte de ella a que se una. “No te lo pierdas” era el mensaje que subyacía a muchos de mis escritos durante los 90. “Esta es la música más innovadora, más emocionante y más interesante de nuestra época”. Pero, tanto como comentarista y cruzado, también soy un fan, un participante. Es como paso la mayor parte de mis ratos libres – bailando, comprando discos, haciendo mezclas.

Luego, todo lo que se ha añadido después cubriendo los 2000 está, en muchas partes, mejor escrito, mejor observado, con un marco más amplio de referencias culturales y con un criterio más sabio. Pero tampoco tiene ese fuego en los escritos sobre hardcore o jungle, o Aphex Twin o el gabber. Probablemente, las últimas dos escenas en las que sentí el mismo grado de pasión animal y emoción fueron las de 2step/ garage de Reino Unido y la de grime. Después de 2005, soy más un observador que un participante – muy interesado en cada nuevo avance, pero no viviéndolo como una forma de vida.

Pero les toca a otros definir si es una obra maestra o no. Desafortunadamente, puedo ver todos los puntos flacos… Realmente pienso que capta tanto el significado como la intensidad de un largo periodo cultural. Ya van casi cuatro décadas. Con todos mis libros, porque escribí el libro (lo que siempre supone mucho de reescribir y repensar, luego hacer las pruebas de impresión y las correcciones), me es imposible saber lo que se siente al leerlo por primera vez, sin preparar nada, sin saber qué va a pasar, completamente fresco. Me imagino que es toda una emoción.

En tu libro apenas haces mención a la escena de la música electrónica en España en la que también hubo un caso muy especial de rave que fue la famosa “Ruta del bakalao” en Valencia… ¿sabes algo al respecto? ¿Te gustaría ahondar en este fenómeno en particular?

¿Sabes? Fui a dar una charla en Valencia y la hija de 16 años del profesor que me invitó fue quién me habló del ‘bakalao’. Esto debió ocurrir poco tiempo después de que saliese el ‘Energy Flash’ original, en 1998. La chica lo pintó de forma muy interesante, locura de baile, la gente perdiendo la cabeza con la música que una vez fue dura y rápida, pero también muy pop y cursi. Al día siguiente pillé un par de CDs de un supermercado de Valencia, pero fue como escuchar el diálogo de una película sin ver las imágenes. Creo que tienes que haber estado allí para pillar todo el ambiente. Pero sí, parecía como si el ‘bakalao’ fue el equivalente al hardcore en vuestro país. Desafortunadamente, debido a las limitaciones de a dónde podía viajar como periodista, el libro Energy Flash está muy centrado en el Reino Unido. También habla de EEUU y Alemania, Bélgica y Holanda. Pero los otros países de Europa no aparecen mucho, exceptuando un poco en el surgimiento de Daft Punk y luego, tangencialmente, en el capítulo del trance psicodélico, que fue un movimiento verdaderamente internacional.

También en ‘Energy Flash’ hay poco house, ¿por qué? ¿No es un género mayor al que le profeses mucha devoción o es solo cuestión de la coyuntura y momento en el que escribiste el libro?

Obviamente, cubro los primeros años del house – Chicago, el acid house, el garage de Nueva York, Todd Terry. Y me encanta el acid house y me encantaba la versión house, influida por el hip-hop, de Todd Terry. Pero en los noventa tendí a sentir que el house se convirtió en una entidad estática y que las nuevas direcciones en la música venían de mano del techno, trance, gabber, jungle/drum & bass e IDM. No me gustaban estilos como el funky house, house tribal o el house más comercial (handbag house).

Sin embargo, como mucha de la gente que volvió al house a finales de los noventa gracias a Basement Jaxx, Daft Punk, Armand Van Helden y Herbert, hubo un periodo en el que la plantilla del house fue redescubierta y muchos de los productores experimentales o de hard techno empezaron a explorar las posibilidades de un tempo más lento y una música dance más sensual. Hubo ese boom del house y disco filtrados que disfruté bastante. Así que, en ese punto, volví a explorar el house de los 90 y encontré que me había perdido bastante música buena, como Masters At Work, Deep Dish, Mood II Swing, Wamdue, etc. También había un club genial que ponía disco-house con aroma retro en Nueva York que se llamaba Body and Soul, al que fui mucho.

Por supuesto, el speed garage, mi gran pasión de finales de los 90 y que evolucionó en el 2step – que es, simplemente, una versión británica cruda y dura de la música house – creo que diría que no soy un patriota del house como son algunos, sino que soy patriota del jungle y el gloomcore. Pero soy susceptible a ese sentimiento house. “House is a feeling” (El house es un sentimiento) dice un sample que se usa en algunas canciones jungle y hay, de hecho, mucha influencia house en el jungle, sobre todo en el uso de los vocales de divas del soul. Pero, claramente, cosas como el remix de Armand Van Helden del ‘Spin Spin Sugar’ de Sneaker Pimp, o el remix de Deep Dish del ‘Hideaway’ de DeLacy, o ‘Plastic Dreams’ de Jaydee – estos son puntos álgidos de la música del siglo XX. Esas canciones son una pasada.

Ahora mismo, estoy muy metido en la movida “deep tech”, que es una forma de minimal house que se ha popularizado entre el público de la radio pirata londinense, que es toda la gente que estuvo metida en la escena grime. Tiene una sensación intensificada de bajos, pero la percusión te retrotrae al primer house de Chicago, las jack tracks. La gente en Londres está haciendo este raro baile como de “cortar figuras”, también conocido como shuffling.

Leyéndote parece que siempre te inclinas por la electrónica más punk… ¿no hay lugar en tu discoteca para sonidos puramente hedonistas, tontunos, pijos y soleados?

No, a mí me encanta la parte tontuna y cursi de la música de baile. Mucho del hardcore en Reino Unido, mucho del gabba, es muy cursi. El big beat también. Hay una corriente de cursilería corriendo por medio de la música británica que me gusta – sigue estando en el jungle, en el garage británico. Aparecen samples de canciones pop, películas o series de televisión, incluso de musicales. Realmente me gusta esa sensación caótica en la música rave. Para mí, la música house no tiene ese elemento. A veces atiende demasiado al gusto, demasiado madura, demasiado musical.

En la electrónica de ayer y hoy podemos diferenciar, así grosso modo, entre los estilos que tiene mucho de rock and roll y los que no… ¿son los menos rockeros los más puros y por ello interesantes para ti?

No, de hecho prefiero aquella que tiene algo de rock dentro. El hardcore, el gabber, el jungle, el big beat es música que tiene una afinidad con el rock, el metal y el punk. Agresividad + euforia.

Una de las revelaciones más interesantes del libro es cuando asimilas al “ardkore” y al gabba con el heavy metal… ¿de verdad has comprobado que ambas son de las tribus urbanas y sonoras menos violentas a pesar de su apariencia y de la fiereza del sonido que aman?

Sí, de hecho, es algo de lo que yo mismo me he dado cuenta, de que la música que parece violenta en su imaginería y estilo tiende mucho menos a padecer violencia en sus conciertos. Como, por ejemplo, habiendo crecido en el Reino Unido, al pasar alado de según qué gente por la calle, podías sentir miedo de algunos miembros de ciertas tribus urbanas. Pero si ves a un grupo de fanáticos del heavy metal, jamás te ibas a preocupar porque son la gente más inofensiva. Eso es porque tienen una identidad que les hace sentir a gusto y que pertenecen a algo y porque la música actúa como válvula de escape para su violencia. Tienen un lugar de catarsis.

Pasa lo mismo con los punkis. En los setenta, el punk asustaba a la gente “normal” por su imagen – su representación simbólica de la negatividad. Parecían monstruos. Pero los punkis fueron las víctimas de la violencia antes que fuentes de la misma. Fueron otras tribus subculturales las que atacaron a los punks y muchos de los ciudadanos británicos de a pie repudiaban su manera de vestir. Los punkis sufrieron violencia verbal, amenazas y violencia física real por la violencia semiótica de su apariencia.

Lo mismo con el gabba – el comportamiento, los cortes de pelo al cero y esas cosas probablemente asustan. Pero, básicamente, son críos inofensivos. En los eventos de gabba a los que fui no había tensión o sentimiento de amenaza, a pesar de la agresividad y amenaza de la música.

EDM, COMO AVANCE EMOCIONANTE

¿Crees que la EDM es realmente tan despreciable y asquerosa como dicen todos los periodistas musicales con más de 40 años o realmente es una nueva mutación electrónica, con mucho de rock, que solo entienden los más jóvenes y desprejuiciados?

No, como escribo en el libro en su nueva sección, creo que es un avance muy emocionante – una generación nueva y masiva sin sentimiento de reverencia al pasado, para los que la música electrónica no es ni siquiera una causa, es algo normal. En este momento, la música no es demasiado interesante o radical, pero espero que se vuelva más oscura y retorcida. Algunos del público querrán escuchar, a medida que maduren, música que les suponga un reto, sonidos más sofisticados. Un DJ y productor que conozco me estuvo hablando de todos los nuevos conceptos que se están desarrollando en la producción, diseño de sonido, los nuevos programas y plugins, todo está siendo explorado en el EDM, aunque siempre de una forma muy estructurada y formulada tradicionalmente.

¿Es cierto que en tu próximo libro te sumergirás en el glam rock? ¿Se puede saber tanto de tantos géneros musicales y no ser un estafador?

Sí, es la historia del glam rock y también apunta al legado del glam, en términos de su influencia en el pop reciente. Me encanta el glam, lo recuerdo de cuando era un niño a principios de los setenta, me parecía muy normal que la música pop estuviera llena de freaks y raritos y personajes de aspecto curioso. Luego, a principios de los 80 mis colegas y yo emprendimos un gran viaje de redescubrimiento con T-Rex, The Sweet, Alice Cooper y tantos otros. Es algo que me surgía a menudo como punto de referencia e interés, a la hora de hablar sobre las influencias del glam en las bandas británicas de los 90, como World of Twist, Suede y Pulp, o revisando las reediciones de Roxy Music. Pero realmente no se tanto, por lo que el libro es un gran viaje de descubrimiento. Tengo todo tipo de pasiones e intereses sobre los cuales no he tenido demasiadas oportunidades de escribir en el pasado: la psicodelia, el garage punk, el krautrock, el jazz rock de la era post Miles Davies… Y muchos otros.

Para terminar Simon, en el libro dices, de forma constante, que los estilos musicales de verdad interesantes son los que van mutando en otras cosas de forma constante y no se quedan estancados sin haber aportado nada a la historia musical… ¿cuáles crees que serán los estilos electrónicos vigentes y masivos dentro de 20 años?

No estoy escuchando nada en este momento que crea que pueda revivir de la misma forma que mucho del retro-jungle o retro-hardcore que se hace durante los últimos años. Probablemente, los pasos sonoros más grandes en los últimos 10 años han salido del dubstep, en particular con esa línea de bajo tan tambaleante, esos sonidos tan guarros de bajo. Por ello, pienso que esa fase del dubstep podría ser revisitada dentro de unos años. Creo que para que algo reviva o se considere retro tiene que ser original e innovador en su tiempo de creación.

Si escuchas muchas de las cosas que se hacen hoy, son reinterpretaciones de unas plantillas que ya llevan tiempo establecidas – como Disclosure con el garage de Reino Unido. Hasta el “deep-tech” es, básicamente, una renovación de la música house. Gesaffelstein, cuya música me encanta, está volviendo al techno oscuro de principio de los noventa y a la Euro Body Music de finales de los ochenta. Hay muchos artistas, como Perc y Dense & Pika que están volviendo a los sonidos proto-techno de la música industrial de los ochenta y al techno crudo de “nave industrial” de los noventa. Si lees revistas de música electrónica, encontrarás muchas veces las palabras “retorno” o “regresos” en los artículos.

Pero hasta la mega-ecléctica “Internet Dance Music” que hay ahora es una composición o una mezcla de ideas desarrolladas a lo largo de la historia de la música dance. Lo que sí que es nuevo es la producción de alta definición, gracias al software que puedes conseguir que permite a cualquiera con un portátil hacer música de millones de dólares.

Simon Reynolds presenta ‘Energy Flash’ en la editorial Contra. Ya a la venta.

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‘ENERGY FLASH’

Un viaje a través de la música rave y la cultura de baile

En su doble faceta de historiador y «observador participante», crítico musical y fan, intelectual y noctámbulo, Simon Reynolds ha escrito el que está considerado como el mejor libro sobre la cultura de baile y la música rave. En esta edición ampliada de ‘ENERGY FLASH’, el autor de Retromanía’ yPostpunk: Romper todo y empezar de nuevo’ entrega el que probablemente sea su mejor y más ambicioso ensayo.

Desde los orígenes de la cultura de baile con el sofisticado techno de Detroit, el hedonismo toxicómano del house de Chicago y el fervor bacanaliano del garage de Nueva York, pasando por la eclosión del acid house y el rave en el Reino Unido a finales de los ochenta, que nacieron de la cultura balearic importada de Ibiza, de la proliferación de pastillas de éxtasis y de las primeras fiestas ilegales en naves industriales, Reynolds da cuenta de la explosión de un nuevo tipo de cultura hedonista propulsada por las drogas que dará lugar a una de las grandes revoluciones de la historia de la música. Con sus infinitas ramificaciones, géneros y subgéneros, la cultura rave muta a la misma velocidad con la que las drogas que frecuentan cada escena lo hacen en el metabolismo de sus actores. Reynolds retrata con una intensidad y brillantez inusitadas algunos de los movimientos musicales más locos y perturbadores de todos los tiempos: Madchester, el hardcore británico, la escena de raves del entorno Spiral Tribe, las radios piratas, el advenimiento del jungle y su frenesí polirrítmico, el particular y exacerbado rave estadounidense, el furor del gabba belga, el narcotizado trip hop, el trance… hasta llegar a la dispersión genérica del postrave, cuyas variantes estilísticas han estallado en infinitas y heteróclitas direcciones, como el dubstep o la EDM.

A partir de entrevistas con algunos de los principales productores, DJ y personajes clave de cada escena —Juan Atkins, Derrick May, Carl Craig, Paul Oakenfold, Richard D. James (Aphex Twin), Goldie, Tricky, Jeff Mills, Richie Hawtin, DJ Shadow, entre muchos otros—, Reynolds revela y analiza con un estilo trepidante, conceptualmente exuberante y sazonado de algunos de los mejores pasajes de la literatura musical las claves creativas de la música y la cultura rave, con especial énfasis en la faceta más hardcore, hedonista y toxicómana.

ENERGY FLASH es un libro sobre algunos de los sonidos más radicales de la música de los últimos treinta años. Reynolds es un maestro cuando se trata de aprehender el espíritu y la intensidad de untrack, y el libro es una mina inextinguible que nos descubre los tesoros mejor guardados del underground más reciente.

http://editorialcontra.com/producto/energy-flash/