Saber renovarse y no morir en el intento

Autor: Julia Lozano & Diego Fernández

Fotos: Sónar (Alba Ruperez / Nerea Coll)

Cómo sería junio sin nuestro querido Sónar. Porque el sexto mes del año es sinónimo del cada vez más, macrofestival; y éste, de vanguardia tecnológica, sonora y visual. Así lo lleva siendo desde su orígenes hace ya 24 años. Lo curioso es que haya sido precisamente en esta última propuesta cuando el festival catalán se haya llevado el gato al agua albergando más de 123.000 asistentes,  superando así el record histórico hasta la fecha. Y decimos curioso porque nos cuesta entender cómo con tal ola de calor, y un cartel algo falto y con sensación de “dejá vu” –seamos francos – consiguiera alzarse por encima de su propia competencia, es decir, sus anteriores ediciones. Si el año pasado la queja generalizada se resumía en un line up demasiado casposo, facilón y “a lo ibicenca”, casi olvidando las raíces y reputación por las que Sónar es Sónar, todo apuntaba a que este año la historia, en cierto modo, se repetiría. Nicolas Jaar, Moderat, The Black Madonna, ¿Marco Carola?… nombres que o bien se han podido catar en el propio festival en sus últimas ediciones – o en el de la competencia por antonomasia –, o lo que es peor, que poco o nada tienen que ver con el espíritu, filosofía y sonido de Sónar.

El calor fue la mayor y más ardua de las batallas. La sensación de sofoco constante acompañaría las 3 jornadas – día y noche, importante destacarlo en esta última – con miles de clubbers en busca de sombra o los mínimos recodos de aire acondicionado, a caballo entre el asco, la desesperación y el gozo químico. Pero Sónar es Sónar por algo. Aún sin a veces convencernos del todo, ahí que vamos, año tras año, a papar bien de vanguardia sonora. Porque es un festival en el que te puedes pinchar lo ultimísimo en millenial trap (encabezados este año con un nuevo escenario como principal novedad) con nombres como Bad Gyal o Yung Beef, hasta perderte entre pioneros electrónicos de los 70 como Suzanne Ciani o Cerrone. Sin embargo, y dejando de lado los contras y problemas de esta edición, véase el excesivo calor, la falta de apoyo en barras o baños, fallos de sonido en hasta 5 actuaciones o el tener que hacer cola hasta para hacer cola, si hay algo que hemos echado en falta ha sido el vinilo. Manda bemoles que en Sónar el vinilo brille por su ausencia. Pudiendo recuperar el vinilo como leitmotiv, a modo homenaje o enseñanza para las generaciones venideras, nos han faltado mezclas y sesiones “vinyl only”. Tan sólo Fran Lenaers (catastrófica su mezcla, no así su selección artística), la señorita Kraviz (cerrando el Sónar de Noche el viernes, “a toda makina”, literalmente) o Craig Richards, echando el telón de cierre al día del jueves, se “atrevieron” con el plástico.

SÓNAR DE DÍA

Quizá por su menor aforo o porque las cosas diurnas simplemente tienden a funcionar mejor, Sónar de Día ha vuelto a ganar por goleada a su hermano mayor. Si bien es cierto que cada año éste va convirtiéndose en un festival masivo, su espíritu “CCCB” hace que los clubbers se sientan como antaño. Es posible que si no fuera por los “conciertos” inaugurales de ambas noches, muchos son los que apostarían únicamente por la delicia que supone la edición diurna. Buen rollo, música variada, sombra o sol – a elegir –, aire acondicionado en caso de extrema necesidad o incluso auditorio; espacio tachado de culto y puretil por los que se limitan al bailoteo fácil en el Village, pero que alberga cada año varias de las mejores actuaciones del festival. Siguiendo la estela de El Niño de Elche la pasada edición, la actuación de Aitor Etxebarria fue probablemente uno de los mejores directos. Con el auditorio casi lleno y acompañado por su banda, el de Gernika homenajeó a su pueblo en pleno aniversario del bombardeo en la Guerra Civil. Un directo perfectamente sincronizado, con guitarra, violín, chelo, sintes, voces y Aitor a los mandos como director de orquesta. Pelos como escarpias al escuchar cortes de su último largo formato, ‘Markak’ y varias piezas inéditas. No exageramos si decimos que pudo ser la actuación más emotiva y mejor ejecutada del festival.

Sonando casi al mismo tiempo en Village, Rumore en un directo de enmarcar. Otro que se podría colar en nuestro top sin problemas, por lo menos en su respectiva jornada. Y es que somos muy del open air a esas horas, donde los lives individuales cobran especial importancia entre ritmos más lentos, cálidos… y más Sónar. Ya lleva ocurriendo en varias ediciones, donde el Village acaba por transformase en un patio de recreo británico, con sonido muy limitado y casi siempre deambulante entre el reggae y UK bass para esos que se limitan (valga la redundancia) al bailoteo fácil y descarado. La muestra perfecta del paso al frente de las nuevas corrientes sonoras venidas desde UK, aunque procedentes de EEUU, fueron Princess Nokia o DAWN (el jueves) o Stooki Sound el viernes. Una mezcla de RnB, grime y hip-hop de la nueva escuela, con mucho rap y poco baile, todo quede dicho. En el caso de Nokia, arrancando a lo bestia con su hit ‘Tomboy’, stage dive incluido, y abarcando parte del slot de Bawrut para tocar media hora y volver a subirse al escenario poco más tarde.

Los directos de Arca, Forest Swords o Jacques dejaron temblando a más de uno. El primero, con una actuación mucho más explosiva que el pasado año. Cerrar con el venezolano la jornada comienza a mitificarse como lo del acudir al Sónar sin tatuajes… ni bolsitas de ningún tipo. Se vio a un Arca más maduro, atrevido y sin tapujos. A grito pelado donde imperó más la performance que el contenido sonoro. A golpe de visuales de lo más grotesco, llegó a pedir reiteradamente el desalojo de todo menor de edad. Su rabia y estridencia iban acompañados de los visuales de un tímido Jesse Kanda. Nos quedamos con el entramado visual, memorable y atemporal; de la música, poco o menos. El que sí partió el Hall fue Forest Swords, que entre tema y tema de su último trabajo ‘Compassion’, azotaba al público con beats lentos en clave de dub, postdubstep e IDM, hipnóticos visuales y un guitarrista de estudio ayudándole con las melodías.

Clark y Jacques, en la segunda jornada, fueron los indiscutibles ganadores. El primero presentaba también nuevo álbum y el segundo brindó una lección de sampling o “cómo crear tu música en directo desde cero a base de objetos cotidianos”. Con auténtico atuendo freak, el francés saltó tímidamente al escenario para jugar con tenazas, pinzas, ventiladores y demás objetos, componiendo y de construyendo sonidos y ritmos a tiempo real. Un directo a medio aforo y que aunque no arrancara a bailar a todo cuerpo presente supo leer y plasmar la importancia que tiene actuar en Sónar; y más en ese escenario.

Pero qué sería de Sónar de Día sin nuestro escenario favorito, el que de verdad apuesta por la diversidad y se aleja sistemáticamente del sota, caballo y Rey. Sónar Dôme volvió a dar durante las tres jornadas una masterclass de buen hacer y selección artística contando con nuevos y emergentes figuras paridas en los altos hornos de su Academy o pioneros y talentos ya consolidados. Por allí desfilaron unos desconocidos Christian Tiger School, sudafricanos y gran sorpresa del personal. Su directo, batería incluida, fue un cóctel explosivo a punto de reventar. Difícilmente clasificable, el trio se metió al personal (menos de la mitad de la pista) al bolsillo con cada tema; de menos a más y sacando un sonido el Dôme como pocos.

Qué decir de la pupila aventajada de Don Buchla, Suzanne Ciani. Exprimiendo su sinte, a base de prueba y error en más de una ocasión, la californiana mostró lo que puede dar de sí un sintetizador como el Buchla. Only Buchla, sin vocoder, ni ordenador, ni piano de ningún tipo. El único pero, el constante paliqueo del personal, que abandonaba el espacio esperando que llegara un bombo a negras. Pero nada de bombos, un concierto por y para fans de lo analógico y modular que supo a poco.

En el mismo espacio, Matmos se calzaban nada más y nada menos que una lavadora en medio del escenario. Ésta, funcionó como principal conductor durante su directo. Clicks y cuts y todo tipo de deliciosos ruidos que salían desde dentro de la máquina. Igual de contundente, Veronica Vasicka, que tiró de soltura y clase con un hybrid set ejecutado a la perfección y que incluyó sendas joyas de su sello Minimal Wave records. Apoteósico final con el ‘Devil’s Dancers’ de Oppenheimer Analysis. De sobresaliente.

Sin embargo, la cruz este año se la llevó Floorplan Live, por méritos propios y con un set pregrabado tildado de live. Lyric, su hija, se limitaba a disparar efectos sin orden ni concierto bajo la mirada y supervisión del tito Hood; por no hacer sangre y mencionar otro reventón de PA y refuerzos a mitad de sesión –como ya ocurriera con el directo de Lanoche al comienzo de la jornada-.

SÓNAR DE NOCHE

De noche Sónar es otro cantar. Su programación lleva años dejando en el aire el debate sobre la imperiosa necesidad de un lavado de cara. Algo que se aleje del ámbito más comercial y fácilmente visto por otros lares, y que continúe en la onda del espíritu Sónar. Si a esto le sumas una ola de calor que sobrepasaba los 32 grados a las 22:00, podéis imaginar.

Con un SónarClub hasta los topes, el británico Hopkins se dedicó a soltar zambomba un tanto impropia de él. Vale que se marcó sus clásicos ‘Open Eyed Signal’ y alguna joyita más, pero con eso no basta. Hopkins da para más y así lo ha demostrado en multitud de ocasiones, entre ellas en el propio festival catalán.

Mejor sonaron los indiscutibles cabezas de cartel, Moderat. Esperar algo diferente o sorpresivo del trío germano es un error. Algo más acelerados y a golpe de clásicos pusieron el Club patas arriba. Se notaba que había ganas y el resultado, de toma pan y moja. No tan bien, Nicolas Jaar y su directo. 20 minutos de atmósferas, texturas, pads y trallazos a los sintes, para soltar ruido sin ton ni son durante buen parte del show. Unos dirán que en eso consiste un live –y más uno como el ‘Sirens’ –, en dejar al artista expresarse y que la música hable por sí misma, pero vistas las caras de decepción y amargura de varias de las presentes, parece el chileno no acertó en absoluto. Ciertamente acabó marcándose fragmentos del ‘Space Is Only Noise’ y varios temas de su disco homónimo al show (‘No’, entre otros) pero la masa esperaba un directo, posiblemente, similar al de pasadas ediciones; gajes del oficio…

Poco acertado, artísticamente hablando, Derrick Carter también en SónarPub. Los que esperábamos house, nada de nada. Techhouse “Pure Ibiza” y si te he visto no me acuerdo. Sería la señorita Kraviz la que arrancaría, tímidamente, los bailes de los presentes. Sin ser precisamente santo de nuestra devoción, su set lo corroboró… por enésima vez. Una sesión para auténticos boxeadores de la pista. ¿Dónde está la Kraviz de los orígenes, esa selectora musical sin igual? Mucho baile, mucho desparpajo y mucha cera; en ambos sentidos porque fue de las pocas que desempolvó los vinilos.

Sin querer hacer leña del árbol caído, evitaremos por respeto hacer mucho hincapié en el set de uno de los pioneros en esto del mixing, Fran Lenaers. No fue agradable ver al levantino sudando tinta a causa de los innumerables problemas técnicos que eclipsaron su exquisita selección. Cerrone en cambio fue todo un espectáculo. Con un set apostamos a que pregrabado – no hizo uso de los cascos en ningún momento – a él apenas se le intuía hasta que salió a agradecer al público su energía; una energía propia de Djs vistos por Tomorrowlands de turno, más preocupado por levantar las manos que por sus mezclas. Cuando sonó ‘Supernature’, la gente del revés, todo quede dicho.

Mejor que bien, De La Soul. Todo un lujo para los que nos los perdimos la última vez. Tirando de clásicos y sin atisbo alguno de sus últimos dos álbumes, descorcharon el old school que llevan dentro. ’Ring, Ring, Ring’, ’All Good’, ‘A Rollerskater Named Jam’…un auténtico gustazo a ritmo de soul y hip hop crudo y noventero. Igual de bien, o casi, Anderson .Paak y compañía. Derroche de talento en el escenario con el protagonista cantando, bailando y atizando la batería como sólo él sabe. Sin tantos jams de percusión entre el reportorio, el jazz, el funky y la electrónica se abrazaron sin miramientos.

Pero este Sónar ha sido una oda al eterno femenino; lo destacable quedó todo en manos de mujeres. La calidad de los sets de Clara 3000, Avalon Emerson & Courtesy, y la gran dama del house y el techno, The Black Madonna, que se marcó un cierre histórico, con lo que ni dudamos en considerar una técnica contundente y una energía de otro planeta. Aunque muchos la tachan de construir un set a base de ellos, sonaron, entre otros hits, ‘Music Makes You Lose Control’ de Les Rythmes Digitales, rescatada del olvido y colocada en sus sitio. Nunca está de más al amanecer de un Sónar…en el que se acabaron los abanicos.

Pues eso; Sónar, o lo que es lo mismo, saber renovarse y no morir. Que tampoco lo haga de éxito. El año que viene nos bailamos, Sónar. ¡Felices 24!

*Extraído de Dj Mag ES 078