Recuperamos un reportaje de la emblemática escena valenciana de nuestra edición #027.

Mucho se ha escrito sobre la Valencia de los años ochenta y noventa; aquel ecosistema de discotecas, la ruta destroy, el bakalao, las drogas, la violencia, los accidentes de tráfico… Detrás de la perspectiva negativa y sensacionalista que ha predominado en el tratamiento periodístico de aquella época, se esconde todo un fenómeno cultural y social, descrito en escasos pero impagables trabajos como el libro ‘En èxtasi’, del profesor en la Universidad de Valencia, J. M. Oleaque; el libro ‘La Ruta. Una historia a ritmo de música bacalao’, de David Sáenz; el documental 72H, producido por Eme Eme Producciones y el reportaje ‘Luz tras el apocalipsis bakala’, de Fernando Fuentes en la revista Trax.

Texto: PABLO FERRER

No deja de ser curioso que el epicentro del fenómeno ocurriera en salas situadas entre arrozales, con enorme tradición rural –Chocolate por ejemplo era un almacén de arroz– y que su público procediera principalmente de los municipios cercanos, todos pueblos. Vanguardia, intelectualidad, transgresión, cultura de masas para un público, en teoría, menos cultivado. Eso no quita que la gente de la capital se desplazara, pero era minoritaria en la escena. El idioma que predominaba era el valenciano, predominante en Gandía, Sueca, Xàtiva o Alzira y la orientación política, al menos en la primera parte, de izquierdas. A finales de la década el término merchandising tenía en Valencia su máximo esplendor, coches con adhesivos de las salas más representativas, abanicos, llaveros, mecheros… y ya a principios de los noventa se inventaron las fiestas en los aparcamientos de las salas, como por ejemplo en N.O.D., e incluso sustitutivas de las mismas al organizarse macrofestivales que sobrepasaban la capacidad legal de la discoteca. Todo esto derivó en un impacto sociológico sin parangón hasta ese momento.

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ANTECEDENTES

Valencia a principios de los ochenta ansiaba la libertad como el resto del país. Habíamos vivido una feroz dictadura y todavía era evidente la enorme convulsión producida por la batalla de Valencia, un conflicto identitario que enfrentó a la sociedad valenciana durante la Transición Española, caracterizada por una notable conflictividad y violencia, y que provocó una fractura política y social en esta región histórica que aún en la actualidad perdura. La transición valenciana fue la segunda más violenta de todo el país por detrás de la del País Vasco. Esa ansia de libertad se tradujo poco tiempo después en el mayor movimiento clubbing jamás visto en España y tuvo enormes consecuencias a largo plazo tanto dentro como fuera de sus fronteras. También tuvieron su influencia para bien la calidad de los programas de radio y televisión de la época, como ‘La bola de Cristal’, ‘Tocata’ o ‘La Edad de Oro’ o los inteligentes fanzines editados en el momento. Se daban todas las circunstancias y es innegable que el clima valenciano, la permisiva ley del momento y las ganas de fiesta de sus gentes ayudarían todavía más a focalizar el asunto.

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LOS PROTAGONISTAS

El fenómeno cultural valenciano de los ochenta no se sabe exactamente cuándo comenzó pero sí se sabe que produjo una serie de artistas de enorme calado en todas las disciplinas posibles, desde diseñadores, léase Francis Montesinos, a pintores, actores, escultores y bandas de música, especialmente de rock como Glamour, Comité Cisne o Seguridad Social. Estaba claro que Valencia no era sólo discotecas, pero es evidente que sí es lo más recordado de aquella época. Valencia se convirtió en el centro electrónico, y no tan electrónico, de la Europa de entonces gracias a macrodiscotecas de primerísimo nivel y a una programación de conciertos muy destacable en salas como Barraca, Chocolate, Spook Factory, Puzzle, Heaven, Espiral, N.O.D., más tarde la legendaria ACTV o The Face, y artistas como Megabeat, Chimo Bayo o en los noventa Double Vision, y djs punteros solicitadísimos en el resto del país como Fran Lenaers, José Conca, Kike Jaen o Nacho Division.

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EL VUELO DEL MURCIÉLAGO, SPOOK

Hablar de Fran Lenaers es hablar de un mito. Él solito llenaba de sonoridad inimitable las paredes de Spook, el gran referente de las mañanas de los sábados y domingos durante bastante tiempo en gran parte por culpa de otro grande, Juan Torpedo. Ya en su proyecto Megabeat, Lenaers había ofrecido una línea vanguardista jamás vista hasta entonces en Valencia. Cuando comenzó sus sesiones en Spook lo que más fascinó a todo el mundo fue su inteligencia, su maestría tras los platos, su enorme conocimiento musical y sus majestuosas mezclas. Lo conseguía mezclar todo, ya sea música negra, pop, rock, synth o techno y muchas veces con bases procedentes de otros temas e incluso mezclando un mismo tema en dos platos distintos, cosa que le confería un efecto especial. Lenaers era y es un gran entendido de la música electrónica centroeuropea, aquella que invadía las salas de todo el continente a mediados de los ochenta, como Front 242, Nitzer Ebb o Clan of Xymox.

Además, Lenaers también fue con toda seguridad el responsable de cierto cambio musical progresivo. Dejó de pinchar el rock que en otras salas todavía se ponía, hay que recordar que la escena clubbing valenciana tuvo un comienzo rock que fue cediendo protagonismo ante la música electrónica, es decir, ebm, techno, dance y ya en su decadencia, mákina. ¿El mejor dj valenciano de la historia? Para muchos sí, y hay que reconocer que ha habido mucha competencia. Él contesta a esta pregunta con su modestia habitual: “No me considero ni mucho menos el mejor dj de la época, lo que sí hice fue marcar un estilo propio, que costaba bastante imitar”. Para Lenaers, la magia de Spook tiene un culplable, sus horarios, “Según mi opinión y reflejando los comentarios de la gente que frecuentaba la sala, al tener horarios más abiertos daba pie a poner algunos estilos de música menos habituales que en locales más comerciales. Abrió la música que poníamos en Valencia al resto de España incluso de algunas zonas de Europa”. El vuelo del murciélago atrajo a muchísima gente de distintos puntos de España fin de semana sí y otro también. Autobuses llenos viajaban a Valencia deseosos por conocer lo que se cocía en estas tierras. Y el sonido del Ángelus a las doce del mediodía con toda esa tribu gritando, de juerga y sudorosa debía de ser para guardar en la memoria por siempre.

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LA REINA DE VALENCIA, BARRACA

Antes del boom de Spook, Valencia ya había conocido dos salas de enorme tradición, Barraca y Chocolate. En la primera se originó lo que acabó siendo la mayor demostración cultural jamás vivida en nuestro país. Por sus cabinas han pasado los mejores djs valencianos, a excepción de Lenaers, léase Juan Santamaría, Carlos Simó, David Verdeguer, Danny Fiddo o su actual residente Rafa Siles. Barraca era conocida ya a finales de los setenta por querer ofrecer siempre algo distinto. En esta sala sonaban al principio rock e indie, ya fuera U2, The Clash o Joy Division. Más tarde entraron el synthpop y el technopop como Depeche Mode o Ultravox. El denominador común era la música blanca, lo que había sonado hasta entonces dejó de hacerlo, no por antiguo, sino por ofrecer algo completamente distinto.

El creador de ese nuevo sonido fue Carlos Simó, un referente de las cabinas valencianas y amante del sonido alternativo y que no dudaba en romper un disco en plena sesión cuando éste se había vendido a la comercialidad de las radios. Nunca más volvería a sonar y se pasaba a lo siguiente que comenzaba a despuntar allá por las islas británicas. Eran habituales los viajes de Simó al Reino Unido. Hablamos de 1982, año del Mundial de fútbol de España y cuando comenzó la escena valenciana de discotecas de masas. La magia que irradiaba esta sala se contagió a todos los noctámbulos y tribus urbanas que la frecuentaban, allí reinaba el buen ambiente y el espíritu cordial. Se podían ver góticos, rockers, mods, newromantics, pijos e intelectuales alrededor de la inolvidable piscina, en la pista giratoria o subidos a su, todavía intacto, caballito. Todo fuera por el gran ambiente, por la calidad de su música y por el enorme atractivo de su sonido. Rafa Siles habla así de los principios de la sala: “Creo que la Barraca de hace 30 años fue la que marcó el camino al resto de Valencia y probablemente influenció a mucha gente de España. Y donde la música siempre fue su máxima expresión. Actualmente considero que ningún lugar ni club marca ningún camino ni va por delante del resto, en este aspecto la escena está estancada desde hace bastante tiempo. Pero en la Barraca actual, creo que seguimos dando el máximo protagonismo a la música y a la figura del dj. Nuestro querido y respetado Carlos Simó hizo en Barraca que la gente empezara a ver esa figura del dj como algo mas que un simple pincha-discos y nosotros seguimos ensalzando al dj por encima de todo”.

Además, fue una de las primeras salas en ofrecer impresionantes performances tan de moda años después, y de las primeras en ofrecer una oferta de conciertos destacadísima. Fue Barraca la que empezó con la fiebre de los flyers y la que empezó a cuidar hasta el mínimo detalle todo lo que acontecía cada noche. Estaba todo estudiado y no había lugar para los errores. Por último, Barraca fue de las primeras salas donde aparecieron las Drag Queens con la famosísima Faraona por encima de todas sus rivales. Fue, es y será la sala más reconocida de Valencia y una de las dos o tres con mayor fama de todo el país. Aún pervive su sonido y sigue aguantando el tirón dentro de un contexto económico negativo sin precedentes.

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LA CAPITAL TAMBIÉN TENÍA ALGO QUE DECIR, ACTV

La escena de masas valenciana no se dio sólo en el entorno de la ciudad, también se produjo en salas como Distrito 10, de claro ambiente “pijo” o la vanguardista ACTV, posiblemente la sala que mejor se adaptó a su época. ¿Primera sala del siglo XXI? Muy posiblemente. Y no hay que decir que por aquí también pasó Fran Lenaers o gente como Arturo Roger.

ACTV se encontraba en la playa de Valencia y su sonido estaba muy influenciado por el del verano del amor del año 88, es decir el acid house. Este sonido junto al new beat y el habitual rock, techno o ebm es lo que la convirtió en una sala enormemente ecléctica y referente durante tantas y tantas tardes de domingo. Su público era muy abierto, pero predominaba el de trabajadores de otras salas, ya fueran camareros, seguratas, gogós o relaciones. No en vano, al tratarse durante buena parte de su existencia de la última sala importante en cerrar el fin de semana, se convirtió en lugar de reunión de la gente más influyente de la noche valenciana. Los amaneceres desde ACTV frente al mar prácticamente a pie de playa se hicieron muy populares. Otra peculiaridad de esta sala es que llegó a abrir durante una temporada los lunes por la tarde.

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BAILANDO EN UN ALMACÉN DE ARROZ, CHOCOLATE

Chocolate movía lo más underground de una escena ya de por sí underground. Su artífice Toni Vidal cogió una sala a tan sólo 200 metros de Barraca y en precaria situación para convertirla en otro referente del fenómeno. Su idea fue promover conciertos a las siete de la mañana, en pleno colofón de la sesión nocturna, y aunque suene muy marciano a día de hoy, gustó y tuvo un éxito enorme hasta el punto de que bandas incipientes del momento y con enorme proyección pagaban por tocar en Chocolate y así poder sumergirse,

aunque fuera sólo un fin de semana, en la majestuosa escena clubbing valenciana. Era habitual que sonara en este antiguo almacén de arroz música oscura como Bauhaus, Sisters of Mercy o Cabaret Voltaire. A Toni Vidal lo sustituyó José Conca que aportó la técnica de Lenaers y fue el impulsor de una nueva etapa dorada de la sala a finales de los ochenta.

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LA DEMONIZACIÓN DE LA ESCENA

No sólo fueron algunos programas o reportajes de medios depredadores de Madrid, tales como Canal Plus, El País, TVE, El Mundo o Antena 3, o sus políticos, como Barrionuevo y Vera, los culpables de todo, también lo fue la personalidad de los valencianos, su dejadez para sacar rédito de un caso como éste. Al no cuidar con mimo un enorme patrimonio cultural que costó tanto crear. No hay que olvidar que en las salas

Valencianas bailó gente como Antonio Banderas o Carmen Maura, el director de cine Pedro Almodóvar o los músicos Bunbury, Santiago Auserón, Loquillo, Carlos Segarra, Miss Kittin y un larguísimo etcétera. Algo bueno se haría, pero el famoso provincianismo valenciano, el no querer ver más allá de sus límites provinciales, su conservadurismo e incluso despotricar de uno mismo cuando la cosa empezó a irse de las manos, lo echaron todo al traste. Por todo eso y más, Valencia perdió lo mejor que había creado en muchas décadas. Para Joan Oleaque, el fenómeno no se vendió mejor en nuestro país porque “los mismos periodistas que se acercaron a él no tenían el menor interés en lo socio-cultural, sino en las escenas de drogas a plena luz. Ahora, el mundo está acostumbrado a ello. Entonces no. Al mismo tiempo, en el 93, que es cuando el fenómeno se hace público, el tipo de música era menos interesante que en la década anterior, el fenómeno se había popularizado y era bastante fácil venderlo como una subcultura de locos, etc, que no paraba de crecer de manera transversal. Tuvo que pasar muchísimo tiempo para que se contemplara con otros ojos aquello. Y lo hizo de hecho, otra generación más joven. El libro que publiqué, En èxtasi, era una apuesta en ese sentido, y creo que sirvió para que otra gente, otros periodistas, vieran la ruta de un modo menos cerril”.

En esta línea se mueve Rafa Siles, “es muy difícil saber por qué algo así sucedió en Valencia, pero está claro que sólo podía pasar aquí. Madrid tuvo su fenómeno, al igual que Ibiza o Barcelona. La capital siempre ha tenido el poder de los medios y quizás lo ha sabido aprovechar como debía. Nadie habla mal de la movida madrileña, pero en cambio demoniza la mal llamada Ruta del Bakalao, aunque lo que surgió en Valencia no fuera nada de eso, sólo en su tramo final”.

El caso es que si de haber protegido y cultivado la escena quién sabe si a día de hoy el Sonido de Valencia sería conocido en el mundo entero como lo es el sonido Detroit, el de Chicago, el de Ibiza o Berlín. Incluso Barcelona consiguió vender muy bien su escena gracias a festivales como el Sònar y a una oferta de clubes inmensa y tremendamente interesante. Un ejemplo, Catalunya se medio apropió del boom del momento al crear sellos que no dejaban de sacar los temas que se convertirían en éxito inmediato, aunque muchos de ellos creados por artistas valencianos. ¿Falta de visión valenciana? Muy posiblemente, como lamentablemente en otras tantas cosas. De todas formas, un detalle, a principios de los noventa había más sellos discográficos en Valencia que en el resto del país. Pero algo falló. ¿Qué? Un ejemplo más, el radicalismo de los propios valencianos porque el fenómeno había pasado de moda o por querer pasar página, hasta el punto de demonizar a sus ídolos. Por momentos Chimo Bayo llegó a ser el enemigo público número uno y si ahora se le quiere más es por los nostálgicos y por las nuevas generaciones que no vivieron la escena desde dentro.

Eso no quita que en otros lugares se hicieran algunas cosas también de manera errónea como así lo reconoce el mismo Oleaque: “En Inglaterra, con las rave, se las trató peor si cabe en la prensa generalista; la diferencia es que pronto surgió un buen número de prensa más moderna que, bajo los escándalos y las pastillas, dibujó un panorama radical y creativo que, al menos, equilibró la versión cafre que se había dibujado sobre ellas. En otra parte, al menos, la ruta no hubiera acabado siendo un tabú, como llegó a ser. Al menos no tanto tiempo”. Vamos, que nuestra escena en otro lugar sería muy posiblemente mejor vista y tendría mejor prensa y opinión de la gente. Algo bien se haría cuando las grandes corrientes musicales de los ochenta entraban primero por Valencia y luego al resto del estado o cuando muchas bandas, entre ellas Alien Sex Fiend, se morían por tocar en Valencia sin ganar nada a cambio y eran ellas mismas las que pedían tocar allí.

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LOS CREADORES

La producción musical valenciana tuvo una repercusión considerable, gracias a artistas como los citados Megabeat, Chimo Bayo, número 1 en Japón con su hit generacional ‘Así me gusta a mí’, o Double Vision, con dos hits en Alemania y diversos países centroeuropeos. Gracias a ellos y muchos más, la música creada en Valencia llegó a catalogarse bajo la marca Sonido de Valencia de la que Megabeat fueron los grandes referentes. Ellos así lo ven, al menos Julio Nexus, artista que continúa con el proyecto a día de hoy: “Sí, me considero uno de los creadores del Sonido de Valencia, aunque el término lo acuñaron e 1989 Gani Manero y Fran Lenaers, creadores del sello Megabeat. Más tarde, el término ‘Sonido de Valencia’ pasó a designar todo tipo de “cosas” que no tenían nada que ver. Una lástima que no se pudiera registrar el nombre, pero bueno, eso ya pasó. O no…” La Valencia de hoy es mínimamente consciente de lo que hubo, pero lamentablemente parece que salvo en contadísimas excepciones la Valencia de la época no lo fue en su momento. En esa línea se encuentra Nexus: “Desde 1982 hasta 1992, creo que a nivel general, la gente no era consciente de lo que aquí se cocía. Ahora es cuando muchos se dan cuenta de lo que vivimos… Sólo tienes que ver la cantidad de fiestas Remember que hay por todas partes”.

Pero todo tiene su lado oscuro, igual que Valencia fue pionera en la aceptación y entendimiento de sonidos extranjeros también fue muy ignorante con lo que se producía aquí. Sin ir más lejos, se desconoce ampliamente la procedencia y la importancia de una banda majestuosa como Megabeat. Si estos hubiesen nacido en el Reino Unido o Alemania estaríamos hablando de otros Throbbing Gristle o Kraftwerk. Y Nexus lo sigue viendo así: “Es triste decirlo, pero así es. Sólo tengo que ver el insight de la página de Facebook, donde están detallados los admiradores por ciudades. Mejor no lo digo… Eso no quiere decir que en Valencia no seamos apreciados, pero por lo que estamos viendo últimamente, me he visto gratamente sorprendido por las personas de otros lugares. Quizás sea que Valencia ha tomado otro camino, (no sé cual, por cierto), o que no se puede estar siempre en cabeza, que nadie es profeta en su tierra. Sé que al principio, muchos pensaban que éramos un grupo alemán, o británico… (y todavía me he encontrado a personas que seguían pensándolo 22 años después)”. Algo en lo que coincide Rafa Siles: “Pocos djs son profetas en su tierra. Valencia ha tenido grandes figuras en ese aspecto, desde el más mediático Chimo Bayo a artistas más recientes como Nacho Marco o Affkt, entre otros. Yo a nivel personal me siento muy valorado y querido en Barraca por nuestro público y gerencia, pero desgraciadamente no es lo habitual”.

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LAS DROGAS Y LA ERRADICACIÓN DEL FENÓMENO

No se puede negar la importancia de las drogas en el proceso de la escena valenciana y hay que aceptar el enorme papel que supuso su presencia en las salas. Siempre ha habido drogas en toda manifestación de ocio, tripis o marihuana de la época hippie en los sesenta, pastillas o anfetaminas con la explosión del punk a finales de los setenta, y así hasta el presente. Lo de Valencia no fue una excepción, hubo drogas para cada época del fenómeno. Cuando la escena no tenía carácter masivo la droga que se consumía era la mescalina, una droga no tan agresiva, incluso placentera y exclusiva en la escena. Cuando desaparece la mescalina se produce un vacío y más tarde, según el fenómeno avanza, entran drogas más agresivas consumidas por gente más joven, con otra idea de fiesta, y que ni siquiera había conocido la mescalina. El resultado directo es la aceleración de la música. Causa efecto. Cambia el ambiente, se vuelve más violento, pero el efecto llamada es ya incontrolable. La escena ya tiene su nombre comercial, Ruta del bakalao, perfecto para tiburones mediáticos que magnificaron los errores, muchísimos, de los responsables del movimiento, y el ansia de hacer dinero fácil de algunos empresarios.

A eso se le añade el triste asesinato de las niñas de Alcàsser, que se llegó a relacionar injustamente con la ruta, más el comienzo de la TV basura tan conocida hoy en día. Muchos programas experimentaron con este nuevo formato sensacionalista en Valencia. Por si fuera poco, el documental 24 horas de Canal + salta las alarmas de las administraciones. El gobierno del PSOE se propone acabar sí o sí con la ruta, pese a quien pese, mediante controles exhaustivos en todas las salas, redadas dentro de las mismas, relacionaba accidentes de tráfico en cualquier punto del país con la ruta, y un largo etcétera.

A eso se le suma el recorte de horarios, mayor control de la administración autonómica, peor ambiente en las salas por su masificación y la atracción de gente ajena a la escena y cada vez más agresiva y de orientación política muy diferente a la inicial. Por si fuera poco, la calidad musical pasó a ser de un nivel muy bajo y extremadamente acelerado. Todo esto deriva en una caída corta e intensísima. Se cayó mucho más bajo que en cualquier otro punto, entre otras cosas porque se estaba muy arriba. Algo así no puede volver a ocurrir ni en Valencia ni en ninguna otra parte porque la escena valenciana sucede en un país en estado de modernización. La España de los años ochenta sufre innumerables cambios y todo proceso de desarrollo creativo es bien visto, al menos por los gestores del momento, los mismos que terminan tiempo después con el fenómeno. Cuando el país llega a un estado de evolución considerable, año 1993, la escena ya no requiere de tanto interés. Ya no es tan simpática para las administraciones. Y hay que erradicarla… Un país desarrollado no se puede permitir un fenómeno de masas incontrolado. El error de los creadores de la ruta fue no amoldarse a la modernidad del país que la acogía. Desde entonces, Valencia, un coloso que fabricó la música electrónica al mundo y que por momentos llegó a querer a sus ídolos, nunca más volvió a resurgir de sus cenizas.

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*Pablo Ferrer, periodista valenciano colaborador en medios como DJ Mag ES, La Milk, Mondo Sonoro, DJ1 Magazine… Promotor de salas como Barraca y Narita (2005-2009). Creador del proyecto Nomenklatura (2003-2005) y creador de eventos en clubes como Le Club, Mogambo o Látex (2003-2006). Desde 2009 reside en Praga, República Checa, y es empresario.