Demasiado grande para estar en el club de los 27

Texto: JM Tello

“Simplemente queda dar las gracias y empezar a coleccionar sus discos como en su día guardamos como oro en paño los de Nirvana. Porque Avicii es sonido de una generación, banda sonora de una época. Da la casualidad que la nuestra. Es el centro exacto del punto de inflexión. Si hubiera tocado la guitarra hace unos cuantos lustros lo mismo esto lo estábamos viviendo en clave A Dos Metros Bajo Tierra. Los tiempos cambian. Y las costumbres y la forma de afrontar la vida también”.

Esta fue la frase con la que hace exactamente dos años cerré un emotivo artículo para una revista española con motivo de la confirmación de que Avicii dejaba los escenarios. No quería ser demasiado explícito y una ola involuntaria de elegancia y serenidad me invadió. Mis palabras solo enmascaraban un sentimiento mucho más básico con ínfulas de escribidor. Para un tipo que ha seguido profesionalmente su carrera casi desde el día cero, creo que, en realidad, mis palabras guardaban un poso de alegría. Como la sensación de ver salir ileso a un piloto después de un duro accidente. Pero sí. Avicii, a su manera, y para desgracia de la música (y de su familia) era el Kurt Kobain de la música electrónica. Y digo Kurt Kobain por el parecido físico, pero bien podría emplear en el símil a Amy, a Jim, a Jimmy o a Janis.

La historia de Avicii es un cuento de hadas. Mucho más que la de ídolos que le han seguido como Martin Garrix, un chaval que estudió cuatro años en la escuela más prestigiosa de los Países Bajos y que salió de la misma con la madurez propia de un chaval de 18 años pero con el suficiente conocimiento del mundo como para sacarle legalemente una tajada a Spinnin’ que hizo temblar las bases de la disquera más importante del mundo. Otros jóvenes como Kygo o Zedd también fueron drásticas erupciones volcánicas en la escena electrónicamente mainstream.

Pero Avicii pasó en apenas seis meses del absoluto anonimato a ser la estrella de la música electrónica mundial. Sería complicado hacer una análisis objetivo, pero de todas esas canciones de electrónica “comercial” que han abrasado en la última década, ‘Levels‘ fue toda una revelación que cambió todo. Hits como ‘Animals‘, ‘Epic‘, alguna de las de David Guetta o ‘Don’t You Worry Child’, por poner un puñado de ejemplos, si bien han podido colectar más visitas en YouTube, no han tenido el impacto multipolar de ‘Levels‘. Mas teniendo en cuenta que en la que época en la que ‘Levels‘ aterrizó en YouTube, a finales de 2011, la red de vídeo no era lo que era. Los tiempos cambian a una velocidad que a veces no podemos ni comprender.

Su influencia

Junto con los Swedish House Mafia forma el núcleo duro del sonido mainstream sueco (Eric Prydz siempre ha preferido mantener un perfil más “underground”). Fuente de inspiración de un puñado brutal de talento escandinavo que estaría por llegar como Alesso, Galantis, Kygo, AN21 (hermanísimo de Steve Angello) e internacional como Matisse & Sadko. Con ellos y con él como protagonista nació el denominado progressive house sueco, nombre que siempre hizo chirriar a la siempre altanera vieja escuela.

Un sonido eminentemente melódico, donde los leads y los claps son los protagonistas. Todo el cuerpo de la batería pasa a segundo plano. Algo que la old school, siempre lista y funcionando, no perdonaría jamás. Si la escuela del Trance holandés llevaba años cambiando el panorama a base de melodías que te volaban la peluca a golpe de arpegio, los suecos llegaron para, digámoslo con honor y regusto, poperizar la música electrónica. Hecho que siempre fue criticado. Pero el hecho de ser la persona que consigue efectuar dicha materialización es automáticamente un genio. Un tipo condenado a pasar a la posteridad.

Fue Tim Bergling quién aproximó a una horda de nuevos seguidores a la música electrónica. La figura que poniendo la banda sonora para aquella mítica aftermovie de Tomorrowland 2011 (que curiosamente compartió con ‘Epic‘) puso a los festivales de música electrónica como objetivo de todos los veinteañeros de la época. Y sin duda Tomorrowland pasó a ser La Meca de este negocio.

El country

En ese punto de su carrera Avicii ya lo tenía prácticamente todo. Dinero, popularidad, los escenarios principales de todos los festivales del mundo. Nominaciones y premios a todo lo habido y por haber (por desgracia se fue sin haberse llevado un Grammy). En 2015 llegó a ser el encargado de poner la música en el baile de la boda de los Príncipes de Suecia Carl Philip y Sofia. Pero él mismo lo decía en la letra de ‘The Nights‘: “Cuando muera seré recordado por la vida que viví, no por el dinero que tuve”.

De hecho, Tim era un filántropo. Con apenas 25 años donó un millón de dólares resultantes de su primera gira estadounidense a la fundación Feeding America. Varios de sus clips como ‘For A Better Day‘ versan sobre el tráfico de seres humanos; o ‘Pure Gridding‘ sobre los problemas de integración racial y social desde un punto de vista global. Avicii no era un artista frívolo. Sí, llevaba un tren de vida a todo a trapo y él no era un chaval de barrio precisamente. Nació en el barrio holmiense de Östermalm. Aún recuerdo cuando estuve en Estocolmo, recorriendo las calles de ese barrio, vacilando a mi exmujer, señalando cada portal diciendo: “Ahí podría vivir Avicii”. Un niño bien, de barrio fino, con un volquete de millones en el banco con apenas 20 años y que no descuidó su posición para lanzar mensajes prístinos a la sociedad.

Esa voluntad bajo ese halo de constante introspección le llevó a explorar horizontes completamente inesperados. Sobre el papel, juntar electrónica y country parecía una guarrindongada de primera categoría. Como mezclar chorizo y Lacasitos. Sus pasos por el Ultra fueron escandalosos y no precisamente por él. Primero porque Madonna le presentó como el hombre con el que ponerse hasta las orejas de Molly en lo que fue oficiosamente el signo del cambio de los tiempos. Ahora las estrellas eran los productores, no los vocalistas. La diva del pop lo sabía y le estaba costando digerirlo.

Precisamente a raíz de su incursión en el country, tuvo una fuerte controversia con uno de sus vocalistas estella, Aloe Blacc. Vio en el reparto de derechos una injusticia, mas para un hombre acostumbrado a los cánones de la siempre clásica industria de Nashville. Hasta el punto de que hace apenas un año acabó lanzando un versión no electrónica del hitazo ‘Wake Me Up‘.

Pero volviendo al Ultra, el sueco tuvo los arrestos de adelantar su álbum inédito en uno de los grandes escenarios del mundo, sin previews. Ver hilos de Twitter de la época era perturbador. Gente riéndose abiertamente de tamaña jugada. Meses después llegó su álbum de debut, True, con el que rompía con su yo anterior y con el que todavía se hizo más grande de lo que ya era. Lo que viene siendo creer en uno mismo. A partir de aquí ya todos conocemos la historia.

El precio de la fama

He de reconocer que me ha sorprendido la reacción general tanto de la comunidad electrónica como de las redes en general. En una sociedad que ha hecho de las redes sociales la cloaca del alma humana y siendo uno de los artistas más hateados de la historia, las muestras de respeto han sido unánimes. Por mis años en la profesión he oído y me han contado decenas de historias sobe Avicii que hoy omitiré por el simple hecho de no caer en el morbo y porque en el fondo, como historias para contar con unas cañas están muy bien. Pero en aras de dar un mínimo de credibilidad a lo que queda dignidad a esta profesión prefiero seguírmelas guardando para mi. En el fondo las fuentes no son fiables y no quiero que este artículo quede como un filón de visitas banales.

Pero he decir que todas esas historias tiene un hilo conductor que lleva a algo que se puede parecer a la realidad: Avicii, como tantos, vivió en el desenfreno. El mítico artículo de GQ lo retrató. Pero a diferencia de otros Tim pasó en apenas un año de estar sentado en casa produciendo con un par de altavoces de tres al cuarto viajar en jet privado por el mundo. Eso, con apenas 20 años, te convierte en incontrolable para ti mismo. Dinero, fama, sexo… Que todo eso te lo tiren a la cara en tu post adolescencia de un día para otro…

Básicamente por eso dejó los escenarios. Hay quién tiene el cuerpo y los genes para llevar según qué estilo de vida y otros simplemente no. En este aspecto es muy recomendable ver su reciente documental True Stories para comprobar la ansiedad y la presión que tenía que soportar un tipo tan introvertido como él.  Además, él era un genio. Quería seguir innovando en la música, lo que realmente le hacía feliz. En lo que realmente marcó la diferencia.

En ese momento pensé para mis adentros que menos mal. No iba a ser el Kurt Kobain de la electrónica. Meses después llegó su último EP (varias fuentes dicen que tiene un álbum que nunca vio la luz aunque a buen seguro algo nos llegará a no mucho tardar). Desgraciadamente me equivoqué. Mi socio puso en el grupo de trabajo que Avicii había muerto. Nada más. Escueto. Rapidamente acudí a Google, La Vanguardia se había apresurado a confirmarlo. Bueno, no es la primera que un gran medio se zampa un bulo. Negacionismo.

Estaba en el metro de Ventas esperando el tren para ir al dosde a echar unas birras y pasarme por un concierto en la Sala Maravillas. Y, ¡joder!, no podía dejar de pensar en que uno de los grandes genios de la música de siempre se había ido. En la electrónica no estamos acostumbrados. Somos un género joven que ha visto como se han ido leyendas y talentos como Frankie Knuckles o Robert Miles. Pero nunca habíamos visto un tipo evaporarse en la flor de la vida dejando tamaño legado. Se fue Avicii, un músico en mayúsculas que cambió la escena electrónica para siempre. Un hombre demasiado grande para estar en el club de los 27…