El Art de Vivre à la Renaissance

Autor: Leire Zuloaga
Fotos: Geofrey Hubbel y Marko Edge

La región del Valle del Loira, cuna de las artes y de la arquitectura del Renacimiento en Francia; celebra a lo largo de este 2019 el quinto centenario de la muerte de Leonardo Da Vinci, el nacimiento de Catalina de Médicis y como no; la colocación de la primera piedra del Château du Chambord.

Y es aquí donde nos desplazamos el pasado día 11 de mayo, al que fue el primer festival, que en colaboración con este edificio emblemático francés, celebra la firma Cercle. Con un cartel repleto de algunos de los nombres más representativos del sonido francés, y por supuesto, los todo poderosos Solomun y Stephan Bodzin, la suerte estaba echada. Todas las entradas vendidas en menos de una hora y la promesa de proyectar en el mundo contemporáneo, a través de un diálogo entre historia y porvenir, la efervescencia musical y el arte del buen vivir – tan presente durante la época del renacimiento -, pero renovados para la época presente.

Nuestra primera sorpresa llegó al ver a Christian Loeffler abriendo el festival… Este músico y productor alemán inicialmente estaba en el cartel; días antes del evento su nombre simplemente desapareció en redes sociales y carteles oficiales. Una vez más, Christian demostró porqué es uno de los nombres más representativos dentro de su estilo, elegante en las formas y en la elección de sonidos, sabiendo cómo dar a toda la gente que decidió estar ahí desde primera hora una buena dosis de melodías, con esos tintes de deep profundo tan característicos de Loeffler.

Turno de Jean Tonique, un público totalmente entregado, un recinto con una pista de baile ya casi abarrotada que se deleitaba con esos sonidos tan “Frenchy”. El cielo era gris amigos, pero esa pista de baile estaba llena de luz y color.

Y así dimos paso a uno de otro de los nombres más esperados, por nosotros y por todo el público, que tuvimos la gran suerte presenciar esta celebración del Renacimiento: patrimonio; artes y letras; música; gastronomía. Resumiendo: el arte del buen vivir. Y es aquí donde debo hacer un inciso; si esperabais el típico ron cola y la cerveza caliente olvidaros. Vinos blancos o rosados, y champagne fueron las estrellas indiscutibles, que acompañaron a un sin fin de sabores y aromas de comida tailandesa, platos americanos, italianos, japoneses o incluso típicos platos de nuestro país, acompañaron desde primera hora el evento, todo a unos precios bastante asequibles.

Y volvemos a donde estábamos, Bon Entendeur comenzaba su set y lo hacía con una ola de gente que intentaba buscar su sitio en una pista ya ampliamente abarrotada. Del set de Bon Entendeur podemos decir que es lo más parecido a un paseo por el Sena: sonidos embriagadores que te transportan al París más bohemio y cálido, elegancia y efervescencia musical en un set con una magnífica progresión y una calidad sonora inmejorable que el publico recibió con gran cariño.

Luego, llegamos a un punto critico al comenzar con los siguientes invitados del festival: Polo & Pan. Quizás fueron la nota “discordante” a pesar de ser uno de los nombres con más proyección dentro de los sonidos electro progresivos franceses y no hizo un set que brillara ni por su finura ni por su elegancia… Mashup tras mashup de temas “tradicionales” de estilo “rompe la piñata” o “Paquito el chocolatero” – imaginaros mi cara de estupor en este momento y mientras vivía uno de los momentos más divertidos (y bochornosos) del día al ver a los actuales dueños del Château du Chambord, vestidos al más estilo tradicional ecuestre francés, enseñar a los organizadores de Cercle cómo se baila este “tradicional” ritmo. Demasiado “todo vale” para nuestro gusto y, por supuesto, un público que se quedó algo “frío” y se vino abajo durante la primera mitad del set.

Tras esta actuación, llegamos a uno de los platos fuertes del día. Capo Bodzin a las máquinas con el propósito de revivir el espíritu del “Renaissance”, confrontando los desafíos actuales de una pista “fría” al tiempo que creaba un diálogo entre historia y futuro, al presentar un live más experimental, donde pudimos disfrutar de más de media docena de tracks en desarrollo, además de unas bases y bombos mucho más densos, oscuros y ácidos. Fue en la puesta de sol en Chambord el momento donde fuimos conscientes de la cantidad de miles y miles de personas que nos rodeaban. Las proyecciones sobre el Château se aproximaban con la llegada del todo poderoso Solomun, que cerraba este gran día con 4 horas de set… y era necesario buscar el mejor de los sitios.

Las mejores vistas ante nosotros, copa de champagne en mano y Bodzin deleitando una “pista de baile” que ya había invadido la zona de descanso, las carpas gastronómicas y cualquier lugar que pudiera servir para bailar. Lleno absoluto y la noche cayendo sobre nosotros mientras Bodzin se despedía de su publico, tras dos horas de nostalgia, densidad y calidad como pocos.

Y así, como si reviviéramos esa época aquí celebrada donde Leonardo Da Vinci se convirtió en el creador y organizador de grandes fiestas reales, con complejas escenografías, ostentosas decoraciones, cuadros vivientes y efectos especiales de luz y sonido, vimos como el magnifico Château se iluminaba ante nuestros ojos, dando paso a la sesión final de día. Solomun comenzaba su set.

Nada podemos decir sobre sus sets que no se sepa, ritmos frescos perfectamente cuadrados, calidad sonora a raudales haciendo una perfecta amalgama con ese melódico-deep tan buscado ahora. Chambord bailando al ritmo de los beats que el bosnio regalaba a un publico en éxtasis, mientras los organizadores de Cercle hacían una exhibición exquisita de genialidad.

Cuatro horas del más puro Solomun para cerrar este festival que, como no podía ser de otra manera, lo hizo con miles y miles de personas celebrando “El Art de Vivre à la Renaissance”…

* Extraído de DJ Mag ES 101