Naturaleza techno

Autor: Eduardo P. Waasdorp
Fotos: Pablo Gallardo

La escena española tiene una cantera de talentos espectacular. Cada vez con más asiduidad, nuestros artistas se hacen un hueco y son convocados por las plataformas más interesantes del género electrónico nacional e internacional, para que den su visión y vuelquen su creatividad, llegando así a un público hambriento por oír cosas nuevas.

En este contexto nos encontramos con Indira Paganotto. Esta jovencísima artista hispano-italiana es uno de los últimos nombres en traspasar nuestras fronteras, llevando su arte a todos los rincones del mundo. Criada en un ambiente musical desde pequeña – su padre era DJ –, Indira es un alma inquieta, hiperactiva y espiritual, que no ha parado de crear desde que a sus 16 años empezase a prodigarse por los clubes de su Canarias natal, llamando la atención de propios y extraños ante su precocidad y saber hacer.

Acabando de sacar un monumental EP de techno progresivo, mental y contundente, en la plataforma Octopus Recordings, sello de Sian – irlandés, criado en España y con base en Los Ángeles –, Indira Paganotto se confirma con este nuevo y definitivo giro en su sonido como una de las nuevas estrellas del panorama techno nacional, con una perspectiva sin ataduras, en la que la naturaleza – como nos contará en la entrevista – juega un papel fundamental, tanto en la creación de ritmos orgánicos, como a la hora de proporcionar a Indira un espacio idóneo para explotar su creatividad.

La perspectiva apasionada de Indira, combinada con su mentalidad abierta, humilde y con los pies bien puestos en la tierra, le postulan como una de las artistas a seguir en el futuro cercano. Ahora, se presenta ante nosotros en esta entrevista, en la que hablamos de música, de escena y de cómo llegó a su vida su ahora inseparable cementadora. ¡Música, maestra!

¡Hola, Indira! ¡Un placer tenerte en nuestras páginas! ¿Cómo está terminando tu año?

¡Hola! ¡El placer es mío! Este año ha sido muy bueno, lleno de cambios y grandes momentos. Uno de los últimos, publicar mi EP, ‘Anaconda’, en Octopus Recordings, un sello de Los Ángeles. ¡La verdad estoy muy contenta!

Justamente, te íbamos a preguntar por ese ‘Anaconda EP’… ¿Cómo está siendo la respuesta del público?

¡Increíble! Estoy muy contenta de que la gente entienda este giro en mi sonido, porque finalmente me encuentro a gusto produciendo un estilo musical. No es que en el pasado no lo fuera, pero este sonido techno que estoy desarrollando ahora – con toques atmosféricos, progresivos, psicodélicos y ácidos – me sienta muy bien y realmente me siento mucho más identificada y a gusto en esta nueva etapa sonora.

Lo has sacado en Octopus Recordings, el conocido sello de Los Ángeles…

¡Sí! Es el sello de Sian, un productor al que respeto tremendamente. Es un sello en el que todos los detalles están cuidados y es un lujazo. Además, apoya mucho a los nuevos talentos, sin importar su sexo o lugar de procedencia. Ha sacado cosas muy interesantes de productores y DJs que respeto mucho. Poder formar parte de ese roster de artistas es un lujazo.

Es un EP de tres cortes: el propio ‘Anaconda’, ‘Alien’ y ‘Number’, muy potentes, muy techno, muy orgánicos y mentales… Es una dirección nueva en tu sonido, porque ya te hemos oído producir tracks más cercanos al house y trance en el pasado…

He pasado por el trance, el minimal, el house… Si das tantos bandazos, la gente no acaba de entender cuál es tu línea. Hoy en día seguir una línea es algo necesario para que la gente te pueda identificar, te pueda seguir y ver tu progresión. Ahora quiero contar mi historia como Indira Paganotto, porque finalmente he encontrado el sonido con el que me siento cómoda. Como dice el dicho: “El que mucho abarca, poco aprieta” (Risas)…

Vemos una clara influencia del trance, incluso diría del psy-trance y el acid, en muchas de tus producciones. Entiendo que una de tus mayores influencias tempranas es tu padre, que fue DJ en Goa durante los noventa. Incluso creo que llegasteis a vivir allí, ¿no? ¿Qué nos puedes contar? ¿Cuándo surgió tu pasión por la electrónica?

Empecé muy jovencita, con 16 años, porque mi padre era DJ y yo jugaba con sus vinilos. Como bien dices, él fue DJ en Goa, India, en los 90 y desde muy pequeña me inculcó el gusto por la música. Como sabes, Goa es la meca del psy-trance, con pioneros como Goa Gil que aún pinchaban con cintas – ¡eso sí que es underground! (risas) –.

En mi juventud hubo mucho psy-trance, rock psicodélico, jazz… con el tiempo ya me fui acercando más a la electrónica, pero mi amor por la música está ahí, desde que tengo uso de razón. Por eso también me gusta toda la música, siempre que sea buena, claro.

Tu madre es italiana. ¿Cómo fue crecer en ese ambiente multicultural?

Correcto. Mi padre es de Salamanca y mi madre es italiana, del Norte. Ellos se conocieron en Salamanca y son muy castizos (risas). Para que te hagas una idea, de pequeña, en casa solo podía hablar español peninsular (risas). Yo nací en Canarias, pero ellos no querían que hablase con acento. Creo que por eso lo pillé más fuerte (risas). Mi madre fue una gran influencia para mí también, ella es muy clásica en todo, muy italiana del norte, y ese carácter también lo he heredado.

Poco después de haber empezado en Canarias, se fijó en ti el DJ alemán y dueño de Pooled Music, Ian Pooley…

¡Correcto! Ian fue de los primeros en darme una oportunidad. Él me vio pinchar en un club de Canarias y quedamos en contacto, porque le gustó lo que hacía. Al año siguiente, contactó conmigo porque quería firmar mi música. Así fue como saqué mi primer release, en vinilo, ‘Underground Love’, que me llevó a colaborar con Jef K Gwen      Maze, G-Room y el propio Ian. Luego, en 2014, saqué ‘Timed Out Man’, también en Pooled Music…

Cambiando un poco de tema, me gustaría hablar un poco de la actualidad y de la escena en España. ¿Cómo la percibes?

Ahora mismo la escena española está fuerte. Hubo un momento en que se quedó un poco plana, al menos cuando yo empecé. Yo siempre he estado un poco con un pie dentro y otro fuera, en el sentido que no he me dedicado a esto al 100% hasta hace relativamente poco. Hacía música, siempre la he hecho, pero nunca me he sentido parte de la escena hasta ahora. He vivido para mí, mi familia, mis animales… y esto era algo extra.

¿Y ahora?

Ahora mismo veo que los artistas españoles, tanto chicas como chicos, están muy fuertes. Hay mucha más apertura, permisividad, a las nuevas tendencias. Antes la escena española estaba un poco anquilosada, pero ahora se mueve al mismo ritmo que otras escenas muy potentes. Con la irrupción de las redes sociales, de Instagram, hoy en día ya no solo formas parte de un país. Ahora el escaparate es mundial. Hoy, cuando un sello te va a fichar, la pregunta de: “¿De dónde eres?” ha perdido relevancia. Los artistas ahora se sienten parte del mundo y no solo de una sola escena. Nos estamos moviendo con un sentimiento de colectivo, más globalizado.

En España es un hecho que hay una falta de un entramado de clubes medianos y pequeños, donde los artistas se puedan desarrollar desde abajo. Tu, ¿cómo empezaste a darte a conocer?

Tengo que reconocer que soy una afortunada. En mi caso, creo que siempre se han alineado los planetas y jamás se me han cerrado puertas. También porque nunca me he afiliado a nada, por lo que la gente me ha visto como un ente independiente. Muchas veces, si te ven como parte de un grupo determinado, otros grupos te cierran las puertas. Si pinchas en un club, otros ya no te quieren. Esto es algo que ya no pasa tanto, pero sigue estando allí en muchas escenas locales pequeñas, fuera de las grandes ciudades.

Yo busco llevarme bien con todos los actores de la escena,  todos me han abierto las puertas desde el principio. Una de mis primeras sesiones en Madrid fue en las fiestas GOA. Pinché en la sala Crystal de Fabrik y lo sentí todo muy natural. A mi siempre me ha gustado que todo se dé por vías naturales, sin forzar. Hay que tratar a la gente con naturalidad, porque aunque seamos artistas, somos personas que lo que quieren es compartir su conocimiento musical y repartir diversión. Nada más.

¿Y el entramado de clubes? ¿Cómo lo ves?

Yo creo que poco a poco se han abierto muchos más clubes enfocados a la electrónica. Ahora todos buscan programar algo y se debería dar más apoyo a la gente local. Al final los artistas locales son los que mantienen la escena, los que atraen a sus amigos, al público local. Todo el mundo se fija en Berlín y allí los residentes tienen un papel muy protagonista.

Aquí debería ser igual y hay sitios que han conseguido eso. En clubes como Cassette, en Madrid, la gente siempre va por ver a Sabino, a Riaño… En la Metre está Nito, que es brutal verle. En clubs como señoriales, que tienen esa etiqueta de culto, como estos sitios, ponen en un lugar muy visible a sus residentes y eso me encanta. Yo respeto mucho a ese tipo de clubes, porque es lo que da vida a la escena.

En alguna entrevista, como la que hiciste para Freeda ES, hablas de cómo ser DJ ha sido terapéutico para ti. Ahora la industria ha reconocido por fin el impacto que tiene la forma de vida del DJ/productor en su salud mental, pero me parece interesante cómo para ti esto ha sido como una terapia…

Yo siempre busco el lado positivo de todo. Mis amigos se ríen porque siempre me sorprendo, por ejemplo, con el sabor de una bebida que me encanta y que tomo siempre que salgo con ellos. Es como si la bebiera siempre por primera vez. Soy así con todo, las amistades, la música…

Al principio, cuando salía a pinchar, sudaba, estaba casi un día entero como enferma, porque los nervios se me apoderaban. No era ni siquiera miedo escénico, era miedo a la gente, a la sociedad, a enfrentarme a las miradas centradas en mí. ¡Siempre me ha dado pavor la multitud! Pero ahora aquí me tienes. Enfrentarme a mis miedos me ha traído aquí. Mis padres alucinan, porque hace unos años no se hubieran creído que yo fuera capaz de subirme a un escenario. Ahora lo disfruto muchísimo, porque además de ser una terapia para mí, también es una terapia para la gente, porque ellos desconectan de su realidad.

Me encanta ver en el público gente con los ojos cerrados, dejando que les lleve en ese viaje. Luego vienen y te dicen lo mucho que les ha gustado tu sesión o tus temas… ¡Eso no tiene precio! Te hace eterno. Porque lo peor de la muerte no es morirse, sino caer en el olvido. En cambio, haciendo esto, en cierto modo una parte de ti es inmortal. ¡Es muy fuerte esto!

Es lo que hace transcender a los artistas, ¿no? Su obra…

Justamente. Es nuestro legado. Por ejemplo, mi marido también es artista. Es pintor y para mí es un genio. Yo alucino con él, porque entra como en una especie de trance cuando pinta y pone mucho de si mismo en cada obra. Luego la gente que se lleve esa obra a su casa tendrá una parte de él para siempre. Con la música pasa igual. Es magia.

Vives en la sierra de Madrid, en una casa de campo, rodeada de animales y naturaleza… ¿También es terapéutico? ¿Qué se siente vivir alejada del ruido de la ciudad, de la industria? Es un contraste grande, tener una vida tan tranquila e ir a poner techno cada fin de semana (risas)…

Yo, sinceramente, cuando pincho soy pura adrenalina. Es una adrenalina como la que te viene cuando vas por la ciudad, rodeado del ajetreo, la gente, el ruido, el postureo, el estrés, la vestimenta… Estás en el club y todos están pendientes de ti, de tu música… Pero llegas aquí y eres Indira, la misma de siempre, vienen tus perros y tus animales. Ellos no te piden música (risas. Cuando llego desconecto e intento dedicarme a otras cosas. A veces lo que me apetece es pintar una barandilla o hacer un bordillo en el jardín (risas).

Eso me lleva a mi siguiente pregunta, ¿tienes algún hobby en particular?

¡Soy muy manitas! Me flipa el bricolaje, la construcción, todo eso. ¡Con decirte que mi regalo de cumpleaños fue una cementadora! (Risas). Mi casa la he reformado casi entera yo, me gusta mucho el diseño, la construcción… Básicamente, crear. El otro día estaba hablando con Vinicius Honorio, que es buen amigo, le mandé unas fotos de la casa de César Manrique en Lanzarote – me encanta la arquitectura de César, porque me siento identificada con su elegancia –. Esa es la idea que tengo ahora con mi casa, me encanta su forma de hacer algo elegante de la nada, de la simpleza más absoluta.

¿Cómo es tu rutina?

Me levanto por la mañana a las 7.30 y lo primero que hago es estar con mi pony, limpiar su cuadra y darle de comer. Además, tengo cuatro perros, una oveja, gallinas… Si hay que construir o hacer mantenimiento a algo en casa lo hago – dar barniz, cambiar el techo (risas) –. Eso sí, a partir de las 12 me meto en el estudio a hacer música y ya no salgo en todo el día. ¡Esa es mi vida!

Te pone los pies en la tierra…

Totalmente. Antes vivía en Madrid, en la ciudad y no era del todo feliz. Lo era, porque encontré a mi amor, a mi alma gemela; pero no era yo misma. El contraste con el ajetreo, la gente corriendo a todas partes es demasiado grande. Aquí he encontrado un espacio para crear. El ser humano tiene la necesidad de crear cosas para sentirse realizado. Ya sea crear un huerto, coger tomates, pintar, hacer una casa, una familia… ¡o hacer música! Todo lo que sea crear se merece un apoyo especial.

Eres una trotamundos. Más allá de tu carrera, has visitado muchísimos sitios. Recientemente, me ha llamado la atención tu viaje a Líbano y, como no, India. ¿Cómo describirías tus experiencias? Especialmente en India, que como sabemos, es casi tu segunda casa…

¡Justo! Mi padre siempre me habló muchísimo de la India desde muy pequeña. En casa, incluso, algunos platos los comíamos con las manos, como en India. Tenía muchísimas ganas de ir y el año pasado, cuando confirmaron el tour por la zona, ¡fui la mujer más feliz del mundo! Tuve dos bolos en Goa y fue realmente espectacular. Claro que no es como hace 20 o 30 años… todo el romanticismo que me transmitió mi padre no lo pude ver, pero la esencia estaba allí.

Me hice muy amiga de un DJ de psy-trance que conocí allí y esa semana hacía una fiesta. Estaba muy contenta de ir, pero se canceló. Y por mucho que busqué, no encontré ninguna… ¡Era como un complot contra mí! (Risas). Ahora en serio, la gente es muy pasional, lo dan todo. Incluso si son fiestas privadas, la gente va con sus mejores galas y los ves bailar como locos. Y además están muy abiertos a artistas occidentales, les encanta ver cosas nuevas y te tratan increíble.

Acabas de estar en Sudamérica, en Honduras. ¿Cómo fue la experiencia?

¡Justo! Acabo de volver y la verdad ha sido impresionante. Estuve en Tegucigalpa, además de pinchando en el club La Esquina, también en el encuentro M+, organizado por Modularhn, sobre música electrónica y arte tecnológico, compartiendo mi experiencia junto a Electric Indigo (female:presure), Resom (://about blank) y más artistas interesantes de la escena. El público latinoamericano es muy pasional. El año pasado tuve la oportunidad de tocar en el Lolapalooza en Argentina, que fue también alucinante para mí. Cada día iban más de 100 mil personas, a ver toda clase de artistas. Es un festival interesante, el público era muy joven y con mucha pasión por la música…

¿Alguna otra fecha que tengas en el calendario?

De cara al año que viene, me han confirmado para una cita muy especial, Tribal Gathering, en Panamá, del 29 de febrero al 15 de marzo. 11 días de locura en un festival con un claro enfoque étnico, en el que van representantes indígenas de todo el mundo. Es un festival más asociado al psy-trance, pero este año se han abierto más al techno y a la música electrónica y van artistas como Acid Arab, Nickodemus, Dub Pistols y muchos otros. También estamos preparando un tour por Japón, del que tengo muchas ganas. ¡Me encanta Japón!

¿Qué otros proyectos tienes entre manos, de entre este año y el que viene?

¡Tengo muchas cosas! (Risas). Como te he dicho antes, al ser una artista que ha pasado por tantos estilos, ahora mismo estoy intentando fusionar todos mis alias en el trabajo que realizo como Indira Paganotto. El sonido que voy a sacar en el futuro más cercano va a ir muy en consonancia con lo que ha sonado en ‘Anaconda’, porque me siento muy cómoda en ese espectro y estoy en un momento en que no tengo miedo a nada.

He pasado por muchos géneros y he encontrado el que me gusta de verdad, donde puedo integrar todo. Mi mayor proyecto es crear una plataforma donde el artista esté involucrado de una forma más directa, donde se pueda publicar tanto en formato físico como digital. ¡Eso es todo lo que puedo decir! (Risas).

Además de eso, estoy preparando un álbum. Tengo muchos temas, pero muchos se han quedado viejos y ahora – en los próximos meses – estaré totalmente centrada en terminar mi álbum y sacar EPs. ¡Creo que con 27 años ya te pueden llamar mujer y puedes sacar un álbum (risas)! Como te digo, quiero desarrollar este nuevo sonido. Después de pasar por distintos géneros, creo que finalmente estoy en la dirección adecuada, me siento cómoda y creo que puedo progresar artísticamente, en una línea definida.

¡Muchas gracias por tu tiempo, Indira!
¡A vosotros!

* Extraído de DJ Mag ES 106