Hablamos de música

Autor: Eduardo P. Waasdorp

Dave Lee – alias Joey Negro – es una auténtica leyenda. El DJ y productor londinense ha marcado a varias generaciones, inspirando y repartiendo conocimiento con su vastísimo conocimiento musical. Selector de selectores, Joey Negro es sinónimo del mejor disco, boogie, house, soul y funk que uno pueda encontrar en cualquier pista de baile del planeta.

Capo de Z Records, la labor casi altruista de Joey Negro le ha llevado, este pasado noviembre, a publicar la tercera entrega de su ya icónica serie ‘Remixed With Love’, una cornucopia de temas disco, funk y soul de la época dorada del género, reinterpretados por él mismo. En esta ocasión, se trata del lanzamiento más ambicioso de los tres, siendo repartido en tres dobles vinilos, CD y digital – con algunas excepciones, como nos contará en la entrevista –.
Hablamos con Dave Lee directamente en su estudio de Londres, en una charla distendida en la que además de a él, también conocimos lo intrincada que puede llegar a ser su labor de diggin. ¡Música, maestro!

¡Hola, Dave! ¡Es un placer tenerte con nosotros! ¿Cómo ha sido tu año?

El año ha sido una mezcla de cosas buenas y no tan buenas. En cuanto a mi carrera, todo ha ido bien, el sello va bien y mis sets han ido bien. Sin embargo, han pasado otras cosas como que mi madre no se sentía bien. Por eso nunca es todo bueno, la vida no es así. Pero en general sí que han pasado cosas buenas, por lo que no me puedo quejar.

Acabas de publicar otra entrega de la serie ‘Remixed With Love’. ¿Qué te motivó a crear la serie en un primer momento?

La idea surgió porque yo quería hacer remixes de tracks disco, de la época del multitrack. Había hecho alguno en los 90, ‘Love Hangover’ de Diana Ross, que es bastante parecido a estos, y luego hice un par más… Son cosas que surgen de vez en cuando, pero no es algo normal. Y cuando te ofrecen hacerlos, quizá los hagas para gente que te pide algo muy concreto y no tienes libertad, porque quieran algo más contemporáneo y que tenga más éxito y buenos feedbacks. Al final siempre he querido hacerlos, pero bajo mis términos. A mi manera, complaciéndome solo a mí, sin tener prisas, me cueste dos semanas o cinco año.

Entonces tuve una reunión con alguien de Warner sobre algo completamente diferente y me mencionó que había conseguido el multitrack de un tema de los Bee Gees y me dio una copia. Pero me dijo: “¿Qué tal si te consigo copias de otras cosas?”. Porque en ese momento buscaban dar a ciertos productores partes de viejos discos, para que hiciesen un nuevo éxito, del que Warner tuviera los derechos.

Yo estaba interesado y les mandé una gran lista, de la que casi nada había sido digitalizado. En ese momento me dijeron que ellos no estaban interesados en hacerlo, por el coste, y les dije que yo pagaba. Y me los concedieron, cerca de mi 50 cumpleaños, así que lo consideré un auto-regalo de cumple (risas). Tengo los multitracks del ‘Haven’t You Heard’ de Patrice Rushen, ‘Come Together’ de The Trammps y muchos otros…

Cuando hiciste los remixes, ¿pensaste en si funcionaban en la pista o no fue algo que tuvieses en cuenta?

Empecé a hacer los remixes para mí, sin la idea de hacer un álbum. Y al tener seis o siete fue cuando me vino a la cabeza esto. Luego vino el tema de las licencias, y es que los sellos grandes hoy están más abiertos, pero hace cinco años era no estaban preparados para la idea de los remixes.

Era más fácil licenciar el uso del original que pedir hacer un remix, porque hay que mirar los contratos originales, ver si se puede hacer remix, aprobación del artista, de otros departamentos… Y luego las comprobaciones técnicas y de copyright. En el peor de los casos, lo hacen para que no cueles un discurso de Donald Trump en mitad (risas).

Cuéntanos, ¿cómo sería el proceso para licenciar un remix?

En circunstancias normales, cuando un sello grande comisiona un remix, lo hace con una razón detrás, es decir: “queremos un remix del nuevo single de Florence + The Machine”. O de quien sea. Ellos eligen al artista, ellos se ocupan de todo, pagan por ello. El problema es que el departamento de licencias no tiene nada que ver con los remixes así que es una trayectoria lenta, porque no hay una figura contemplada en las empresas para hacer que ocurra.
Lo que quieren es firmar el contrato rápido, pagarle a quien haya que pagarle y publicar el remix. En cambio, nosotros estamos remixeando tracks antiguos que no se han tocado en años… todo es lento.

Pero, ¿os autorizaron, no?

Sí, eventualmente nos autorizaron y también conseguí que Universal nos cediera otras. Y esas fueron un poco más fáciles, pero creo que porque a alguien le gustó la idea y todo se hizo rápidamente.
Todo depende de con quien trates dentro del sello y cuál y qué tan dura sea la política de la empresa. Y como tampoco les ofreces poner su tema en una película de Steven Spielberg, se sabe que no va a vender un volumen como los trabajos mainstream.
Nosotros ni siquiera somos dueños de los derechos, ya que le pertenecen a los dueños originales, y nosotros solo tenemos autorización para estos recopilatorios. Es un trato que, en verdad, beneficia solo a una parte, pero a cambio yo puedo remezclar auténticos clásicos (risas).

¿Qué tan difícil es resolver todo lo necesario para publicar esta compilación?

La aprobación llevó como un año y medio. Para hacer este tipo de releases hay que:

Primero obtener el multitrack, y eso puede llevar meses. He enviado muchas listas de los que quiero y normalmente suelen tener un 30 0 40% de lo que les pido. Algunos sellos lo llevan mejor que otros. Luego viene el proceso para que te autoricen a digitalizarlas, eso lleva otros meses.
Luego viene el proceso en sí de hacer el remix – que es la parte más disfrutable y que también puede llevar lo suyo –.

Y la última parte es que te aprueben el remix y firmar los contratos. En ese momento llevas ya tanto tiempo invertido que quieres que salgan ya. Y lo peor es que en cualquier momento te pueden decir que su política ha cambiado y no puedes publicarlos. O, lo que nos pasó a nosotros, que a última hora te retiren los derechos digitales, entonces solo puedes publicar en CD o vinilo. Es el problema de tener una política cambiante, al final tienes que aceptarlo.

Nosotros hablamos con la delegación británica de una empresa que tiene repertorio americano, por lo que tampoco tienen mucho poder. Es algo frustrante, porque quizá nunca lo digitalicen. Y les da igual si tu dices que no lo vas a publicar.

Una vez más, encontramos temas realmente legendarios, de manos de artistas como Earth, Wind & Fire, The Fatback Band, Patti LaBelle, Evelyn ‘Champagne’ King, Odyssey y muchos más. ¿Cuál ha sido el track más difícil de licenciar para este volumen 3 de ‘Remixed With Love’?

Todas han sido igual de difíciles en general. La mayoría son propiedad de Universal, Sony o Warner, y todas son más o menos igual de difíciles. Las que si fueron un dolor de cabeza fueron ‘Slow Dancer’ de Boz Scaggs, o la de Doobie Brothers, esas ni siquiera nos dejaron hacerlas, por lo que no salieron. Todas las demás fueron más o menos igual.

¿Y de cuál te sientes más orgulloso de haber podido conseguir?

¡No se! ¡Es que las he escuchado tantas veces! Supongo que la de Earth, Wind & Fire es una obligada… Lo que tienen en común todas es que son temas que me encantan. Una como ‘Party Night’ de Slave, quizá no es su canción más conocida, pero sí es la que más me gusta de ellos. Todas son mis favoritas.

¿Cómo cambia tu mentalidad a la hora de hacer un remix o hacer un tema de cero?

Es completamente diferente. Si estoy remezclando un tema, sea cual sea, empiezo con algo que se que es muy, muy bueno, un clásico que ya lo tiene todo. Incluso cuando los multitracks que recibes son algo desilusionantes, porque no suenan lo bien que pensabas o no hay nada extra, que es justo lo que espero al recibirlos – vocales que no se han usado, partes cortadas, etc – y a veces no es el caso. Es lo que me pasó con el ‘Bourgie’, Bourgie’’ de Gladys Knight & The Pips. Siempre hay algo de presión por tener que cambiar ese tipo de temas legendarios, pero es diferente a cuando empiezas algo de cero, cuando tienes que grabar las voces, instrumentos, mezclar, etc. Yo sobre todo intento no repetir las cosas que ya he hecho, porque sino siempre sonaré igual. Al final se trata de romper tus propias reglas para conseguir un disco diferente.

Ha habido bastante ruido en torno a la reedición de discos de soul y disco en los últimos años, sin contar el boom de los edits de algunos sellos pequeños. ¿Por qué crees que está ocurriendo?

Bueno, se me ocurren unas cuantas razones como que, obviamente ahora con un portátil y Ableton es mucho más fácil hacer un edit que en su época. Con Ableton metes el tema en el ordenador, cambias el tempo, tocas cosas por aquí y por allá, sampleas… Creo que con la nueva tecnología cualquiera puede tener un estudio en casa, aunque muchos de ellos no sepan hacer música. Pero un edit de otra canción está al alcance de muchos, no tienes que tener habilidades, aunque desde luego ayuda. Puedes meter un disco de Gwen Guthrie en el ordenador, cortarlo en partes, añadirle un bombo, un hi-hat, unos claps, le metes algo de filtrado, un par de drops, un poco de ruido blanco y ya tienes una versión de cualquier tema. Esa es una de las razones.

Hay muchos jóvenes que también están buscando discos raros y oscuros. Ahora con Discogs es mucho más fácil decir cuánto vale algo, y si vale 300$, quizá alguien piense: “Pues igual debería reeditarlo”. Cuando yo empecé a coleccionar discos, un vinilo valía unas 10 libras, que era bastante dinero, pero lo podías encontrar con mayor o menor facilidad.

Una de las cosas geniales de internet, más allá de que piense que ha arruinado a las tiendas de discos, es que ha hecho accesible tantas rarezas de las que desconocía que es realmente sorprendente. Creo que soy alguien que sabe bastante sobre música y que, a día de hoy, siga descubriendo cosas nuevas es simplemente extraordinario. Igual hay un punto en que esto deja de pasar, en el que lo descubramos todo, pero me sorprende lo mucho que sigo descubriendo, especialmente con esta fiebre de las reediciones. Me gusta mucho, por ejemplo, el trabajo que hace Red Greg.

Lo que si encuentro bastante aburrido es los contantes versionados de las mismas canciones. Como el ‘You Can’t Hide’ de Teddy Pendergrass. Son cosas que se han hecho hasta la saciedad y siempre funcionan muy bien. A veces me fijo en Traxsource y Beatport y digo: “¡Que me jodan! ¿Cómo consiguen seguir ahí?”.             ¿Quién compra eso? (Risas). Es como ‘Last Night A DJ Saved My Life’. ¡Se ha hecho suficiente!

Eres uno de los diggers más reconocidos de la escena. ¡Cuéntanos algunos de tus secretos! ¿Qué tiene que tener una “gema oculta” para considerarla tal?

¡No lo sé, la verdad! Ahora hago la mayor parte de mi diggin’ en Discogs. Ahí es donde busco mi música y he encontrado grandes cosas. Ahora es difícil encontrar cosas nuevas. En muchos casos, cuando te da por mirar alguna cosa ya vale 200 libras o precios del estilo. No suelo gastar tanto en una sola pieza, además de que ahora nunca sabes cuándo lo van a reeditar.

Particularmente, no me importa ser dueño o no de una copia original. Lo bueno de ahora, a diferencia con los primeros días de eBay, por ejemplo, es que ahora sí que vienen acompañados de clips de sonido para saber como suena. Porque imagínate que te compras un disco por 500 pavos y acaba sonando como una versión pobre de Shalamar o de Prince. Hay muchas cosas del estilo, que son muy coleccionables, pero no son buenas. Solo aceptables.

El otro día escuchaba a uno que era como Earth, Wind & Fire, pero mucho, mucho peor (risas), como grabado en un estudio de tres al cuarto y desafinado. Sin embargo, es más coleccionable que el mejor de sus discos, por ese toque de rareza. Cada vez se busca más eso, en lugar de la calidad de la música, a la hora de valorar un disco. Si me gusta, lo compro. No estoy en una búsqueda por encontrar el más raro de los discos, solo el que más me gusta.

Vienes de una familia de artistas, ya que entiendo que tu madre es novelista. ¿Qué tan importante fue la música y el arte cuando crecías?

Bueno, no tan presente como puedas pensar. Mi madre es escritora, sí, pero cuando éramos niños tampoco es que tuviera mucho tiempo. Somos tres – tengo dos hermanos – y lo único que podía hacer era criarnos. Cuando nos hicimos mayores volvió a escribir y tuvo bastante éxito, pero fue ya de mayores. Sí que es verdad que le publicaban historias cortas en revistas femeninas, pero lo hacía para ganar dinero y mantenernos. Cuando éramos pequeños no es que fuéramos pobres, pero definitivamente no ricos.

Mi padre estaba más metido en el jazz, le gustaba tocarlo, especialmente el tradicional, el de Nueva Orleans, Big Band… Definitivamente no fusión (risas). Le gustaba mucho el jazz de 1950. Era un purista del Jazz. Pero mi madre no. A ella le gustaba la música pero sin más. Era más hippie.

Lo que sí escuchábamos mucho era la radio y ninguno ha dedicado su vida a la música como he hecho yo. Sí que compartí algunos de mis gustos con mi padre. Mis hermanos se metieron más en el rollo indie, punk… Yo fui más de funk y disco. Pero no éramos una familia demasiado musical.

Eres el jefe de Z Records. ¿Cómo va el sello? ¿Cómo os ha afectado el cambio en el modelo de venta y distribución discográfica?

Las cosas han cambiado mucho para los sellos discográficos, especialmente porque el streaming se ha vuelto cada vez más importante. Nosotros intentamos movernos con el mercado. Por suerte, el resurgir del vinilo es algo que nos ha venido bien, especialmente con algunas series como ‘Remixed With Love’.

Pero una de las cosas que tiene Z Records es que, al ser yo el artista principal del sello durante tanto tiempo, no tenemos que pagar a gente de fuera para que haga recopilatorios. Mis ingresos vienen, casi todos, de pinchar y de mis bolos, por lo que si por algún motivo tuviera que dejar de pinchar, entonces si te diría cómo es llevar un sello sin esos ingresos extra, porque eso es básicamente lo que mantiene el sello.

Si Z Records se financiase con dinero de las ventas y no de mis bolos, no podríamos sacar lo que quisiésemos, sino que también tendríamos que tener en cuenta lo que vende y lo que no. Y no siempre coinciden.

Al final de lo que se trata es de mantener la libertad creativa…

¡Exacto! Yo de verdad que lo siento por los jóvenes productores que no tienen esa libertad y tienen que aguantar un trabajo diferente y no pueden explotar su talento estando en un estudio todo el día. Gracias a los bolos puedo pensar en qué tengo que comprar para hacer lo que hago mejor y si vuelve genial. Y si no, pues es lo que hay, no es el fin del mundo. Por eso no me gusta regatearle a la gente cuando te brinda sus servicios, porque se cómo luchan los músicos para poder vivir.

Tienes una gran relación con nuestro país, ya que a menudo vienes a Madrid o Barcelona. ¿Cómo ha cambiado nuestro país, desde tu punto de vista, desde que empezaste a venir?

Bueno, está claro que ha cambiado. Especialmente en mis últimas visitas, he notado un auge en el gusto por los sonidos disco y soul. Sobre todo si lo comparas con la España de hace 5 años, que era muy techno. Especialmente entre 2000 y 2010, cuando no venía tanto a tocar y lo que se respiraba era ese aire techno tan característico de los locales electrónicos en España.

Así que, las cosas han cambiado. Voy mucho a Café Berlín y Café Marula en Madrid, a Barcelona llevo algo de tiempo sin ir… Y un bolo que me encantó, por el sitio, fue el de Jameos del Agua, en Lanzarote. Lo que percibo es que el público es mucho más abierto de mente.

Muchos te verían fuera de Ibiza, pero has sido parte de varias fiestas, como Glitterbox, y otras entregas. ¿Cómo ha cambiado Ibiza desde tu punto de vista?

No lo sé… Ibiza ha cambiado mucho. En Glitterbox, que es la fiesta a la que suelo ir, se llevaba una política más house, igual que Defected en Pacha, mientras que ese boom del disco que ha habido en estos años es algo nuevo para Ibiza. Diria que Ibiza se ha centrado demasiado en el tema del VIP y las mesas.

Hay mucho más de eso que cuando yo empecé a ir, que todo era más relajado y hippie, especialmente con las horas de cierre. Había más flexibilidad y creo que se podía vivir con mayor facilidad, porque ahora entiendo que los alquileres son muy caros. No sé como la gente se puede permitir ir a los clubs y pagar el alcohol, porque todo parece realmente caro.

¿Crees que mantendrá su relevancia, ante el auge de destinos como Croacia o Malta?

No lo sé. Lo que te puedo decir es que Croacia no es precisamente barato. No tan caro como Ibiza, pero desde luego barato no es, así que no será por una cuestión de precios. Ibiza sigue siendo el lugar a donde la gente quiere ir. A pesar de lo que parece, que es que el gobierno casi quiere hacer desaparecer toda la escena de clubbing, todas las fiestas parecen mantenerse solidas.

Y no ha ocurrido lo que pasa en otros lugares, donde la gente joven dice “Hace 10 años vino mi hermano a Ibiza y hace 20, vino mi padre, yo ya quiero ir a otro lado”. ¡Eso no pasa! Y la gente quiere vivir lo mismo que sus padres y hermanos vivieron antes. Croacia tiene un ambiente diferente y por el momento parece poder compartir público con Ibiza.

Finalmente, Dave, ¿Qué le espera a Joey Negro en 2019? ¿Algún proyecto especial?

Siempre tengo música nueva en mi ordenador, nuevos remixes y producciones. Y siempre pasa tiempo desde que las termino hasta que se pueden publicar. De momento no tengo ningún gran proyecto, estoy trabajando en mi próximo álbum, pero está muy lejos de terminar – solo tendré dos tracks terminados – y hay de todo un poco por aquí y por allá.

Además, hay veces que no conviene hablar demasiado de lo que uno está haciendo, no vaya a ser que alguien se adelante y veas tu idea en el disco de otro. Las cosas llevan su tiempo y es mejor tomárselo con paciencia y hacerlo bien.

¡Gracias por tu tiempo, Dave!

¡Gracias a vosotros!

* Extraído de DJ Mag ES 95