Música de baile para cuerpo y alma

En tan solo dos horas una mujer hará vibrar las paredes de uno de los clubes de moda de la capital a base de sus selectos vinilos. Es su primera vez en la ciudad y todo indica que será una noche para el recuerdo. La esperamos en la recepción de un hotel a unos minutos andando del Café Berlin, lugar en el que se celebra una de las propuestas más innovadoras y reivindicativas de la escena clubbing madrileña: Cococsisters, una fiesta hecha por mujeres y para mujeres. Hemos quedado para charlar sobre sus primeras impresiones de Madrid, el concepto de la fiesta y su música.
Pero hay mucho más. 

Eris Drew, nombre con el que se la conoce en la escena, no es una dejaay cualquiera. Concibe la cultura rave como una forma de rito espiritual, de experiencia chamánica que va más allá del mero divertimento en la pista de baile. Para Eris, la música puede ejercer como una fuerza transformadora con un gran poder de sanación. Tanto es así, que una revelación durante una experiencia psicodélica allá por 1994 tras el transcurso de una rave, le ha servido como guía interior en su proceso de desarrollo hacia chica trans.

Ella lo define como una fuerza de energía positiva que ha ejercido como compañera de viaje durante todo este tiempo, al igual que sus discos, y a la que bautizó como “motherbeat”. Ahora su meta es compartir desde la cabina todo el amor que atribuye a una música tan especial para ella.

Como selectora ha alcanzado un elevado estatus de respeto en la escena más puntera, buena prueba de ello es ver su nombre en el cartel del próximo Dekmantel. Capaz de prenderle fuego a la pista a base de breaks o lanzar melodías repetitivas que te llevan al oyente a un estado de introspección, su versatilidad en cuanto a estilos es envidiable, así como su técnica depurada a base de pinchar exclusivamente en formato físico durante todos estos años.

No es casualidad que The Black Madonna se fijase en su talento para residir el Smart Club, uno de los más respetados de Chicago, la ciudad en la que Eris Drew ha desarrollado su carrera. Actualmente viaja sin parar por los clubes y festivales más vanguardistas del circuito internacional. Eris nos recibe con emoción, dispuesta a compartir todo sobre ella.

Es tu primera vez pinchando en Madrid, ¿Qué esperas de la fiesta de esta noche?

Es mi primera vez en Madrid sí, la fiesta se llama Cococsisters, una noche organizada por chicas para chicas, lo cual mola un montón. Como chica trans siempre me encanta que me incluyan en cosas como esta. Mi host es encantadora y me ha involucrado lo máximo posible en todo. Estoy en muchos tipos de eventos pero es genial poder conocer a todas las personas que son parte de esta fiesta. Los ambientes íntimos significan mucho para mi.

Estamos deseando escuchar tus discos, me llama la atención que con tantos viajes siempre utilices el vinilo como formato para pinchar. Pocos deejays lo hacen a día de hoy.

Llevo veintidós años pinchando y, aunque el medio digital me parece maravilloso y súper útil, prefiero los vinilos como forma artística. Cada día menos gente parece utilizarlos. Además, la gente que pincha en vinilo suele ser gente local ya que transportar internacionalmente los discos puede llegar a ser complicado.

No obstante, tengo una conexión especial con estos discos. Tengo muchas memorias asociadas a estos objetos físicos, casi como si fueran mágicos. Puedo coger un vinilo y acordarme de como lo obtuve, cuando lo he pinchado… Para alguien a quien le gusta la magia y todo lo relacionado con la brujería es muy evocativo utilizar cosas antiguas como los vinilos para crear arte.

Hay toda una cultura que se ha desarrollado al rededor de esto. Por un lado siempre comento con mi pareja lo pesado que puede ser viajar con ellos, pero también creo que es bastante guay tener una máquina de limpiar vinilos en tres sitios diferentes del mundo…

Siempre tengo que encontrar la forma de que todo vaya bien pese a los problemas. Además para las salas siempre es difícil ajustar las mesas de vinilo por las vibraciones, estructura de la sala, etc. Nunca se qué va a pasar antes de una sesión, siempre es una pequeña aventura.

Hablando de lo espiritual, ¿crees que pinchar vinilos en un club puede llegar a ser un estado de meditación?

Creo que no es una meditación al uso, como la de los monjes budistas por ejemplo, ya que las energías no son las mismas. Los rituales de danza son rituales extáticos… para mí son como ritos de éxtasis. Hay una unión entre lo físico y las energías.  Pienso que es parecido a la meditación en el sentido de que es una experiencia interna y espiritual pero antropológicamente probablemente se parezca más a un rito extático que a la meditación.

En ese sentido, ¿crees que la música electrónica es diferente a otras?

En realidad creo que la música techno es más parecida a las demás de lo que muchos quieren pensar. Cuando el techno empezó fue como «esto es el futuro». Pero ¿Quién imaginó ese futuro? Creo que hay una parte de todo esto que muchas veces es ignorada. El techno se parece mucho en cuanto a forma a música que lleva presente desde la prehistoria.

La música electrónica se basa en la repetición, a diferencia de otros estilos como el pop, y es más parecido a la música espiritual. La utilizamos para algo, tiene un propósito. Es parecido a como hemos utilizado la música extática espiritual, o música trance o música espiritual, lo llamemos como lo llamemos desde la prehistoria.

¿Puedes contarnos algo acerca de tu fiesta, Motherbeat?

Espero poder anunciar dentro de poco tiempo la localización y la fecha de la primera fiesta en Europa. Creo que estos eventos tienen la posibilidad y la capacidad de ser un ritual extático. No es así para todo el mundo. Sería muy inocente pensar que absolutamente todo el mundo que va a una rave entra en un trance, se ve curado espiritualmente y conecta con sus ancestros, pero sí que ocurre a veces. Además probablemente esté ocurriendo mucho más de lo que la gente quiere reconocer.

En la fiesta quisimos decir «vale, vamos a decir lo que realmente estamos haciendo” .Había muchas fiestas en USA que se centraban en la intoxicación extrema de las fiestas. Yo quería decir en voz alta: «vamos a hacer una fiesta que tiene que ver con una conexión espiritual entre nosotros mismos con otra cosa, no me refiero a Dios, pero alguna otra cosa. La naturaleza por ejemplo, algo mucho menos formal que Dios. Siempre he tratado de tener mucho cuidado porque rave no es religión. No creo que lo sea ni que deba serlo. Pensamos en la religión como los guardianes formales de algún tipo de secreto o dogma. Y eso es lo que hace que lo que vemos aquí sea tan bonito.

Vemos fiestas espontáneas donde no hay nada centralizado, nadie diciendo lo que debería o tiene que ocurrir ni lo que significa. Depende de cada uno y nuestra propia experiencia subjetiva dar color a ese significado de por qué estos ritos son importantes en nuestras vidas.

¿Qué relación existe entre la cultura rave y tu transición?

Me encontré a mí misma pinchando detrás de la mesa y ocurrieron cosas muy especiales. Entonces pensé, ¿Qué es esta experiencia que estoy teniendo? ¿Qué pasa con toda esta música que me rodea pero que por otro lado no encuentras en las revistas de techno?

Al mismo tiempo empecé a leer sobre el chamanismo y las técnicas empleadas en los rituales extáticos como la música y adornos que se utilizan. En cómo se relaciona esto con pinchar música. Personalmente tengo que estar en un estado extático junto con el resto del mundo, compartir energías, conectar con todos para crear arte transcendente.

Durante los diez primeros minutos de mis sesiones puedes observar un cambio en mi persona. Siento la música y hasta me pongo a bailar. Hay gente a la que eso no le gusta, pero es lo que hago cuando pincho en casa, es la razón por la que amo la música, porque me hace sentirme así. Sintiéndome libre y creando música es como yo ayudo a los demás a sentirse libres.

¿Qué relación existe entre la cultura rave, la fiesta Hugo Ball y tu transición?

Hugo Ball fue la primera fiesta en la que realmente empecé a soltarme. La montamos un amigo llamado Justin Long y yo. Teníamos el control total artístico te todo, así que rompimos con todas las reglas. Se suponía que no podías tener una fiesta donde todo el mundo pinchase vinilo, cambiamos el Smart Bar de arriba abajo…

Era una fiesta irreverente, casi punk. En ese momento yo sentía mucha disforia y se acercaba el momento en el que realmente necesitaba salir. Mi vida se estaba tornando gris y eso se vio reflejado en la fiesta. Esta fiesta era intensa, catártica. Cuando hice la transición cambió algo en mi, apareció una luz que afectó a mi música y a mi estilo. Esto es extraño porque mi música en muchas formas no cambió como tal.

Mi colección de vinilos es la que es y mi gusto ha sido bastante parecido  a lo largo de los años. No obstante, las emociones y la energía que cambiaron porque claramente me sentía diferente.

Una de las temáticas que exploraba en mi música era la disforia y la disociación que sentía, lo cual me parece que se escucha bastante en el techno de hoy en día. Cuando hice la transición mi música comenzó a centrarse más en temáticas como el resplandor, la belleza, la luz. Sigue siendo muy cruda muchas veces, no cumple con el estereotipo de belleza. Sin embargo es una fuerte inyección de felicidad que se refleja bien en la música.

¿Por qué crees que no es fácil encontrar a deejays trans en la escena?

Es difícil encontrar a chicas trans en cualquier lugar. Yo soy de Chicago, que es una ciudad pequeña, y el grupo de chicas que conozco es bastante reducido. La música de baile nos conecta con nuestra transexualidad, de hecho creo que hay un número desproporcionado de chicas trans interesadas en la música dance.

Quiero decir que creo que muchas de nosotras hemos empleado esta música para sanarnos, vernos y expresarnos. No paro de conocer a mujeres de mi edad que están saliendo del armario o qué aún siguen en él. A mí me ves aquí a día de hoy porque me ha tocado vivir ciertas experiencias, pero podría haber pasado lo contrario perfectamente. Yo no salí del armario porque fuese súper valiente o lo que sea…

Creo que la música proporciona mucha fuerza a personas que estén pasando por cualquier tipo de marginalización en nuestra cultura. Y mucha gente sufre. La cultura no parece haber sido inventada para que nadie se sienta bien.

Creo que cada vez vamos a ver más gente trans en la escena. Habrá rechazo, pero creo que el trabajo de las chicas trans es significativo. Creo que la gente marginalizada lleva haciendo arte trascendental curativo desde el principio de los tiempos. Muchos de los ritos chamánicos de hecho incluyen a personas con todo tipo de divergencias mentales, sexuales, de género, traumas…

¿Hay mucha diferencia entre Europa y Estados Unidos en ese aspecto?

Es diferente en cada sitio. Hay personas que están de nuestro lado y gente en contra. Sin embargo, las cosas son difíciles para las chicas trans en cualquier lugar, no hay sitio perfecto. En unos sitios hay algunos derechos pero no otros y/o viceversa.

Además hay todo tipo de variables en cuanto a raza, situación económica, etc, a tener en cuenta. Lo que sí se puede asegurar que pasa en todas partes es que la gente te mira casi como si no fueras humano. Da igual estar en Berlín montado en el U-Bahn, siempre va a haber una abuela mirandote mal.

Recientemente nos alegramos mucho de ver tu nombre figurando en el cartel del Dekmantel, uno de los festivales de mayor calidad a nivel musical. ¿cuáles son tus expectativas?

Quiero aparentar estar tranquila y decir «nada, esto esto no me asusta» ¡Pero la verdad es que estoy nerviosa! Lo que más me preocupa es el sistema de sonido allí. Vamos a pinchar en vinilo y aunque sé que otras personas ya lo han hecho y ha salido bien, creo que tengo algún tipo de estrés post traumático.

Siempre tengo pequeños problemas así que todo el rato me estoy preguntando “¿Cuál será el problemilla de hoy?». Cómo en este caso el sistema de sonido es muy grande y el evento muy importante me preocupa más. No paro de fantasear sobre como sonarán ciertos tracks allí. Octa y yo tenemos muchas ganas de aprovechar las dos horas que tenemos.

Nunca he estado en el Dekmantel pero es algo que cuando hacía fiestas en Smart Bar para sobrevivir pinchando cada mes o dos meses, jamás pensé que ocurririese. Pensaba «qué guay que otros puedan hacer eso”. Y ahora no solo lo voy a hacer, sino que lo haré con mi pareja. La energía cuando pinchamos juntas es un poco loca, es una celebración de la felicidad y nos lo pasamos genial.

Escuchamos música en mi coche y gritamos y bailamos como adolescentes. En Barcelona, después de mucho tiempo sin habernos visto, nos quedamos toda la noche hablando y mostrandonos música house, fue súper romántico ya que así nos enamoramos. Poder pinchar esos discos en un festival como Dekmantel es súper emocionante.

* Extraído de DJ Mag ES 100