Así de ingenioso y natural

Texto: Bruno Garca

Es genial cuando un artista de su talante, minutos antes de arrancar la entrevista es capaz de romper el hielo del modo más cercano y natural posible. Ojalá siempre me encontrase en una situación similar. Sueño despierto. Me habían avisado que el todoterreno Sam Shepherd aka Floating Points era un tío llano, llevadero, que no escatima en labia, pero no sabía hasta qué punto.

Tras sus últimos escarceos recopilando su propio “Late Night Tales”, y diversos lanzamientos en sellos como Pluto, Luaka Bop, Ninja Tune, Border Community o el suyo propio Eglo Records, ya le tenemos de vuelta con un nuevo largo. El titulado “Crush” (Ninja Tune, 2019) hace los honores de relevar los magníficos “Elaenia” y “Reflections – Mojave Desert”. Su evolución como científico que pule a su manera hechuras como las del techno, los beats entrecortados, la música clásica o el jazz siguen siendo de sobresaliente. Su palique y buena onda, también.

Entonces, por lo que veo conoces de dónde vengo… ¿algún recuerdo en especial que quieras compartir para ir abriendo boca?

Bueno, bueno, si me dices que eres del sur de España ¡Entonces debes conocer Antequera! Y de ser así por la cara que me estás poniendo, debes haber probado esa especie de ‘gazpacho’ donde usan naranja, aceite de oliva, ajo y pan duro, que se sirve fría ¿sabes de qué te hablo, cómo se llama por favor? Estuve por Málaga junto a unos amigos, me la pusieron sobre la mesa ¡qué cosa más rica! Ah, luego hice la digestión atreviéndome con el Caminito del Rey… una pasada.

“Estoy seguro que te refieres a la porra antequerana”. Una de esas delicias de esta vida que un emperrado de la cocina como Sam –luego sabremos más- es capaz de valorarnos justo antes de entrarle de pleno con un cuestionario más personal. Ahora sí. Tu vida como artista, persona, está plagada de numerosos puntos de interés. Tantos que es complicado decidir por dónde empezar a tocarlos. Saltémonos el protocolo y dime Sam, cuéntame que cosa te estaba preocupando, o simplemente pasaba por tu cabeza antes de sentarte aquí conmigo.

Que por cierto, ahora que miro alrededor, la sala donde estamos sentados es perfecta para hablar distendidamente y ser entrevistado. Bien, ahora mismo estaba hablando con un amigo que trabaja en una revista que hace un rato estaba haciendo lo que tú. Una entrevista. En su caso para una artista angelina muy joven llamada K Á R Y Y N. Ella toca en este Sónar y la verdad, no la conocía. Ahora sí, y créeme, lo que hace es una auténtica genialidad, me encanta su voz. Su álbum “The Quanta Series” es increíble, de esos que te ponen la piel de gallina.

La he estado escuchando una y otra vez, todo el día, tanto que casi se me olvida el jaleo que tengo por delante esta noche. Bueno, exagero un poco, es broma. Vengo con un buen puñado de ‘discos’ que acabo de comprar, y cuando eso sucede me siento excitado y con ganas de pinchar. También voy a confesarte que estoy comprando cada vez más en digital. Me estoy coscando que pinchar con los CDJs es una pasada. Tanto por la calidad de sonido que ya sacan como por la versatilidad que supone trastear con ellos durante una sesión.

¿No será que te cansaste también de cargar con cientos de vinilos, esos mismos que luego amontonados suman miles y te están dejando casi sin espacio en casa?

¡Tanto como eso no hombre! Pero lo cierto es que me he calmado bastante a la hora de comprar discos de vinilo. Cuando lo hago, ya no es tan a lo loco como antes. Soy mucho más comedido y más de bichear en tiendas on-line, en sitios como Discogs. Tampoco puedo ir siempre en cada sitio que visito, con esa tranquilidad que se merecen las tiendas físicas. Y vale, es una faena cargar luego con todo lo que adquiero. Así que esta fórmula, que me está funcionando bien, además de hacerme más prudente es ahora mismo mi opción favorita.

En términos generales, ¿te has sentido alguna vez tan abrumado que se te pasó por la cabeza abandonar cualquiera de tus disciplinas? Músico, DJ, neurocientífico, coleccionista, cocinillas, presentador de radio, etc. Equilibrar todos tus mundos paralelos debe estar lejos de ser algo sencillo.  

Bueno, aquí lo que realmente cura cualquier momento de debilidad, de cansancio, es la pasión. Cuando uno hace su trabajo, sus cosas con amor de verdad, todo fluye de una forma más sencilla. Más natural. Te adaptas al ritmo y no tienes la sensación de estar perdiendo el tiempo. Sí me ha pasado alguna vez que me picó el gusanillo por intentar hacer incluso alguna cosa más. Lo pienso, y suelo decidir que mejor no.

Por otro lado, dentro de mí día a día se me suceden sensaciones contradictorias que sí son trascendentes para mi trabajo. Por ejemplo, como músico. Que te cuento, por ejemplo que me veo en una especie de obligación de meterle mano al show en directo, pero que va, de repente me desvío y me meto a hacer música nueva. Soy así. Otra cosa en la que empleo mucho tiempo últimamente es en descubrir música nueva. Me apasiona eso de explorar y dar con sorpresas. Tal y como seguro te hice entender hace un momentín hablando sobre K Á R Y Y N.

No olvides tampoco Bruno que aún no soy un ‘hombre de familia’, no tengo hijos. Quien sabe, eso igualmente sería un ‘problema’. Vamos a ver. Tengo varios amigos ya con críos, y todos coinciden en que es una experiencia única. Bueno, ya veremos, algún día llegará y ya lo valoraremos entonces.

¿Cómo puede la ciencia interceder y ayudar a tu forma de pensar y actuar como artista? ¿En tu vida cotidiana?

Bueno, mis estudios no me han respaldado mucho la verdad. Con lo que estoy cada vez más comprometido es con la tecnología. Me siento bastante feliz al descubrir como cualquier persona a día de hoy tiene la posibilidad de, con un mero ordenador, grabar sus propias ideas. Soy consciente que muchísimos discos han sido paridos en la habitación de una casa.

Hace no sé, cuarenta años o algo así, o menos que eso, estabas obligado a ir a un estudio que igual te cobraba cinco mil dólares al día. Ahora todo está mucho más al alcance de la mano gracias a los avances de la tecnología musical. Hacer música es ahora un acto más democrático. Otro punto que me atrae muchísimo es el nivel que ha adquirido este asunto: que gente de distintos puntos y que apenas se conocen colaboren entre ellos de manera digital, en la distancia, enviándose archivos, ideas, avances… Eso es genial.

La tecnología es un plus también a la hora de tener más espacio y más facilidad para preservar pistas de audio, esqueletos rítmicos, etc. ¿verdad?

Así es, y lo dice alguien que solía utilizar cinta magnetofónica al principio. Vale, aún lo sigo haciendo, pero mucho más ocasionalmente. Pero no tiene nada que ver: son una pasada de caros, son cacharros pesados, ocupan muchísimo espacio… A día de hoy ya es incluso posible grabar en mp3 un sonido con una calidad más que decente. Y ahí lo tienes, ni te enteras pues apenas ocupan espacio. Es muy práctico.

Aprovechando eso de las cintas, rebobinemos en el tiempo. Tus primeros pasos fueron escuchando e interpretando música clásica –desde los 7 u 8 años según mi chuleta- y luego incorporándote por ejemplo a un coro de la Catedral de Manchester. Nos encantará saber cómo y cuándo te decidiste a dar finalmente ese gran paso hacia la cabina de DJ y los soniquetes de baile.

La verdad es que yo jamás, pero ya te digo que jamás, tenía en mente convertirme en un DJ. Como cuentas comencé desde muy joven a estar en contacto con la música clásica, pero la idea de querer estar detrás de una cabina, esa jamás anduvo por mi cabeza. Pero todo sucedió de una manera muy natural. De nuevo, la culpa a mi mayor pasión: la música.

Me encantaba comprar y coleccionar discos. De hecho tenía la oreja pegada siempre a cosas nuevas que iban saliendo. Mi escuela en Manchester estaba muy cerca de un montón de tiendas de discos: Fortsyth, Piccadilly Records, Eastern Bloc, etc. Todos, sitios fascinantes donde perderte a escuchar de todo. Me acercaba por allí a la hora del almuerzo, luego por la tarde cuando salía de clases… Y que conste, no solía comprar nada, tan solo me ponía a escuchar vinilos todo el rato.

Cuando por fin…

Pues que empecé a tener algo de dinero, entonces sí que me llevaba algunos. Pero no por el mero hecho de necesitarlos, sino porque entonces costaban muy baratos. Aunque me hacía tanto con nuevos como con viejos lanzamientos, me centraba más en esto segundo: jazz, música soul, incluso clásica. Eso, hasta que mis gustos se fueron desarrollando hasta disfrutar como nunca antes con la música de baile.

Desde house a drum’n’bass y jungle. Yo tendría como quince-catorce años, apilé un buen montón de discos, los cuales me llevé conmigo al mudarme a Londres. Y claro, todos pasaron a llamarme “el chaval de los discos”. Así que, aún sin tener ni pajolera idea de usar los platos, ni de mezclar bien, cuando se terciaba la oportunidad me llamaban para amenizar cualquier movida gracias a mi colección de discos. A día de hoy me encanta el hecho de tener la oportunidad de compartir mi música con la gente. A ser posible, a un volumen alto.

Y no, aún no me considero a mí mismo como un ‘disc-jockey’. Sopeso incluso la posibilidad de que soy bastante ‘egoísta’ a los platos. Si se me mete en la cabeza escuchar algo, lo que sea, te aseguro que voy y lo pongo. Quiero que todo el mundo lo tenga también en sus oídos. Es quizás por esto que tantas veces me encontraréis pinchando disco, disco, disco, y de repente acid o techno. Todo lo que pongo en ese proceso, es porque me apetece escucharlo en ese momento. Y a lo mejor es que no lo hice hace mucho tiempo. Es más parecido en estar en casa con los amigos de un modo distendido.

Lo acabas de mencionar como uno de los primeros géneros que te hicieron cosquilla: el jazz. Menuda la lista con esa ‘banda perfecta’ de hasta quince componentes… Por cierto, ¿es el jazz el camino perfecto para sentirse más libre y romper reglas?

Creo que es muy complicado de definir lo que es el jazz. Más aún para mí. Si es más evidente que ofrece un marco de espontaneidad creativa. Esto, lo hace un género muy estimulante, a su vez un arma de doble filo. Cuando uno tiene la oportunidad de ver actuar a todos esos maestros del jazz, uno se queda sin palabras. No solo percibes una música maravillosa, sino también una enorme franqueza. Es como si esa persona compartiese su alma humana con el instrumento, y entonces conecta contigo.

Pero ni me quedé, ni me quedaré nunca ahí. Siempre tengo muy en cuenta otras expresiones como la música clásica, o el techno elaborado con precisión quirúrgica. Me gustan ambos mundos, ambos espectros son válidos para mí. Son como polos opuestos que se atraen y me hacen vibrar. Es muy interesante como igual puedes jugar con la espontaneidad inmediata, como todo lo contrario, pasarte un mes entero elaborando una producción que cada vez que le metes mano la modificas en ecualización, cambias filtros, etc. Todo tiene su momento.

«LesAlpx / Coorabell», un 12” que es una pura bendición. ¿Cuantísimo te divertiste componiéndolo? ¿Volviendo bastante al planteamiento de tus primeros discos verdad?

Regresando de nuevo a lo que estábamos comentando. Ser espontáneo, ser demasiado considerado, ambas cosas son válidas. Durante el proceso de creación de este nuevo álbum concurrieron ambas. Unas veces revolvía con una idea muy sencilla que había creado en el secuenciador. Luego me la exportaba vía MIDI para probar y hacerla funcionar en distintos sintetizadores. Al grabarlas seguía probando cosas, por ejemplo escondiendo algunas pistas, líneas de sinte o de bajo. “LesAlpx” es por ejemplo eso, yo todo el rato jugando con algo básico, mientras voy probando e improvisando cosas.

Pasado un tiempo, retomo todo esto que dejé hecho para luego darle un tratamiento más meticuloso. Incorporarle grandes olas, instantes con más impacto, que sé yo… Muchas veces, para contrastar todo ese apartado instrumental plagado de momentos, opto mejor por bases rítmicas puras.

¿Tengo la sensación de volar con temas tan largos y disfrutables como “LesAlpx”, o “Ratio”, más de diez y dieciocho minutos respectivamente. Quedando tan chulos como quedan, porque luego esa tendencia a sumar al pack un edit que apenas alcanza los cuatro minutos…?

¡Eso es! Y vaya, siendo completamente honesto contigo, reconozco que realizar un edit es una jodienda mayúscula. Y no me arrepiento de decir esto, porque me molesta tanto que no suelo regrabarlo, ni repienso la estructura, lo que suelo hacer es darle un tajo. Lo corto de golpe. Es muy costoso desarrollar, hacer fluir un tema para luego tener que recortarlo en menos de cuatro minutos.

Es desde luego algo que no me divierte en absoluto, pero también entiendo porque los ‘radio edits’ deben existir. Me decanto por esas versiones largas que tanto te gustan también, son de las que se pueden apreciar y disfrutar más su desarrollo en un club. O donde sea, como por gente como tú, y allá donde te plazca hacerlo.

Va siendo hora de hablar sobre tu nuevo álbum: Crush. No te voy a obligar, siéntete libre de contarnos aquellos que creas más interesante y debamos saber sobre él…

Lo primero que quiero apuntar es que el proceso de producción ha sido muy rápido. He pensado sobre esto mismo hace poco. No tengo claro como resultó todo tan ágil. O quizás sí. Solía tomarme siempre como un año en preparar un álbum, y este lo produje en unas cinco semanas. Pero esto es en cierto modo engañoso, ya que he tardado varios años en ir preparando todos los sonidos que lo componen.

Andar de gira con la banda supuso muchísimo trajín, no tenía tiempo para encerrarme mucho tiempo en el estudio. Cuando me sentaba lo hacía para investigar sonidos, jugar un poco con ellos, muestrear cosas… todo eso, lo iba guardando y luego lo dejaba reposar. Sabía que tarde o temprano le metería mano de verdad. A la hora de hacerlo durante esas pocas semanas que decía, me propuse ser estricto, ir a por melodías, y no propasarme demasiado con el minutaje. Igual me contradigo un poco, pero se trata de un LP, no de un EP. Y bueno, el proceso de creación fue de lo más ágil y entretenido. Tengo muchísimas ganas de presentarlo en directo.

A todo esto, tu estudio de grabación. Supongo que no seguirá siendo ese antro aka estudio aka habitación caótica donde tenías que arrastrarte por debajo de la mesa de mezclas para llegar hasta la cama, ¿verdad?

(Risas) Ah, no, no para nada. Esa jungla fue mientras yo estaba haciendo mi doctorado. Lo tenía todo apretado en un apartamento que tenía alquilado, junto a unos amigos,  en East London. Tardé con mis colegas como unos dos años en construir un estudio en la habitación con una acústica medianamente decente.

Pero es cierto que no paré de acumular cosas y en un momento dado era imposible moverse por él. Pero ya hace tiempo que me marché de ahí, hará como unos ocho años que tengo un estudio mucho más espacioso. Uno en el que puedo hacer todo el ruido que quiera, sin tener a los vecinos golpeando en la pared quejándose todo el rato.

¿Sigue por ahí ese artilugio casero, el armonógrafo, aparato mecánico que usaste para diseñar la carátula del álbum “Elaenia”?

Me temo que sí. Mi idea era la de donarlo a una escuela. Se trata de un cacharro muy chulo. Pero la verdad es que se ha ido desmontando con el tiempo, ha perdido incluso algunas piezas. Básicamente porque no lo construí bien del todo. No soy un carpintero jajaja Lo traté desmontar cuando me mudé, pero que va, se empezó como digo a caer a cachos, y de esa guisa no lo iba a llevar a una escuela. Una lástima, pero es que incluso podría ser un objeto peligroso si no está en plenitud.

Estuve bailando a Daphni (Caribou) en su sesión de Sónar de Día ¿Cómo de entretenido puede resultar ser pinchar junto a él y a todo esto, cómo os conocisteis? ¿En una convención de Matemáticas y Ciencias quizás?

Ah, pues creo recordar que fue Kieran, Four Tet, quien nos presentó. Él y Dan son muy buenos amigos. Luego pasamos juntos muchísimos buenos ratos en Londres. Salíamos de parranda juntos, que por supuesto pasábamos momentos increíbles pinchando discos en un mismo local. Bien fuese en lugares pequeños con poco más un centenar de personas, como en eventos con miles de fiesteros. Me encanta cualquiera de esas dos posibilidades.

El año pasado tuve la oportunidad de experimentar con cascos y unas gafas 3D (en Realities+D) aquella historia de realidad virtual en la que participaste con la banda llamada Peroration 6 VR Immersive Experience. Guau, debió ser una pasada involucrarse en algo de tal calibre…

Ah qué bueno que lo disfrutaste, me encanta saber eso. Bueno, aquello lo orquestó un muy buen amigo que tengo desde hace años y que reside en Nueva York: Fabien Coupez. Él lleva muchos años como artista y usando Flame (programa que junto con otros usan para modificar una película o un programa de televisión una vez acabado el rodaje). Era muy conocido y trabajó para grandes producciones como “Quantum of Solace” o “Taxi 3”. Fue él quien me empujó y sedujo a participar en este proyecto de realidad virtual.

Aprovechando que estaba tocando con la banda por la Gran Manzana, decidimos aceptar el desafío y nos metimos a rodar en una habitación rodeados por todos lados de cortinas y pantallas verdes. No teníamos en aquel momento ni idea de lo que estábamos haciendo, de lo que pasaría en la post-producción, así que… imagínate. Luego, tú que has podido verlo, ya sabes que nos transportaron a mitad de un desierto icónico que hay en Utah, y que de repente comienzan a sucederse fenómenos sobrenaturales. No cuento más. Se ha presentado en varios festivales, ojalá todos los que lean esto tengan la oportunidad de vivirlo.

Me gustaría que nos contases algo sobre  los micro-ARN … pero aún más el papel de estos en una enfermedad como el Alzheimer y su potencial terapéutico. ¿Qué nos puedes contar al respecto?

Mi doctorado se basó precisamente en los ARN monocatenarios y como estos pueden ayudar a paliar el dolor. Fue un estudio puramente académico. Durante esta investigación quería indagar algunos aspectos destacados de drogas sintéticas que supusiesen nuevas vías para el dolor neuropático. Se debería de tener muy en cuenta este asunto para el tratamiento multitud de enfermedades neuronales.

Nosotros fabricamos naturalmente códigos genéticos por todas nuestras células, podríamos ‘hackear’ aquellos defectuosos sintetizando químicamente micro-ARN. Actualmente sigue en fase de estudio, es todo muy nuevo y desde luego conlleva mucho riesgo. Sea como sea, me gustaría dejar claro que ya no estoy metido en todo eso. Sí que leo, incluso tengo amigos metidos en este asunto, pero yo ya me aparté.

¿Nos cocinamos el final, te parece? ¿Es cierto que dijiste «meterme en la cocina ahora es lo más parecido a estar dentro de  un laboratorio»? ¿Cómo ‘se come’ eso?

(Risas) Ah, si ¿dije yo eso? ¿Cuándo lo dije? Bueno, no me acuerdo ¿tú tampoco? El caso es que es verdad. Uno que entienda de cocina procura llevar a rajatabla una receta y un modus operandi que debe ser muy preciso. Debes procurar hacer exactamente cada paso, tal como si estuvieses trabajando en un laboratorio. Así que aunque no nos acordemos ahora, es verdad que cocinar es lo más cerca que me siento de un laboratorio.

Es en lo primero que pienso cada vez que paso por aquí, por Barcelona y me acerco a comer al Can Cisa / Bar Brutal, donde degusto como loco una crema de maíz y trocitos de gorgonzola, que preparan de postre. Es una interesantísima combinación de sabores dulces y salados. Debo confesar que el chef me contó cómo prepararlo, y desde entonces lo realizo siempre que puedo en mi lab… perdón, mi cocina.

* Extraído de DJ Mag ES 105