De forma increíble en nuestra escena, y en el mundo en general, el racismo ha estado sacando sus feas garras de nuevo…

Unos pocos individuos sin guía han estado expresando su apoyo por la extrema derecha, mientras que hemos visto un auge de los diferentes incidentes de abusos raciales. ¿Qué hay detrás de esto? Y, ¿qué podemos hacer para paliarlo en la música electrónica? DJ Mag investiga…

Autor: Ted Sheridan

Últimamente, en nuestra industria, muchas verdades incómodas han empezado ha hacer fruncir el ceño de la comunidad global electrónica, acostumbrada al lema “paz y amor”. Eso, sumado a los problemas que han surgido en torno al acoso sexual y la falta de igualdad, y que algunas veces llevamos a nuestros artistas de la cuna a la tumba. Hemos ignorado nuestro bienestar y salud. Pero, quizá, lo más sorprendente de todo, en una escena que le debe tanto a la comunidad LGTBQ+ y a la gente de color, es que también hemos tenido unos cuantos problemas internos con la extrema derecha y sus ideologías de odio. Sí, tan sorprendente como pueda parecer, hay ravers de derecha…

Ha habido una gran cobertura sobre el auge de la extrema derecha en todo el mundo. Berlín, recientemente, dio ejemplo de forma admirable cuando su comunidad electrónica se movilizó con efectividad, enfrentándose a su propia marca de agitadores de extrema derecha, estableciendo una expectativa quizá demasiado alta para el resto de nosotros.

Hace dos años, en el Reino Unido, un neonazi se declaró culpable de planear el asesinato de otra diputada laborista, esta vez siendo Rosie Cooper la víctima. Poco faltó para que se convirtiera en otra Jo Cox. Ha habido marchas espontáneas de energúmenos que ondean banderas y cantan más alto que nadie – y que han terminado en incidentes violentos – en toda Europa. Nadie puede negar que estamos en medio de algo realmente impactante.

En la escena drum & bass, artistas como Twisted Individual y James Pullen – alias Mistabisihi – han hablado abiertamente de superioridad racial y han promocionado sus opiniones de extrema derecha.

Sí, la escena creada por Grooverider, Goldie, Fabio y A Guy Called Gerald tiene racistas. ‘Lord’ Alan Sugar recientemente vinculó a deportistas de élite africanos a los manteros que llenan las playas que visitan los británicos en España. En Rusia, en la copa del mundo, los hooligans británicos fueron filmados haciendo saludos nazis y cantando canciones de alabanza a Hitler. En Italia, su recién elegida versión de Trump hace bromas sobre los inmigrantes. Y hay niños en cárceles en EEUU.

Todo lo que originó la música de baile ha venido de minorías. Hombres y mujeres homosexuales. La comunidad negra. La comunidad latina. Después de todo, parece que “empezó en África”.

¿Cómo es posible entonces que haya una derecha en una escena que se supone promulgar la tolerancia y la unidad? ¿Cómo podemos excluir a gente en algo que, conceptualmente, es inclusivo? ¿Por cualquier motivo? Si sois demasiado jóvenes para recordar y solo veis nuestra escena como una oportunidad se ser famoso y hacer locuras… Todo empezó en 1980, en la comunidad gay negra y latina. Se expandió al resto del mundo gracias al Verano del AMOR.

A-M-O-R. No se trata de hacerse famoso o rico. La intención siempre fue juntar a la gente bajo un mismo techo. Fue un antídoto directo a los gobiernos conservadores de los 80, que hacían exactamente lo que están haciendo los gobiernos actuales hoy.
Empezó como una forma de combatir las facciones y los grupos de odio y de escapar de la recesión. Fue nuestra forma de protestar contra las mismas cosas que están ocurriendo ahora. El mismísimo propósito de la música electrónica es el de estar en contra de las cosas que están mal en el mundo.
Podéis no estar de acuerdo con que haya un problema, pero las experiencias y visiones de mucha gente en nuestra industria sugieren lo contrario.

“Me senté en el metro y la persona que estaba al lado se levantó y se alejó, para sentarse más lejos”, nos cuenta el profesional de la organización de eventos Maz Phiri. “No tengo aspecto amenazador – bueno, al menos creo que no. No  soy ofensivo, así que tengo que reducirlo a mi color de piel. Desearía haberle dicho algo, pero siendo sinceros estaba en shock”.

“Hace unos meses en una tienda de Tottenham, donde vivo, vi a un tío que tendría cuarenta y pocos, gritándole a una empleada del sitio que llevaba hijab y lamentándose sobre la cantidad de ‘inmigrantes’ que veía ante sí”, nos cuenta el periodista musical Manu Ekanayabe.
“Ahora, en la mayor parte de Londres, ya no son casos aislados, es ridículo. Y especialmente en Tottenham, una zona que ha sido mayoritariamente habitada por negros británicos durante años, y ahora hospeda a una gran cantidad de europeos del este.
Al intolerante en cuestión lo acabó echando con amabilidad un guardia de seguridad africano. Esto, para mí, fue un recordatorio visceral de que Londres es, bajo ningún concepto, inmune a las ideas de extrema derecha de los políticos británicos”.

Ashley Beedle

“Me recuerda hace 40 años – en el 78 y 79 – cuando hubo un auge de facciones de extrema derecha y bandas como Skrewdriver’, dice el DJ Ashley Beedle. “Pero ahora gente como Tommy Robinson tiene el pelo más largo y una plataforma más grande desde donde pronunciarse. Mi madre está siendo víctima de un racismo implícito, cuando va al médico y le preguntan de dónde es. Ella tiene pasaporte británico y lleva pagando sus impuestos durante 45 años. ¿No les parece suficiente?”.

RACISMO CASUAL

Hay poca duda de que internet ha permitido que los grupos de extrema derecha se puedan organizar más – y ofender más fácilmente a la gente –. “Gente que no pensé que tuviera cierto tipo de puntos de vista se han desenmascarado online”, dice Maz. “Y he visto un incremento general. Pero, a veces me pregunto y pienso: ¿Es un incremento notable? ¿O es que ahora todos nos exponemos más?

Ejemplo de ello son las redes sociales. Cada vez hay más videos online y son más accesibles. La gente contesta con más rapidez. También hay mucho racismo casual, es algo que pasa todos los días”.

“Lleva siendo un mal momento ser moreno en Reino Unido desde el 11 de septiembre y la barba que llevé durante dos años – porque a mi novia de aquella época le gustaba – fue, definitivamente, algo revelador para experimentar cómo es el trato hacia los musulmanes solo por ‘encajar en el perfil’”, dice Manu.

“Con un buen afeitado he conseguido que me traten mejor en todas partes – en las puertas de los clubes, tiendas… la gente ahora tiende a sentarse más a mi lado en el metro y muchos otros ejemplos. Las cosas, sin duda, parecen estar más candentes en cuanto a la raza, que en ningún otro momento que recuerde. Un punto de vista que mi padre, médico de la seguridad social durante más de 30 años, está de acuerdo. Así que sí, siento que las cosas están más racistas que nunca en mi vida”.

La música electrónica siempre ha sido un micro-cosmos de la sociedad. Vemos con incredulidad como DJs, promotores y la industria se pelean entre sí como en un gallinero online. En un momento, se habla del Chicago house, y de pronto tienes a alguien hablando del Brexit, los partidos de derecha y demonizando a los pobres, sin venir a cuento.

Maz (Hshuker)

Especialmente, el Brexit parece haber venido asociado a la necesidad de liberar la lengua de muchos que se guardaban su odio. Presuntos entendidos han estado intentando imitar a EEUU tanto como han podido y esto, desgraciadamente, ha devuelto la relevancia a ciertos grupos de presión de supremacistas blancos en toda Europa. La ironía de que la extrema derecha intente imitar y venere la figura de un mandatario extranjero y su poder es tremendo.

El problema es negativo y se centra, totalmente, en lo que se conoce como ‘racismo suave y homofobia’.

Políticos como Nigel Farage empezaron a legitimarlo y eso abrió la discusión más allá, para acabar con un discurso total de odio y extremismo. Pocos de estos políticos son lo suficientemente estúpidos como para airear su odio abiertamente. Así que su discurso está lleno de códigos y “debates razonables” sobre inmigración, “criar bandas” y “terroristas”.

Sobre la “libertad de expresión”, “la voluntad de la gente” y “ser escuchados”, mientras que los periódicos más irresponsables y los memes más siniestros hacen de las suyas mintiendo sobre la prohibición de la navidad, la semana santa y arrestos por ondear banderas. Cosas que no solo son total ficción, sino que están especialmente diseñadas para inflar el odio.

Con el racismo “suave” llega la negación. Siempre es así. Para ellos no existe. No es una cuestión de raza, sino sobre “proteger a los niños”, cuando – de hecho – muchos de los nazis que se manifiestan son acosadores sexuales convictos o han tenido algún problema con el género femenino en general.

No puedes ser racista si te gusta Frankie Knuckles, Derrick May o Kerri Chandler. “Conocí a Honey Dijon una vez, ¿sabes?”, dicen algunos. Tachar a gente de tu lista y coleccionar famosos no te da carta blanca. Los “racistas suaves” no entienden que ver a negros, gais o transexuales como una novedad o un entretenimiento, o solo por “diversión”, también es parte del problema. No entienden que consumir entretenimiento “urbano” venido de EEUU no mitiga hablar del Islam o de Europa del Este de forma xenófoba.

Lo uno no quita lo otro. Los hechos siempre son ignorados, dejando como único lenguaje la emoción. Si no entendéis lo del “racismo suave”, haced la siguiente prueba: si os encontráis habitualmente teniendo que explicar a la gente que no sois racistas, entonces es que probablemente lo seáis. Ya lo siento.

Más que nada, parecemos haber perdido el decoro. La misma locura que hace que la gente use los espacios públicos como si fueran su zona personal significa que parecemos haber perdido la habilidad para saber cuándo se trata de una situación privada, donde el humor negro y duro es perfectamente aceptable, y cuándo estamos en un espacio público con reglas públicas y diferentes.

Hemos de entender que cualquier cosa, exceptuando la más privada de las conversaciones, será juzgada a partir de ahora. Grabada. Y posiblemente retransmitida. Tenemos que aprender a callarnos de nuevo. Necesitamos aprender que hay una diferencia entre estar en un círculo de amigos en un bar y en un foro público.

El que escribe estas palabras ve discusiones de la gente que siempre piensa que está por encima de las cosas, esos partidarios de la “tercera vía” que postean memes de palomitas de maíz en lugar de tomar partido, diciendo que nadie debería decir nada, diciendo que es entretenido ver a dos discutir, y que no deberíais hacerlo. “No darles alas”. Atacar a los nazis con “amor”.

No es un momento para hippies o indecisos. Si no podéis ayudar, callaos y dejadnos a nosotros. Esa positividad americanizada y falsa es perfecta para los extremistas. El silencio y la tolerancia es carne para ellos. Es momento para la tolerancia-cero. En los 80 y 90 había una liga anti-nazi, había un Rock Contra El Racismo. ¿Dónde está nuestra versión? ¿Dónde está nuestro House Contra El Racismo?

EDUCACIÓN

Así que, trágicamente – y es casi innegable – el racismo está en auge. ¿Qué podemos hacer al respecto? “Educación, siempre – siempre se trató de agitar, educar y organizar”, dice Ashley Beedle. “Este era y sigue siendo mi mantra. Sin importar la generación, tiene que haber un aumento en la concienciación sobre lo que ocurrió en el pasado y respetar lo que se ha conseguido – y su impacto en la cultura global. Ya está bien de eliminar a los pioneros de los libros de historia”.

“Bueno, yo pienso que es el mismo cambio, pero en una década diferente”, reconoce Maz. “Parece que hemos dado dos pasos adelante y tres atrás. El problema es doloroso y realmente me rompe el corazón. Necesita ser erradicado, ya que la gente no nace racista – es algo que la sociedad enseña”.

Manu Ekanayake piensa que los abusos de la prensa deberían, de alguna forma, ser puestos sobre la mesa también. “Están fomentando las llamas de cierto nacionalismo extremo que ya ha envenenado cualquier atisbo de un debate real. James Ball ha escrito un libro bastante bueno sobre esto, La Post-Verdad: Cómo Las Tonterías Conquistaron El Mundo (Post-Truth: How Bullshit Conquered The World), en los que habla de, por ejemplo, los inaceptables excesos de las portadas del Daily Express. Aunque podemos ridiculizarlas en internet, cada vez que se comparten se vuelven parte del debate y alimentan a la extrema derecha”.

Manu también piensa que las empresas de redes sociales, como Facebook y especialmente Twitter, deberían comparecer por su tolerancia ante esa promoción abierta del odio – en contraste con su política de tolerancia cero con los desnudos, por ejemplo –. “La excusa de la ‘libertad de expresión” no puede seguirse permitiendo, mientras los millonarios detrás de estas empresas eluden sus responsabilidad, mientras que sus plataformas son usadas para poner en peligro a la gente y envenenar nuestra sociedad”, dice.

“El hecho de que Twitter acabase de banear a la gente que usaba esvásticas de forma abierta en sus perfiles lo dice todo. He perdido la cuenta de las veces que he reportado a alguien en esa red social, ver que la denuncia ha sido validada por Twitter y ver como todo sigue igual después”.

Manu

La política debería enseñarse desde la secundaria, cree Manu. “Tal y como está establecido, a todos nos dan derecho a votar a los 18 y nunca nos enseñan lo más básico de la democracia – la diferencia entre los partidos y sus filosofías, como funcionan los debates parlamentarios o cualquiera de las otras cosas que podría influenciar cómo participamos en nuestra democracia. El conocimiento es poder”, como dijo Francis Bacon. Creo que haciendo eso, más gente se sentiría conectada  con la política, por lo que más votarían y todo el mundo sería un lugar más feliz, ya que más personas sentirían que su opinión cuenta.

“Además, esto haría a la gente menos vulnerable a los excesos del populismo, con su búsqueda de chivos expiatorios e intentando simplificar posturas sobre cuestiones complicadas”, continúa Manu.

Si estáis contrariados por algunas de las sutilezas que citamos, esto puede ayudaros. Hay una diferencia entre racistas y xenófobos, aquellos que temen y atacan a otros, y los “supremacistas”. Esos que no se ven activamente odiando a otros, pero creen con celo religioso que todo lo que hacen es mejor que lo del resto. Los supremacistas, de raíz, sufren la alucinación de que ellos – y por extensión, lo que defienden – es simplemente mejor, por fuerza de una lógica retorcida. Es simplista y falto de criterio real: Mi país es el mejor; Mi equipo es el mejor; Mi vinilo es mejor que tu portátil; Mi viaje por la música house es más auténtico que el tuyo; Mis necesidades son más importantes que las tuyas; Mi edad significa que sé más que tu.

Es el tipo de mentalidad que lo ve todo como un competición. Charts, estadísticas, ganadores y perdedores. El arte no es competición. La música no es un deporte. Este pensamiento elitista lo vemos en todas partes. Es la mentira fundamental que subyace en el núcleo del extremismo blanco. La actitud que no admite discusión, el mito que no puede ser discutido. Porque, al final, su argumento es puramente emocional y totalmente alejado del pensamiento racional. Para ellos es una obsesión y una programación enmascarada por el “amor”. AMO estas cosas, por lo que no puedo estar equivocado. Como su nombre indica, los supremacistas siempre tiene que estar encima. Esta ilusión los define.

UNIDAD

Debemos empezar a plantarnos. Si la mayor parte de la prensa está en manos de la derecha, tenemos que encontrar nuestra propia voz. Tenemos que unirnos contra esta ola creciente de odio peligroso. No sirve de nada esperar que un algoritmo contrarreste estos problemas. Mientras que la moralidad humana se deje controlar por los robots de una red social, los problemas continuarán.

Una persona baneada y denunciada no se va a preguntar qué ha hecho mal – tan solo se verán a sí mismos como víctimas y por lo tanto reafirmará su odio. “La cultura del victimismo” es, irónicamente, el arma más grande usada por los grupos de odio. De que son heroicamente oprimidos, rodeados por todas partes por enemigos tanto reales como imaginarios. Tenemos que hacerles saber que esto es cierto e inevitable. De que, en verdad, somos más que ellos. Que el odio no tiene recompensa. De que nunca van a ser nada más que una minoría, contenida a perpetuidad. Negada.

“House contra el racismo” no es una cuestión de género. En los primeros días de la escena en Chicago, la palabra “house” era jerga gay para decir que algo era absolutamente correcto. Tus zapatos eran house. Tu vestimenta era house. Tu actitud era house. Usábamos la palabra en su sentido más puro y original. Por lo tanto, es absolutamente HOUSE ser anti-racista. En nuestro house, todos son bienvenidos.

Quizá deberíamos empezar una sub cultura altamente inclusiva y anti-sistema. Un lugar donde podamos estar orgullosos de nuestras diferencias. Ponernos nuestras rarezas como medalla. Todas las razas, géneros. Amor. ¿Os suena? Quizá es porque ya lo hemos hecho. Es realmente increíble lo que puede llegar a olvidarse en tan solo 30 años… ¡No lo olvidemos!

* Extraído de DJ Mag ES 091