“El futuro de una sociedad moderna depende de su evolución cultural y de su adaptación tecnológica”

Autor: Pedro Bueno, director de Xprésate, Escuela Profesional de Música Avanzada

Desde la aprobación en 1901 del Real Decreto del 26 de octubre, en el cual se consideró incluir la asignatura “Canto” en el listado de materias obligatorias de la primera enseñanza, pasando por la II República (1936-1939) -etapa en la que  el sistema educativo sufrió una importante reforma que repercutió de manera directa sobre el pueblo, permitiendo el acceso para todos a la educación y a la cultura , incluyendo la música como parte de la cultura-, hasta nuestros días, nuestra sociedad cultural se ha transformado a un ritmo vertiginoso. (Es importante no olvidar que, tras la Guerra Civil, el Estado decidió dejar en manos de la Iglesia el sistema educativo, con sus devastadoras consecuencias en nuestra evolución cultural).

A día de hoy, la música todavía no goza del reconocimiento que se merece, ni a nivel educativo ni a nivel social, sin valorar correctamente el valor que tiene en el desarrollo social, mental y afectivo, ya desde la primera etapa de la educación.

“La institución escolar […] ha sido concebida y mantenida y sigue siéndolo en nuestro tiempo- por intelectuales y políticos que raramente consideran lo artístico como un valor fundamental; para ellos, generalmente, lo artístico se sitúa al margen de lo serio e importante, y debe seguir siendo algo accesorio, es decir, un lujo. (Maneaveau, 1993, p.16).”

La reforma de la LOMCE de 2015 es el caso más reciente de este desinterés político, cuando el ministro Wert manifestó que la música “es una de esas asignaturas que distraen”, y pasó a ubicar la música dentro de una nueva asignatura denominada “Educación Artística”, en la que dejaba a la música como asignatura no troncal.
No me voy a extender ahora en esta desagradable decisión.

En nuestro sistema educativo actual todavía se sigue acudiendo al colegio con la flauta debajo del brazo como primer instrumento musical y vehículo canalizador de la formación musical básica. No estoy en contra de esto (aunque confesaré que es, para mí, el instrumento más aterrador junto a la gaita).
En mi opinión, nos estamos quedando muy lejos de lo que debería ser una formación musical más completa que, unida a la tecnología, dotaría al alumno de conocimientos y capacidades creativas que potenciarían su desarrollo.
No deja de ser paradójico que en las aulas estén con tablets y pizarras digitales, pero a clase de música se siga acudiendo con la puta flauta.

Esto mismo ocurre en la mayoría de conservatorios y escuelas de música tradicional, donde al alumno se le dota de una formación clásica de gran valor, se le somete a exámenes de un nivel descorazonador, respira un aire marcial propio de la academia de marines de West Point, pero todo queda entre su instrumento y su partitura. A alguien con unos conocimientos musicales tan exigentes, no darle una formación en tecnología musical adecuada para potenciar sus capacidades creativas, en pleno siglo XXI, es privarle de mucho.

Y es en este aspecto donde las instituciones públicas tienen toda la responsabilidad y las soluciones para permitir a la sociedad el acceso a la formación en tecnología musical. Bien equipando a los centros de enseñanza pública con equipos informáticos con el software adecuado (no hacen falta grandes equipos de supercomputación tipo Mare Nostrum, con equipo y software básico es suficiente para aprender); bien permitiendo a los alumnos el acceso mediante ayudas públicas a centros especializados; bien dotando a las escuelas públicas de personal docente experto en tecnología musical; bien subvencionando actividades extra-escolares dedicadas a la formación en este campo; bien apoyando a los centros especializados, mediante programas subvencionados, para permitir el acceso a la formación a personas o familias con dificultades económicas. Son sólo algunos ejemplos que se me ocurren…

No se le debe restar importancia al impacto directo que tiene sobre nuestra sociedad en materia económica, laboral y cultural. La tecnología musical, ya sea software o hardware, implica a muchos sectores de la industria: ingenieros, informáticos y desarrolladores de aplicaciones, distribuidores de componentes electrónicos, comercios de instrumentos y equipos, centros de formación, músicos y artistas, técnicos, estudios de grabación, salas de conciertos y auditorios, etc…

Desde distintas instituciones públicas, tanto estatales como autonómicas, se han llevado a cabo distintos programas para acercar a la sociedad a este entorno, pero no deja de ser insuficiente y de poco calado. Hace falta un compromiso más efectivo para lograr el objetivo fundamental: una sociedad culturalmente y tecnológicamente más avanzada.

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* Extraído de Dj Mag Es 085