La singularidad hecha hombre

Autor: Bruno Garca / Eduardo Pérez Waasdorp

Es realmente emocionante sentarse a compartir un buen rato de charla con uno de esos artistas que, para los que vivimos en ese vicio que es amar la música electrónica en su máxima expresión, es como un semidiós. Ya os digo yo que por mucho que su extraordinario talento nos invada, es tan humano como cualquiera de nosotros. Aun así, impone lo bicharraco que es.
Jon Hopkins, ese mismo que se ha codeado con Brian Eno o David Holmes, que ha sido teclista de Imogean Heap, que por supuesto ha compuesto auténticas narraciones sonoras como  ‘Immunity’ o ‘Insides’, benditos álbumes; no menos maravillosas sus bandas sonoras rasgadas para filmes, ‘Monsters’ por ejemplo. El caso es que nuestro maestro cura heridas publica este mismo mes de mayo y a través de Domino, nuevo largo, el titulado ‘Singularity’. Aprovechamos su última visita por Barcelona para que nos cuente sobre el disco, bueno, eso, y mucho más…

 

Antes que nada, sentimos cosquillas de solo pensar cuales pudieron ser tus primeros contacto con la música. Vale, algo sabemos… nos consta que desde chaval, con tan solo 7 años ya oías la radio donde primeras te sedujo la música house; a los 12 ya estudiabas piano en Londres y te compraste tu primer sintetizador Roland… Creo que hasta participaste y ganaste en un concurso… En primera persona, mucho mejor siempre ¿qué nos cuentas de todo aquello? ¿Qué tal se te dio eso de actuar tan joven?

¡Claro que os cuento! De hecho, recuerdo bien que la sensación fue aterradora. Me encantó la experiencia de actuar, eso sí, en general me encantaban los conciertos, poder interpretar toda esa música tan alucinante, y más en particular la música impresionista francesa, me encantaba. Me lo tomé muy en serio, me desviví por aprender y practicaba muy, pero que muy duro. Gracias a tanto sacrificio mejoré, y como consecuencia, entré en varias competiciones. En una de ellas, una de las más importantes, la experiencia fue cualquier cosa menos agradable, vale que estuve muy contento con mi desempeño, pero la experiencia en sí fue bastante aterradora. Recuerdo mirarme los dedos de las manos al mismo tiempo que mi mente se preguntaba “¿Cómo es que estoy haciendo esto?”, como si fuese ayer tengo en la cabeza aquel momento. Fue tremendo. Acto seguido, pasada la experiencia, me evadí a mi modo, me puse bastante fumado y me senté a componer música electrónica (risas). Así que cuando no estaba haciendo lo primero, trasteaba en mis teclados, un Yamaha SY77 y un Roland D-20 que me había comprado de segunda mano. Los sonidos me fascinaban. Había magia en ellos, y es que siempre me encantó el sonido electrónico, esa pasión perduró desde siempre, quizás y no tan quizás como reacción a esa competición de piano, hubo un tiempo que evité usar pianos en mis propios trabajos. Notarás que apenas hay algunos en mis primeros discos.

Cuando comprabas cacharrería de segunda mano, ¿solías ir a alguna tienda o…?

Creo recordar que solía hacerlo bicheando en anuncios de compra-venta, esos que se agolpaban en la parte trasera de una revista, estoy hablando de principios de los 90 (risas)…

Debió de ser mágico para ti, ¿no?

¡Sí, pura magia!

Esa magia, esos sonidos puestos al alcance de tus manos, una pasada…

¡Sí! El sonido del YS77 siempre me pareció asombroso, su arquitectura, su síntesis avanzada de FM, su interfaz de modulación… tantos aspectos tan interesantes y complejos. Pero es que además ¡tenía un aspecto muy chulo! Ok, y muy pesado también.

Ahora si se quiere y hablando de actuar en directo, no hay porque dañar la espalda, puede ser mucho más llevadero ¿verdad? Recuerdo verte tocar por ejemplo con cuatro Kaoss Pad… Máquinas perfectas para improvisar con los efectos ¿verdad?

Sí, este tipo de configuración sobre el escenario te permite muchas cosas. Aún sigo  trabajando ahora mismo en la configuración de mi próximo directo, y me encanta porque no hay una división clara y hay mucha dinámica, a eso le sumamos que al mismo tiempo es imposible controlar las estructuras sonoras que escupen. Son ideales para ir manipulante sonidos y desde ellos lanzo muestras también. En el futuro, probablemente, los use de una forma un poco diferente, quizá los divida en secciones… Pero sí, me encantan esos aparatos. Por otro lado,  preparar este nuevo live set está resultando algo más emocionante de lo normal. Gran culpa de eso tiene también que estoy volviendo a algunas de mis antiguas canciones e intentando hacer que encajen con las nuevas.
También estamos trabajando en unos visuales muy interesantes. Esta vez con artistas distintos ¿viste ya la portada del disco? Si no te la mando luego para que la puedas ver… Ya te adelanto que pinta genial. Estoy muy contento con el apartado visual también, de todo el material que ya hay van a salir unos vídeos muy interesantes.

De tocar los teclados para Imogen Heap, a telonear para Portishead, o colaborar con Brian Eno, co-producir temas para Coldplay o ser headliner de Sónar… ¿Cuál ha sido la clave del éxito? ¿Mucho sacrificio o más bien diversión con premio?

Desde luego, sacrificio. Han sido muchos años de trabajo duro, aunque lo que más he disfrutado a nivel personal es la composición, pero sí… es extenuante, se lleva gran parte de ti. Por otro lado, el sentimiento que se obtiene cuando das en el clavo, cuando resuelves algo del mejor modo posible es increíble. Llegar al final de un disco es como correr una carrera y llegar a la meta. Durante el esfuerzo te sientes extenuado, que no llegas… En mi caso, cuando suelo acabar las cosas, al final me impregno de buenas sensaciones, es lo que ha sucedido al final de este nuevo disco, porque me sentí verdaderamente como si hubiera esprintado. Quedé muy complacido con el resultado y desde luego ha sido una experiencia un tanto diferente. Este es un trabajo donde das tu vida y tienes que aceptar de buena gana todo lo que conlleva, es para mí el mejor trabajo que existe. No puedo imaginarme a mí mismo haciendo otra cosa mejor. Soy muy afortunado de poder dedicarme a lo que me dedico.

En esta última “carrera”, tu nuevo disco ‘Singularity’, y en el que percibimos el mismo ambient, las mismas melodías y el mismo sonido crujiente que en tu anterior trabajo, en la misma línea al menos, pero más cinemático y reflexivo, quizá… ¿Cómo describirías tu evolución contando historias en tus álbumes en solitario desde ‘Insides’ de 2009?

Es muy difícil de describir para mí, ya que la composición es un proceso que me fluye sobre todo desde el subconsciente. Es más como si hubiera vivido durante el desarrollo de los álbumes diferentes experiencias, y luego, cuando los redescubro y miro atrás me digo a mí mismo: “vale, en este hacía esto por aquel motivo, en este otro, por aquella otra historia”.
Confieso que ‘Insides’ fue un punto de inflexión para mí, ya que descubrí un punto a nivel sonoro más interesante que en los anteriores, y luego ‘Inmunity’, el cual se supone fue el que me colocó más sobre el mapa y la gente escuchó más, al analizarlo de un modo retrospectivo mi sensación es la de revivir un reflejo de lo que ocurrió en mi vida en los dos años anteriores a terminarlo, un lapso de mi vida bastante desgarrador: estuve yendo a muchos clubes, me interesé por la cultura del MDMA, en el poder hipnótico de la música y el baile. También redescubro un fuerte aliento a melancolía, por ejemplo a aquella sensación que tienes a las 7 de la mañana cuando sabes que deberías estar metido ya en la cama hace horas. ¡Es una pasada! ¡Es hermoso! Pero no puedes estar haciendo aquello eternamente. Y por eso me atrapa esa sensación de pena. En este lanzamiento el sonido es muy distinto, supongo que inspirado por procesos más naturales, completos, hablo de meditación y experiencias psicodélicas naturales a las que llegas mediante la respiración u otros procesos…

Practicas la meditación habitualmente, ¿no?

Mucho, sí. Y mucha de la luz y el color de este nuevo disco viene precisamente de esas experiencias, de eso estoy casi seguro.

Cuando te sientas y te concentras en el estudio, listo para componer algo nuevo, ¿hasta qué punto es tu talento innato el que disfruta de la experimentación, en contraste con tu educación musical más clásica?

Creo que puedes encontrar atisbos de una educación musical clásica, pero no demasiados. Para mí la educación que tuve tiene que ver más con aprender cómo interpretar lo clásico, eso, en lugar de ejercitarme a componer. Por ello todas mis piezas surgen desde el corazón, y como decía hace un par de minutos, de mis propias vivencias. El hecho de que conozca las técnicas de piano viene de esa época de mi vida, es imposible no reconocerlo, pero realmente no siento que estén presentes cuando estoy creando en el estudio. No siento una conexión en particular con todo aquello.

¿Tienes un piano real en tu estudio?

Sí, y además se puede oír en este último disco, como en el último track titulado “Recovery”. Es un instrumento hermoso, el que yo tengo es un Yamaha. Vive conmigo  desde 1988, es el primer piano que mis padres me compraron cuando mostré interés en tocar dicho instrumento, es increíble que siga ahí. Lo quiero mucho. El mero hecho también de seguir teniéndolo, no otro que llegara después, sino aquel mismo, es fascinante, encima en las mismas condiciones… es desde luego algo muy especial. Se trata encima de un modelo que posee mucha delicadeza. Más que ningún otro Yamaha que haya conocido y tocado. Es más cálido que otros.

Creo recordar que uno de tus compositores favoritos era Ígor Stravinsky.

Sí. Es una locura darse cuenta de que compuso La Consagración de la Primavera cuando tenía tan solo 20 años. Es mejor no pensar demasiado en eso… (risas)

¿Qué tan importante es para ti disfrutar del proceso de composición?

Es sumamente importante. Porque si no lo disfrutas… Hay temas en ‘Insides’, como la que da título al disco, en las que no disfrutaba del proceso, pero eso jugó en mi favor en ese caso, porque esa rabia y el sonido sucio que se percibe era justo lo que quería para esa canción. Este disco es más como una experiencia más híper-sincera, a su vez disfrutable, no se trata para nada de crear obligado por la ansiedad… Por eso ya pasé (risas). Ahora estoy más mayor y quiero conseguir un sonido más cálido, que la gente lo pueda disfrutar y le resulte más placentero. Y si no disfrutas al hacerlo no sonará honesto. Ahí entra toda la meditación y las técnicas de respiración que he aprendido, con las que puedes cambiar hasta tu humor si quieres, si estás cansado, ansioso o frustrado… Gracias a las técnicas de respiración puedes cambiar la forma en la que operas, y particularmente, la forma en la que compones música. Así que he desarrollado más y más formas de controlar mi mentalidad y eso ha cambiado cómo suena este disco.

Si estoy en lo correcto, te llevó 8 meses terminar ‘Immunity’, 3 años para ‘Insides’…

No (risas). Nada de eso es verdad. Nadie puede saber a ciencia cierta lo que ha costado terminar un disco, ni siquiera yo, porque ‘Insides’, por ejemplo, fue escrito en pequeños fragmentos… Estaba haciendo tantas otras cosas en ese momento, mi carrera en solitario no era una realidad en ese momento. Por ejemplo, hay una canción en ‘Insides’, su título ‘Wire’, que la compuse en 2005, y luego algunas partes de otros temas las compuse en 2006 y ‘Vessel’ en 2007 y otras sin embargo a lo largo del 2008. Jamás existió una continuidad. La razón por la que ‘Insides’ suena, estilísticamente, como si hubiera juntado varios discos diferentes en uno es porque lo hice entre mis 25 y mis 29 (risas). Mis influencias iban mutando continuamente. En cambio ‘Immunity’ lo quise componer de una sola tacada, vamos, del tirón, pero al final me costó más o menos como un año y medio, así que…

¿Qué hay de ‘Singularity’?

Calculo que probablemente me costaría lo mismo. Lo terminé en octubre del año pasado. La verdad es que realicé la mayor parte de la composición el año pasado, de enero a octubre, pero ya tenía bocetos antes de eso. La verdadera construcción la llevé a cabo en ese periodo, en 2017.

¿Cuándo te gusta más componer? ¿En otoño o invierno, cuando hace frío?

No es algo que me importe. Creo que el invierno está bien para concentrarse, porque hay menos deseos de salir a la calle (risas). Para mí, si la inspiración está fluyendo, y estoy teniendo ideas, escribiré en cualquier momento que pueda del año.

Y, ¿qué tan difícil ha sido establecer el orden del tracklist?

Eso es algo que hice en un estadio muy temprano del proceso. Porque, con suerte, si lo escuchas de principio a fin, y tras varias veces, podrás darte cuenta de que el orden es algo muy importante. No es como si hubiera hecho unos cuantos temas y luego los hubiera metido como sea en el disco. Para mí es como escribir un libro. No es que uno escriba trozos del libro al azar y decida al final en qué orden van a ir los capítulos. Para mí es también algo similar a una película, una cinta en la que cada escena va antes o después de un determinado momento. Ese sentido, todo lo que sigue al corte principal, que es ‘Feel First Life’, el cual está justo a mitad del recorrido y es donde se dispara la parte más pistera. Cada track influye en el resto muy seriamente, y es por el orden. Diría que fue como hace un año cuando ya tuve bastante clara la idea para la distribución del orden final. Y una vez que se tiene una estructura, se le puede dar una nueva oportunidad a cada pieza para que luego mejoren en conjunto.

Y, ¿cuándo sabes cuándo un trabajo está terminado? ¿Cuándo está listo para que otros lo degusten?

Solo cuando lo escucho y nada más me viene a la cabeza. Cuando creo que no hay que cambiar nada, así de sencillo. Si lo escucho una vez más y pienso que hay un solo sonido o idea que piense puedo mejorar, entonces me corto, voy y lo cambio.

¿Qué tan importante es el silencio en tu música? ¿Y las grabaciones de ambiente? Cuando escucho tú música, me sorprenden realmente las grabaciones de ambiente, sobre todo al escucharlo con cascos…

La idea del silencio me encanta. Me di cuenta hace unos años que si tenías bien controlado un cierto sonido de sintetizador, de aquellos que te generan una especie de vacío electrónico, hablo obviamente de los más atmosféricos, si los acompañabas con algunas grabaciones de campo, aunque fuesen simplemente grabaciones del ruido de fondo del lugar en el que estás, le insuflaba vida, y todo acababa sonando muchísimo mejor. Así que empecé a usarlo casi como si fuera un instrumento adicional desde ‘Immunity’.
En este disco también hay mucho de eso, hay un trueno por ejemplo en ‘Singularity’, el primer corte, pero que está afinado con el resto de la intro del disco. A decir verdad hay sonidos por todo el trabajo que vienen de todo tipo de fuentes. Me encantan por ejemplo los sonidos que hacen los instrumentos y que no se supone deberían hacer, hablo del crujir de los pedales, del traqueteo de la madera… Me encanta todo eso.

¿Te gusta también toquetear las mismas cuerdas del piano verdad?

Sí, algunas veces. Mola bastante. También, cuando hablas del silencio es como el equivalente al espacio negativo en una pintura. Ese que está pero no se percibe dentro y alrededor de los objetos. Es importante dejar de vez en cuando cierto desahogo. Y hay partes del álbum en las que hay muchas cosas ocurriendo a nivel sonoro, es un trabajo complejo, y hay otras en las que solo suena una nota sostenida durante unos 20 segundos. Me encanta ese contraste.

‘Immunity’, ‘Singularity’… No hay que tener tres carreras en letras para darnos cuenta que también guardan un hilo en común. Me atrevo con esto ¿algo que ver las con cualidades o las paradojas físicas?

Lo cierto es que no demasiado. ‘Immunity’ tenía que ver con el sentimiento que tengo siempre que me siento a componer música. Cuando trabajo en una canción y al final termino enamorándome de ella, me siento inmune a todo. Noto como si pudiera manejar cualquier cosa. De ahí ese título. ‘Singularity’ va sobre la unión. Es lo opuesto de la separación. En un momento en el que el mundo está más dividido que nunca y todo el mundo se siente desconectado de todo, ‘Singularity’ es el punto de inflexión en el que todos nos encontramos. En el universo existe un lugar donde todo confluye, a este se le ha llamado “singularidad”, sin entrar mucho al trapo, se trata de algo muy profundo. Espiritual. Y el título es un recordatorio de eso, es un concepto que me parece muy bonito, la mera idea de que nos encontremos todos en ese punto. Por esta sencilla razón el álbum comienza con una nota y se expande a partir de eso, y luego, al final, vuelve a eso. Es como hizo en su momento el universo y volverá a hacer en algún instante, cuando se contraiga.

Eres bastante respetado también como compositor de bandas sonoras para películas ¿Qué es más difícil, componer un álbum o musicalizar el trabajo de otros?

Crear un álbum es siempre una tarea más complicada, pero también resulta a la larga lo más gratificante. Cuando compones una banda sonora para una película lo haces para otra persona, y lo haces para que sirva para una película. De otro modo, que esté a su servicio. El objetivo primordial no es la música en sí, su propósito es más el de acrecentar las sensaciones del espectador que está en su butaca. Por eso me gusta componer mi propia música, porque hay una exploración real, personal, es ahí cuando realmente progreso como creador sonoro y artista. Hay cierta libertad y no hay restricciones de tiempo o fechas de entrega. Al hacer un álbum puedes tardar lo que quieras. Lo que sea menester con tal exprese lo que tiene que expresar. Para una B.S.O. tienes que crear treinta piezas musicales en tres meses, o algo así, es un proceso totalmente opuesto. Dicho eso, reconozco que es muy positivo para practicar y probar cosas.

Concretamente ¿Cómo surgió el proyecto Monsters (Gareth Edwards, 2010)?

Quedé muy satisfecho con aquello ¡Y encima fue mi primera banda sonora una película!

Antes de Monsters, ¿hiciste la música para un corto, verdad?

¡Ah, sí! Justo antes de eso… Así es. Fue para el corto Rob & Valentyna in Scotland (Eric Lynne, 2010), eso sí que fue genial. Pero volviendo sobre mis pasos, mi primer largometraje fue Monsters, ya conocía previamente al supervisor de la misma gracias al circuito de directos, él fue quien se puso en contacto conmigo, me presentó a Gareth Edwards y me mostraron una versión preliminar de la peli y ¿sabes? ¡me pareció una puta pasada! ¡Un film increíble! Cuando la vi le dije sin dudarlo un solo segundo que quería hacerlo. Fui a casa, compuse unos temas y le gustaron mucho. Y eso fue todo, tal cual. La verdad es que realicé el trabajo en unas seis semanas. No recuerdo haber trabajado tan duro en tan poco tiempo, muchísimo menos cuando he tenido entre manos la creación de algún álbum. Fue una experiencia increíble.

También hiciste The Lovely Bones (Peter Jackson, 2009) junto a Brian Eno y Leo Abrahams. ¿Cómo prefieres trabajar cuando haces una banda sonora? ¿Trabajar solo o con otros artistas?

Bueno, aquello fue bastante diferente debido a que lo basamos todo en la improvisación. Y eso fue años antes, en 2008, tendrías que imaginarte a los tres encerrados en una sala ideando e improvisando cosas durante tres semanas. Fue una pasada. Y luego, Peter Jackson y su equipo cogieron lo que hicimos y convirtieron a la postre en lo que fue la banda sonora. En ese sentido no tuvimos control final sobre lo que se hacía, pero da lo mismo, como te decía, se trató de una gran experiencia.

Al principio te hablaba sobre Jóhann Jóhannsson, como era uno de mis 5 músicos favoritos, sobre todo como compositor musical. ¿Seguías su trabajo o llegaste a conocerle en persona?

Nunca tuve la oportunidad de conocerle, pero sí que tocamos en un mismo concierto, fue en Bruselas. Siempre he pensado que su banda sonora para la peli La Llegada (Arrival) (Denis Villeneuve, 2016) es una de las mejores que he escuchado jamás, como la de La Teoría del Todo (James Marsh, 2014)… Y ¿la de Foxcatcher (Bennett Miller, 2014)? ¿Esa es suya también?

Creo que… Parte de ella, sí. Pero principalmente es obra de Rob Simonsen
¡Tremenda película eh!

(Risas) ¡Sí! La vi hace poco y es muy intensa. Una banda sonora brillante. Es muy triste lo que le ha pasado a Jóhann. No tenía ninguna conexión personal con él pero sí que admiro una barbaridad su trabajo.

En esta nueva visita por España pasarás por las dos principales ciudades: Barcelona y Madrid. Actuarás de hecho pinchando en el Nitsa y Mondo respectivamente, ¿Qué tal te sientes en cabina expresándote como DJ, en vez de haciendo Live?

Realmente me encanta. ¡Es tan, tan diferente! ¡Y tan divertido! Es como más festivo, en cierto modo lo veo como algo menos formal, aunque tenga momentos serios, es menos prudente que un directo. La música que yo compongo está quizá más llena de emoción y tiene el “corazón” más abierto, mucho más que algunas de las canciones que pincho durante un DJ set. También me gusta el hecho de que puedes meter algunas cosillas nuevas, y sin temor probar con otras. He estado haciendo eso durante todo este último año, el mismo en que debía estar encerrado componiendo… Se supone que no debía hacerlo, pero a lo hecho, pecho, porque lo hice (risas). Es que también es necesario ¿no? No puedes estar metido en el estudio todo el rato, mirando una puta pantalla, rígido y componiendo. Es, a veces, demasiado intenso. Tienes que salir y acordarte de que hay gente que va a escuchar eso que compones y pensar en qué quieren oír y cómo va a conectar con todo lo que quiero desarrollar. Desearía haber aprendido antes a hacerlo, porque todo esto es bastante reciente para mí. Además, ya te lo digo, siempre me lo he pasado genial tocando en Barcelona…

¡Y siempre serás bienvenido en Barcelona!

¡Gracias!

Y ya por último, Jon, ¿puedes clasificar lo siguiente de acuerdo a tus preferencias? Grandes salas, la locura de los festivales o espacios pequeños, íntimos y oscuros… ¿por qué?

Me gusta enfrentarme a todos ellos. Creo que los espacios pequeños te dan una experiencia plena y completamente única, aunque también depende de qué tipo de show esté haciendo. Si estoy pinchando, un club reducido y sudoroso es fantástico. Aunque también la experiencia en Sónar fue algo increíble. Realmente no creo que dependa tanto del tamaño del espacio, sino del entusiasmo de la gente que está en ese espacio en concreto, lo emocionados que estén y cuánta respuesta obtenga de ellos. Solo mejoraré mi forma de tocar si tengo ese feedback de la gente. No hay nada peor que estar absorto tocando y mirar arriba y ver a la gente tiene la vista puesta en su teléfono. Dices, ¡Joder, yo aquí haciendo esto y ellos absortos mirando sus móviles! Pero uno tiene que superar esa sensación e intentar ganártelos de nuevo y hacer que dejen de mirarlos.

El otro día entrevistaba al francés Alain Braxe, uno de los abanderados del French Touch, que ha trabajado con Daft Punk y tal… Y me decía que odiaba cuando en los clubes la gente solo estaba pendiente de los malditos móviles, y que su deseo no era otro que cerrasen los ojos y disfrutaran de la música. Y estoy de acuerdo con él…

Sí, me suena ese nombre… Y yo también me uno a vuestro pensamiento. Desafortunadamente vas y vamos a oír esto mismo de mucha más gente, eso creo. Opino que hemos llegado a un punto en el que vamos a tener que empezar a darnos cuenta de que la experiencia en su plenitud está decayendo debido a los móviles. Mientras intentas capturar con tu pantalla lo que está ocurriendo aquí o allá, dejas de escuchar, de saborear la experiencia y dejas de estar ahí, en esa realidad. Te concentras y preocupas antes en cómo lo van a ver otras personas cuando muestres las fotos, o vídeos en las redes… ¡en lugar de estar ahí y disfrutarlo íntegramente!

¡Muchas gracias, Jon!
¡A ti!

* Extraído de Dj Mag Es 088