Autor: Enrique Soto aka Henry Ots, experto en branding experiencial

Deejays que se retiran, deejays que nos dejan, promotores que no saben qué programar, cadenas de radio en horas bajas… Menos mal que de esta salimos entre todos. Porque claro, nos apoyamos en todos los niveles…

Como bien sabréis, la escena mainstream está perdida. Y no hablo de perdida en el sentido de extinta, sino en el sentido de que no sabe hacia dónde ir.

Voy a intentar resumir en un artículo todo lo que creo que ha tenido que ver en que la marca España en el mundo del DJ brille por su ausencia. Vale, no. La marca España DJ Mainstream, porque gracias a la escena underground, otros DJs que no eran conocidos a nivel internacional, lo están siendo.

Pero bueno, volvamos a lo comercial, al salseo. He vivido y sigo viviendo la industria desde todos los puntos posibles, como promotor, como programador, como DJ, como manager, como productor… tanto para mi, como para otros y, al final, parece que todo lo que dije ha ocurrido. Y soy muchas cosas, pero no vidente. ¿Os acordáis del EDM? No hablo del estilo de música. Hablo de las siglas E D M, esas que en España decidimos demonizar desde nuestro prisma de súper purista de culto underground.

En la electrónica comercial vamos casi una generación por detrás de los demás países europeos. He estado en festivales en Europa bailando con gente de la edad de mi padre y en los que la música electrónica es entendida como música, sin etiquetas. Ya está. Así de fácil.

El EDM fue demonizado como unas siglas cargadas por el mismísimo Lucifer, que nos mandaba pitidos infernales desde el inframundo. Sí, estábamos llamando al BigRoom, EDM. Esto quizá no sea fácil de entender, pero EDM significa Electronic Dance Music. Para los hispanoparlantes: Música Electrónica de Baile. Son las siglas de un conjunto de géneros de música electrónica que se puede bailar, tales como techno, house, trance, electro house, drum & bass, hardstyle, dubstep…

Aquí en España decidimos en su día que el EDM era para niños y que no tenía valor, lo despreciamos. Pero, como somos un país de modas y de etiquetas, decidimos que íbamos a explotarlo: Cincuenta mil promotores, trescientos mil DJs, tres mil festivales… Esto olía a burbuja desde el principio. Y explotó, como la del ladrillo. Todo el mundo queriendo sacar tajada por todos los lados, inflando un sector, el nocturno, que nunca había ido mal en este país.

Pero, ¿sabéis qué? Que esa gente que se había subido al carro de la inflación de la electrónica, no tenía ni idea de lo que era hacer un evento con el corazón. Esa gente se creía que la experiencia máxima que debía vivir un asistente a un evento era la de emborracharse en una barra, para botar con un DJ famoso y, como de cultura había lo mismo que cero, ¿por qué no traer a un DJ extranjero? Espera, espera, espera… ¿Un DJ extranjero? ¿Por qué no uno español? Porque lo de aquí no tira. Y ¿por qué lo de aquí no tira? Aquí viene el verdadero problema…

Nos olvidamos de que los DJs, aunque trabajemos casi siempre en solitario, somos todos compañeros. No parece complicado, pero hicimos lo fácil, difícil. No nos dimos cuenta de que si entre todos nos apoyáramos, si invirtiéramos 5 minutos en escuchar una demo de un chico que está empezando, si contestásemos un email de un compañero que tiene menos bolos que nosotros; eso nos hubiera vuelto multiplicado por diez.

Marca es todo lo que queda cuando no estamos. Y hemos sembrado un campo de fast food que ahora queremos recoger, convertido en fruta fresca y que nos alimente y nutra a largo plazo. Y las cosas no se hacen así. No importa cuán grande seas, no importa cuanto cobres por actuación, no importa tu estilo, no importan tus followers… Solo importa hacerlo de corazón. Y de eso en Europa saben un rato.

Todavía podemos unirnos, apartar los egos y continuar agarrados. Hay demasiado talento que no podemos desperdiciar. Undergound o comercial.