¿Es necesaria una Sociedad como la SGAE? ¿Cómo funciona su reparto?

Hablamos con Iñigo Mediavilla, CEO y Manager de BMD Música para que nos explique el funcionamiento y metodología de una Sociedad de Autores en el punto de mira.

Tras años polémicos, tramas, casos de corrupción o fraudes como el de la “rueda de televisiones” a sus espaldas, la SGAE continúa a pie de cañón, más en el punto de mira que nunca. Las siguientes líneas no pretenden defenderla a capa y espada, ni hacer que el lector tuerza a partir de ahora un pie a su favor, ni por sus representantes o su metodología de trabajo… Pero sí para que – al menos – haya alguno que se quede con la copla y no hable sin conocimiento de causa, como veo lleva ocurriendo desde años inmemorables con esta Sociedad, que aún y todo, recordemos, vela por el artista y su obra con (¿tan solo?) un 10 % de lo recaudado.

Pero vayamos por partes… La SGAE es una sociedad de gestión colectiva que se asegura de recaudar todo lo que generen los derechos de autor (y así viene siendo desde 1899).  Como idea y negocio, seamos claros, está muy bien, pero a la vista queda que no defiende los derechos de todos por igual, además de una mala administración, sólo hay que ver los telediarios: Teddy Bautista, Neri, “la rueda de las televisiones”… Decenas de casos de corrupción y manipulaciones para beneficiarse unos pocos, a costa de otros muchos.  Al final es como todo, cuanto más haya que gestionar (véase, el pastel más grande), más difícil es tener contento a todo el mundo, y más fácil es caer en la trampa…

Y aquí es cuando muchos saltáis de la silla y decís: “pero qué cojones, nos están robando – o les, pero eso ahora no incumbe –; ¿para qué sirve entonces, además de para llevárselo calentito o entrar en peluquerías y banquetes nupciales a pedir lo que ‘supuestamente es suyo’? ¿Por qué no se fundan más sociedades de gestión y así se desplaza a la SGAE de su temible posición de poder?”.

La respuesta es clara y sencilla: porque si no hubiera una gestión o sociedad que hiciera lo que hace, ¿quién velaría por los derechos de autor y obra? O aún peor: imagina 10 sociedades de gestión hablando con la dichosa peluquería de turno, que paga 10 miserables euros (aproximadamente un corte de pelo de hombre, media hora de trabajo), por poner música para que sus clientes estén a gustito mientras les cortan el pelo.
Conviene recordar, en este caso, que sí, está demostrado que igual que los supermercados venden más y mejor dependiendo de su hilo musical, en las peluquerías ocurre lo mismo – o casi –. Uno corta más pelo si tira de radio o cadena musical, eso es un hecho demostrable…
O peor aún: Imagina a cada una de esas empresas firmando acuerdos con cada una de las 10 sociedades de cada país… sería una auténtica locura, además de la jugada perfecta para tapar más casos y tramas pseudoilegales…

Hasta ahí todo correcto y muchas gracias SGAE. Actualmente – y debido, probablemente, al punto de mira en el que se encuentra –, la SGAE se ha puesto las pilas hasta disponer de las herramientas necesarias para más tarde hacer el reparto a ojo, utilizando los códigos ISRC para identificar digitalmente cada tocata de esa música para más tarde repartir “en consecuencia”.
Es decir, la Sociedad se ha puesto las pilas en el uso de la tecnología para mejorar su “rendimiento laboral”. Esta también pide las escaletas a las radios y televisiones para tener un registro concreto de lo que suena en ambas plataformas en cada momento. Pero la SGAE es además necesaria para una gestión eficiente de los derechos colectivos. Estos ayudan al autor amateur a promocionarse con conciertos que luego están remunerados a través de los derechos de autor. Vamos, que viene siendo necesaria para mantener ciertos circuitos y la ayuda al autor, ya que la vida de un autor no es precisamente un camino de rosas… pero eso es arena de otro costal.

Pero, ¿cómo iba yo a defender a una sociedad que se ha ganado a pulso ser la Sociedad de Autores más corrupta de Europa? La SGAE, no nos llevemos a engaños, es un lobby de unos pocos, con el que se enriquecen esos mismos pocos. No es del todo verdad que defienda los intereses del autor y del editor; la institución lo que en verdad defiende son los intereses de la propia sociedad de gestión. Ciertamente tiene sentido que sea así, pero su nefasta gestión se ha hecho evidente en la defensa de sus intereses y la de unos POCOS autores -seguir ganando la misma pasta sin complicaciones-.

El funcionamiento de recaudación de la SGAE es de lo más simplista: recauda sea el autor socio o no, y si el socio no reclama esos derechos, estos pasan directamente a la Fundación Autor, donde sí se destinan a una labor profesional: subvenciones, ciclos, ayudas… Pintado así en unas líneas, todo queda muy bonito, pero lo cierto es que, en estos casos, se ha recaudado un dinero en nombre de alguien que no le ha dado permiso. ¿Es esto lo normal, o se trata de otra herramienta más de la “justa” SGAE? Y es aquí donde el autor en cuestión vuelve a cobrar importancia ante el dualismo propio de creador contra beneficio colectivo. Uno puede pagar de una tirada los 15€ de cuota de socio de la SGAE (como autor, intérprete, editor musical, etc) y preocuparse de reclamar lo que sepa que ha generado, o no pagarlos y que se los quede la Fundación Autor y ayude a los que sí lo pagaron. ¿Es esta la justicia musical que merecen los artistas españoles? Visto lo que ocurre en sectores culturales, económicos o políticos del país, parece que sí. En definitiva: Sí a una SGAE pero renovada y actualizada.

* Extraído de Dj Mag Es 086