¡Un día en el campo!.

Texto: Gerardo Cartón

Fotos: Patricia Felizeter

Todavía con la resaca del Primavera Sound en la mochila y casi sin deshacer la maleta, emprendo el viaje hacia el que va a ser mi décimo festival del año, Field Day en Londres. Esta mezcla depic-nic al aire libre y muestrario de artistas contemporáneos, luce en esta novena edición un cartel de lujo.

El primer día, centrado en la electrónica, anuncia artistas de la talla de Clark, Chet Faker, Caribou o FKA Twigs, así que se presenta como el aperitivo perfecto para un Sónar que esta a la vuelta de la esquina. El segundo, combina clásicos como Patti Smith o Ride, con grupos de rock de nueva hornada como VietCong, Savages o Toy, pero también sorprende incluyendo algunos nombres incasillables como Marc de Marco o Matthew E. White, lo que posiciona al festival como una suerte de “Glastonbury para jóvenes”.

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El ambiente del Sábado es indescriptible. Estamos en Victoria Park, el sitio de recreo de los jovenes del East End, y la organización del festival anunció el primer sold-out de su corto pero intenso historial hace ya dos semanas. 50.000 personas se dan cita en una extension de césped del tamaño del Parque del Retiro de Madrid. La media de edad es de ventipocos años, y la chavalada comienza el día fuertemente con un “back to back” de Andrew Weatherall vs Daniel Avery disparando techno mañanero desde las 12.00 hasta las 15.00 hrs. Todo el mundo llega sereno y recién levantado, con lo cual prestan atención al set como si estuvieran sentados en un auditorio, actitud modélica y ejemplar para tratarse de “teenagers on fire”.

Justo después y en la misma carpa (Bugged Out), una de las estrellas del sello Warp, Clark, realiza un “Live” experimental con visuales en el que suenan ritmos rotos y ruidismo alternándose sin piedad. La gente, paradójicamente, se empieza a animar, y cuando este acaba, se levanta una ventisca que hace que el personal se empiece a dispersar por los seis escenarios del recinto y la algarabía general se adueñe del ambiente. Es el momento en que me empiezo a encontrar con ex-colegas de la industria británica y amigos españoles exiliados en la capital inglesa. La música, una vez mas, es un pañuelo.

En el escenario principal, Kindness intentan animar a la gente con su pop ochentero influenciado por la black-music más suave y delicada de dicha década, pero no logran conectar del todo. En cambio, la propuesta de Tune-Yards, cinco chicas cada una de su padre y de su madre que juegan a ser las Tom Tom Club del siglo XXI, encandila a propios y extraños. Su mezcla de ritmos africanos con post-punk neoyorkino hace a todo el mundo bailar como locos a las 19.00 hrs, preparándoles para la traca final en forma de Dj sets a cargo de Ten Walls y John Talabot. A este último ya le he visto triunfar en Alemania un par de veces (Melt Festival y Prince Charles) y en Coachella hace dos meses escasos, pero al final Inglaterra es la cuna del House blanco y Uri es digno heredero y gran renovador del género, por lo que hay que ver si en Londres el publico también se rinde a sus pies.

No lo tiene nada fácil, porque Ten Walls acaba de hacer una pedazo de sesión de techno musculoso casi perfecto a 105 bpms que ha puesto la carpa patas arriba, pero el ex componente de Sidechains llega tranquilo a la mesa y empieza a soltar un loop de deep-house que va creciendo poco a poco y que deja al personal en estado de trance. Cuando no te das cuenta, este se ha convertido en una secuencia deacid-techno enfermiza y devastadora que hace que todo el mundo supure endorfinas como para una boda. Es entonces cuando el amigo Talabot hace de las suyas y empieza a “juguetear” con la mesa como solo él y unos pocos saben hacer hoy en día. Una vez más, el español gana por goleada al resto de sus compañeros de cartel y sigue alimentando la leyenda de ese chico tímido y retraído de Barcelona que poc a poc se está convirtiendo en el productor de electrónica más famoso y exitoso de la historia de nuestro país, con permiso de Ximo Bayo.

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La noche se cierne sobre nuestras cabezas y las 23.30 hrs, con una sensación de que son las 04.00 de la mañana, emprendemos la vuelta a casa con una sonrisa de felicidad dibujada en el rostro. Ojalá estos ingleses praticaran este civismo en Ibiza y en Benicassim. ¿O acaso estamos hablando de dos públicos distintos?

Amanezco el Domingo fresco como una lechuga después de un after-hours de cuyo nombre no puedo acordarme en el que John Talabot ha vuelto a petarlo. Este es el dia en el que el rock aparece como protagonista principal y solo por volver a ver a Patti Smith y a Ride despues de sus excelentes actuaciones en el Primavera, mi cuerpo se empieza a estremecer. It´s a sunny afternoon y esta vez el Field Day se presenta de un modo mas amable, puesto que la asistencia de público es menos de la mitad que el día anterior. Se nota que en Londres la gente joven es la que manda y hoy en día su lenguaje son los bits, pero manténganse en sintonía porque el día de marras va a acabar siendo todavía más excitante y si me apuran “novedoso” que la jornada del Sábado.

VietCong son los encargados de abrir fuego. Rock intensísimo de guitarras crudas que se mueve entre los 90 y los 80 con una originalidad pasmosa. Atentos a estos tíos porque pueden ser el próximo fenómeno mundial salido de Canadá. A continuación, y en el mismo escenario (Shackwell Arms), le sigue Matthew E. White en formato dúo actualizando el country y el blues de un modo que solo artistas como Wilco o Jack White han sabido hacer. Emotivo y emocionante a partes iguales.

Y por fin llega el momento esperado…Patti Smith por tercera vez en una semana después de sus dos excelentes shows en el Primavera Sound. Aquí no voy a decir nada que no se haya escrito ya, pero sólo añadir que cerró el concierto con una apabullante versión del “My Generation” de The Who y recordando a Brian Jones y a Joe Strummer. Llorera máxima y a por Toy, que descargaron doce toneladas de decibelios en un escenario interior de madera a modo de granero patrocinado por Jaggermeister y que hicieron de teloneros perfectos de Ride.

Ver a Ride en la campiña inglesa es como ver al Lebrijano en un cortijo de Sevilla.The sound of the land. Un cruce perfecto entre la psicodelia de los 60 y el shoegaze de los 90, dos estilos puramente británicos que marcaron profundamente a dos generaciones. Mas de diez mil almas se cantaron todas las canciones a pleno pulmón y pusieron broche final al día mas intenso de los dos, el del ROCK con mayúsculas.

See ya again in Glasto, dear FRIENDS.